Cuando te arrebatan a un hijo: cómo vivir después de una pérdida violenta 16.0
Karen Bejar & Brenda Gómez
March 26, 2026
Entrevista de la Tanatóloga Karen Bejar a Brenda Gómez
Perder a un hijo es una de las experiencias más dolorosas que puede atravesar un ser humano. Pero cuando esa pérdida ocurre de forma violenta, inesperada y sin respuestas, el duelo adquiere otra dimensión: una mezcla de dolor, rabia, confusión e impotencia que parece imposible de sostener.
Esta es la historia de Brenda, una madre que perdió a su hijo de 16 años a causa de un homicidio. Una historia que no busca lástima, sino mostrar una verdad incómoda: el duelo no se supera, se aprende a vivir con él.
Si estás atravesando una pérdida o conoces a alguien que lo está, este testimonio puede ayudarte a entender que, incluso en medio del dolor más profundo, es posible seguir adelante.
El momento que rompe la vida en dos
Hay instantes que dividen la vida en un antes y un después.
Para Brenda, ese momento llegó con una llamada.
Le informaron que su hijo había recibido un disparo. En cuestión de segundos, su mente se llenó de preguntas: ¿qué pasó?, ¿por qué?, ¿está vivo? La esperanza y el miedo se mezclaron en un mismo instante.
Pero la realidad llegó de golpe.
Su hijo había muerto.
El impacto fue tan grande que su primera reacción fue negarlo. No quería creerlo. Necesitaba escucharlo de alguien más, confirmar que no era cierto.
La negación es una de las primeras etapas del duelo, especialmente en pérdidas traumáticas. Es un mecanismo de defensa que intenta protegernos de una realidad demasiado dolorosa para asimilar de inmediato.
El caos emocional tras una pérdida violenta
Cuando una muerte ocurre de forma repentina y violenta, el duelo no sigue un camino lineal.
Brenda experimentó una mezcla intensa de emociones:
Negación
Ira
Confusión
Miedo
Esperanza irracional
Todo al mismo tiempo.
En cuestión de horas, tuvo que enfrentar no solo la pérdida de su hijo, sino también trámites, decisiones y una realidad que no daba espacio para procesar lo ocurrido.
El mundo sigue, aunque el tuyo se haya detenido.
Las palabras que duelen (y las que sanan)
Uno de los aspectos más difíciles del duelo son las reacciones del entorno.
Brenda recuerda frases que, lejos de ayudar, generaban enojo y frustración:
“Échale ganas”
“No estás sola, tienes otros hijos”
Preguntas morbosas sobre lo ocurrido
Estas frases, aunque muchas veces bien intencionadas, pueden invalidar el dolor del doliente.
Porque no se trata de falta de ganas.
Se trata de un dolor tan profundo que, en ocasiones, ni siquiera permite levantarse de la cama.
Durante semanas, Brenda apenas comía. Había días en los que no tenía fuerza ni para realizar lo más básico.
En contraste, lo que realmente le ayudó fue mucho más simple:
Un abrazo sincero
La presencia silenciosa
Alguien dispuesto a escuchar sin juzgar
Acompañar no es decir lo correcto, es estar.
El duelo también es físico
El dolor emocional no solo se siente en el corazón.
El cuerpo también lo vive.
En el caso de Brenda, el duelo se manifestó con:
Falta de apetito
Cansancio extremo
Desconexión total
Dificultad para levantarse
Esto es importante entenderlo: el duelo no es solo tristeza, es un proceso integral que afecta lo físico, lo emocional y lo mental.
La decisión que lo cambia todo: buscar ayuda
En medio del dolor, Brenda tomó una decisión clave: no quería quedarse atrapada en el sufrimiento.
Había visto de cerca cómo otras personas vivían su duelo desde el estancamiento, desde la tristeza permanente.
Y decidió buscar otro camino.
Comenzó con lo que tenía a su alcance: grupos de tanatología.
Ahí encontró algo fundamental: comunidad.
Descubrió que no era la única, que había más madres y padres viviendo dolores similares. Ese reconocimiento le permitió sentirse acompañada y comprendida.
Resignificar el dolor: del vacío al amor
Uno de los aprendizajes más profundos que Brenda encontró en su proceso fue este:
El dolor es amor que ya no tiene a dónde ir.
Cuando un hijo muere, ese amor no desaparece, pero necesita transformarse.
A través de la tanatología y el acompañamiento, aprendió a resignificar ese amor:
Recordando a su hijo
Honrando su vida
Permitiéndose sentir
El objetivo no es olvidar.
Es aprender a amar de otra forma.
Expresar el duelo: una necesidad, no una opción
Una de las recomendaciones más importantes que surgen de esta historia es permitir el duelo.
Llorar.
Hablar.
Recordar.
Expresar.
Reprimir el dolor no lo elimina, solo lo guarda. Y tarde o temprano, vuelve.
Cada persona vive el duelo de manera distinta, y todas las formas son válidas.
No hay tiempos correctos ni formas perfectas.
Cómo acompañar a alguien en duelo
A partir de su experiencia, Brenda deja aprendizajes claros sobre cómo apoyar a una persona que ha perdido a un ser querido:
Lo que sí ayuda:
Escuchar sin interrumpir
Estar presente
Ofrecer ayuda concreta (comida, apoyo básico)
Permitir que la persona llore
Lo que no ayuda:
Minimizar el dolor
Dar consejos no solicitados
Hacer preguntas morbosas
Forzar a “estar bien”
Acompañar es sostener, no corregir.
Vivir con el duelo, no superarlo
Una de las ideas más poderosas de esta historia es que el duelo no se supera.
Se transforma.
Se aprende a vivir con él.
Con el tiempo, el dolor cambia, pero no desaparece. Se vuelve parte de la historia personal, de la identidad, del amor que sigue existiendo.
Encontrar razones para seguir
A pesar de todo, Brenda encontró motivos para seguir adelante.
Sus hijas.
Su nieto.
Y la promesa que le hizo a su hijo: volver a ser feliz.
Esa promesa se convirtió en su motor.
No porque el dolor desaparezca, sino porque el amor sigue.
Reflexión final: cuando el dolor se convierte en propósitoPerder a un hijo de forma violenta no tiene explicación suficiente.
No hay respuestas que llenen ese vacío.
Pero sí existe la posibilidad de elegir qué hacer con ese dolor.
Brenda eligió no quedarse atrapada en él.
Eligió transformarlo.
Si estás viviendo un duelo, recuerda:
No tienes que hacerlo solo
Pedir ayuda es válido
Sentir es necesario
Sanar es un proceso
El dolor no define tu final, puede ser el inicio de una nueva forma de vivir.
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