Cuando el alma se rompe: cómo acompañar el duelo por la muerte de un hijo
Karen Bejar & David Ávalos
December 15, 2025
Entrevista de la Tanatóloga Karen Bejar a David Ávalos
Perder un hijo es una experiencia que no tiene nombre. No existe palabra en ningún idioma que pueda describir el desgarro que provoca este tipo de dolor. Y sin embargo, miles de familias viven este proceso en silencio, incomprendidas, juzgadas o presionadas para “ser fuertes”. Este artículo nace de una historia real, profunda y cruda, que muestra lo que significa sostener el corazón cuando se parte en pedazos.
Hoy te comparto una guía humana para comprender y acompañar el duelo por la muerte de un hijo, desde la empatía, la realidad y la verdad emocional.
El impacto emocional del duelo por la muerte de un hijo
La pérdida de un bebé o un niño desestructura todo el sistema familiar. No solo se muere una vida; también mueren los planes, los sueños, las expectativas y el futuro que se había imaginado.
En la historia que inspira este artículo, David enfrenta la lucha más dolorosa de su vida: ver a su hija durante meses conectada, luchando entre la vida y la muerte, mientras él mismo se derrumba en silencio.
Lo más duro no fue la despedida final, sino lo que vino después:
el vacío, el juicio social, la incomprensión, las frases hirientes, la soledad y el intento por seguir respirando cuando el mundo dejó de tener sentido.
Cuando el dolor se mezcla con la culpa y la sociedad exige “ser fuerte”
Uno de los elementos más dolorosos del duelo es la culpa.
Los padres creen que pudieron haber hecho más, que fallaron, que no protegieron lo suficiente. Y si el padre es hombre, la presión cultural es aún más grande: “el que no llora”, “el que debe ser fuerte”, “el que no se puede quebrar”.
Pero la verdad es que sí, se quiebran.
Y tienen derecho a hacerlo.
El duelo masculino existe, y también necesita espacio, acompañamiento y sensibilidad.
El sufrimiento silencioso de un bebé en terapia intensiva
Meses de máquinas, diagnósticos confusos, falsas esperanzas, gastos, agotamiento físico y emocional… y un padre que observa a su hija sin poder aliviar su dolor.
Los bebés no lloran igual cuando tienen daño neurológico, pero sus lágrimas caen. Es dolor, aunque sea silencioso. Y para un padre, esa imagen puede marcar la vida entera.
El último adiós: dejar ir también es amor
Uno de los momentos más devastadores para cualquier familia es aceptar que ya no hay nada más por hacer.
Despedirse no significa rendirse: significa amar lo suficiente como para permitir descanso donde ya no hay esperanza médica.
Elegir un ataúd, hablar con la funeraria, preparar un velorio, tomar decisiones cuando el alma está rota… es un proceso antinatural. Nadie está preparado para escoger un cajón para un hijo. Nadie.
El duelo en los hijos: cómo hablar de la muerte con los más pequeños
Los hermanos también viven el duelo. Aunque sean pequeños, entienden la ausencia, perciben los cambios, sienten cuando la familia se rompe.
Hablar con ellos con honestidad, sin inventar historias, es un acto de respeto y amor.
Un niño de siete años puede sentir dolor, miedo, confusión; pero también puede tener una capacidad de amor impresionante.
A veces, sus reacciones son más maduras que las de los adultos.
El cruce entre duelo y salud mental: cuando el dolor se vuelve peligroso
Ocho meses después de la pérdida, David vivió lo que muchos padres silencian:
depresión profunda, ideaciones suicidas, pérdida de memoria, falta de energía y un colapso emocional que lo llevó a buscar ayuda psiquiátrica.
El duelo puede transformarse en riesgo si no se atiende.
La tristeza prolongada, la desconexión emocional, la sensación de no encontrar propósito o el deseo de desaparecer son señales que requieren apoyo inmediato.
Buscar ayuda no es debilidad: es supervivencia.
La reconstrucción: transformar el dolor en misión
Tras tocar fondo, David inicia un proceso que muchas personas viven después de la pérdida de un hijo:
aceptar, soltar expectativas, dejar espacio a nuevas formas de vida… y convertir el amor en acción.
Escribir, hablar, acompañar a otros, crear comunidad.
Cuando un dolor se comparte, deja de ser tan pesado.
Y cuando se transforma en servicio, ilumina a quienes vienen detrás.
El duelo no se supera; se integra.
Y aunque la vida nunca vuelve a ser igual, puede volver a tener sentido.
Recomendaciones para acompañar a alguien que perdió un hijo
No digas frases hechas (“Dios le da sus peores batallas…”, “ya tendrás otro hijo”).
No des consejos no solicitados.
Ofrece presencia real: “No sé qué decir, pero aquí estoy”.
Ayuda con lo práctico: comida, trámites, cuidado de otros hijos.
Respeta el ritmo del dolor.
Evita minimizar la pérdida.
Ofrece espacios seguros para llorar, hablar o simplemente estar en silencio.
Preguntas frecuentes
¿Cuánto dura el duelo por la muerte de un hijo?
No tiene un tiempo definido. Es un proceso de vida.
¿Es normal sentir culpa?
Sí, pero debe trabajarse para que no destruya emocionalmente.
¿Cómo ayudar a los hermanos?
Con honestidad, acompañamiento emocional y rutinas estables.
¿Es recomendable buscar apoyo profesional?
Siempre. El duelo de este tipo puede llevar a riesgos graves si se vive en silencio.
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