El día de su cumpleaños, su hijo murió: una historia de amor, duelo y donación de órganos 27.0
Karen Bejar & Vianey Jiménez
August 28, 2026
Entrevista de la Tanatóloga Karen Bejar a Vianey Jiménez
Hay pérdidas que cambian para siempre la manera en que entendemos la vida. Perder a un hijo es una de ellas. No existe preparación suficiente para recibir una noticia así, y mucho menos cuando sucede en una fecha que debería estar marcada por la celebración.
En este episodio, Vianney comparte la historia de su hijo, un niño que estaba por cumplir nueve años y cuya vida terminó después de sufrir un derrame cerebral. En medio del dolor, del desconcierto y de una despedida que ningún padre debería vivir, ella y su esposo tomaron una decisión que transformaría para siempre el significado de su pérdida: donar los órganos de su hijo para ayudar a otros niños a seguir viviendo.
Esta historia no habla únicamente de la muerte. Habla del amor que permanece, de la culpa, de la familia, de aprender a vivir el presente y de cómo una decisión tomada desde el amor puede convertirse en esperanza para otras personas.
Cuando la pérdida de un hijo llega de manera inesperada
Vianney cuenta que ningún padre imagina que tendrá que despedirse de un hijo antes de tiempo. Su hijo estaba por cumplir nueve años cuando sufrió un derrame cerebral y tuvo que ser ingresado de emergencia a un hospital.
Durante una semana, la familia permaneció con la esperanza de que pudiera recuperarse. Sin embargo, después de diferentes estudios, los médicos les comunicaron que su cerebro ya no presentaba funcionalidad.
Aunque la familia ya estaba consciente de que la situación era extremadamente delicada, recibir la noticia definitiva no hizo que el dolor fuera menor.
Vianney tuvo la oportunidad de despedirse de él. Le habló, le expresó cuánto lo quería y le dijo que estaría bien, aunque en realidad ella misma estaba intentando encontrar la manera de sostenerse ante una de las experiencias más dolorosas que puede enfrentar una madre.
En esos momentos, encontró algo que le dio tranquilidad: recordar la voz de su hijo diciéndole que todo iba a estar bien.
La decisión de donar los órganos de un hijo
En medio de una situación que podía paralizarla por completo, Vianney y su esposo tuvieron que tomar una decisión.
La posibilidad de donar los órganos de su hijo ya había sido conversada desde que ingresó al hospital. No porque hubieran perdido la esperanza, sino porque entendían que podía llegar ese momento y querían estar preparados.
Cuando finalmente tuvieron que enfrentarlo, decidieron donar.
Un acto de amor que continúa después de la muerte
Para Vianney, la donación de órganos significó darle a otros niños una oportunidad que su hijo ya no tendría.
Su pensamiento fue sencillo, pero profundamente significativo: si los órganos de su hijo podían ayudar a otros niños a continuar disfrutando de la vida, entonces una parte de él podría seguir viviendo en ellos.
La decisión no eliminó el dolor. Tampoco hizo que la pérdida fuera menos real.
Pero permitió encontrar un significado diferente dentro de una experiencia devastadora.
Ella incluso escribió cartas para las familias que recibirían los órganos, contándoles quién era su hijo y cómo era su personalidad.
En una de ellas expresó un deseo que resume la profundidad de este acto: que la alegría de esas familias fuera tan grande como el dolor que ella estaba viviendo.
La importancia de hablar sobre la donación de órganos
Una de las reflexiones que Vianney comparte después de esta experiencia es la necesidad de desarrollar una mayor cultura de donación de órganos.
También reconoce que alrededor de la donación existen dudas y desinformación. En su caso, su familia tenía temor sobre lo que ocurriría con el cuerpo de su hijo. Sin embargo, en el hospital recibieron información sobre el procedimiento y sobre los cuidados destinados a preservar los órganos que serían donados.
Más allá de las circunstancias particulares de cada caso, hablar de estos temas en vida permite que las familias conozcan las opciones disponibles y puedan expresar sus deseos con anticipación.
La donación de órganos es una decisión profundamente personal que debe abordarse con información, acompañamiento y respeto.
“Él se convirtió en un héroe”
Vianney recuerda que su hijo siempre fue un niño con vocación de servicio.
Por eso, para ella, la donación representó una especie de cierre a aquello que él había venido haciendo durante su vida: ayudar a otros.
Pensar que otros niños podrían tener una oportunidad gracias a él le permitió encontrar cierta tranquilidad dentro del dolor.
No se trata de sustituir una vida por otra ni de minimizar la pérdida.
Se trata de reconocer que, incluso después de una muerte, el amor puede generar algo que permanece.
El aprendizaje más doloroso: no esperar para vivir
Quizá uno de los mensajes más poderosos de esta historia tiene que ver con algo que muchas personas hacemos todos los días: esperar.
Esperar el momento adecuado.
Esperar tener más dinero.
Esperar las vacaciones.
Esperar menos trabajo.
Esperar que los hijos crezcan.
Esperar que llegue una ocasión especial.
Vianney reconoce que antes de la pérdida solía pensar que tendría tiempo para disfrutar más momentos con su hijo.
Pero el tiempo no alcanzó.
El mejor momento es hoy
Después de la muerte de su hijo, su perspectiva cambió.
Ahora entiende que el presente es lo único que realmente tenemos.
El pasado ya ocurrió y el futuro es incierto. Por eso, si existe algo que queremos hacer con las personas que amamos, quizá no deberíamos esperar a que aparezca “el mejor momento”.
El mejor momento puede ser hoy.
Una llamada.
Un abrazo.
Una conversación.
Una salida.
Un viaje.
Un “te quiero”.
Una fotografía.
Un momento juntos.
A veces creemos que tendremos toda la vida para hacer aquello que queremos hacer con nuestros seres queridos, hasta que descubrimos que la vida nunca nos prometió ese tiempo.
La familia como sostén durante el duelo
Después de una pérdida tan profunda, la familia puede convertirse en uno de los principales apoyos para continuar.
Vianney reconoce que su familia fue fundamental para ella. Sin embargo, también habla de algo que puede ocurrir durante el duelo: concentrarse tanto en nuestro propio dolor que dejamos de ver que otras personas también están sufriendo.
Su hijo menor tenía apenas tres años cuando perdió a su hermano.
Mientras Vianney estaba sumergida en su propio dolor, comenzó a darse cuenta de que su pequeño también necesitaba acompañamiento.
Los niños también viven el duelo
Uno de los momentos más significativos de la historia ocurre cuando Vianney cuenta que su hijo pequeño le decía que su hermano no se había ido completamente, que todavía estaba con ellos.
Sus abrazos y su manera de acompañarla ayudaron a Vianney a recuperar poco a poco una parte de sí misma.
También entendió que no era necesario dejar de hablar del hijo que había fallecido.
Hablar de quien murió también es una forma de recordar
Intentar ocultar la existencia de un hermano fallecido puede hacer que un niño sienta que su propio dolor también debe esconderse.
Por eso, Vianney decidió mantener presente la memoria de su hijo dentro de los rituales familiares, hablar de él y recordar los momentos que compartieron.
Aunque ya no estuviera físicamente, seguía formando parte de la familia.
Hablar de una persona fallecida no significa impedir que el duelo avance. En muchos casos, permite integrar la pérdida a la historia familiar y reconocer que ese vínculo sigue teniendo un significado.
Aceptar no significa olvidar
Una de las dificultades más grandes después de perder a un hijo es la culpa.
Vianney llegó a preguntarse si había hecho lo suficiente, si había identificado las señales a tiempo o si pudo haber tomado alguna decisión diferente.
Con el paso del tiempo comprendió algo fundamental: hizo lo que pudo con las herramientas y las circunstancias que tenía en ese momento.
La aceptación no significa decir que la pérdida estuvo bien.
Tampoco significa dejar de extrañar.
Aceptar significa reconocer una realidad que ya no podemos modificar y aprender a vivir con ella sin permitir que destruya todo lo que todavía permanece.
El hijo ya no puede regresar físicamente, pero el amor que existe entre ambos puede permanecer.
Una pregunta que puede cambiar la manera de vivir el duelo
Durante su proceso terapéutico, un terapeuta le hizo a Vianney una pregunta que terminó convirtiéndose en una herramienta para continuar:
Si algún día pudieras reencontrarte con tu hijo y él te preguntara qué hiciste durante todo este tiempo desde que se fue, ¿qué le responderías?
La pregunta la hizo reflexionar.
Vianney no quería responder que había pasado todos esos años únicamente llorando y sumergida en la tristeza.
Quería poder decirle que había vivido.
Que había disfrutado.
Que había aprendido.
Que había llevado a la práctica todo aquello que él le enseñó.
Que su muerte había cambiado su perspectiva y que ahora aprovechaba más el presente.
Esta reflexión no elimina el duelo, pero puede ayudar a encontrar una nueva dirección.
Buscar ayuda también es una forma de amor propio
Vianney reconoce que no fue fácil reconstruirse.
La terapia fue una parte importante de su proceso porque le permitió comprender mejor las emociones que estaba experimentando y encontrar herramientas para enfrentar el dolor.
Cuando el duelo supera nuestras propias herramientas, pedir ayuda no significa ser débil.
Significa reconocer que necesitamos acompañamiento.
La terapia psicológica y el acompañamiento tanatológico pueden ser recursos importantes para quienes sienten que no pueden avanzar solos.
También existen grupos de apoyo y comunidades donde las personas pueden compartir sus experiencias con otras personas que han atravesado pérdidas.
No existe una única manera de vivir el duelo.
Pero sí es importante no quedarse completamente aislado dentro de él.
El duelo cambia, pero el amor permanece
Vianney no asegura que dejó de llorar o que dejó de sentir dolor.
Lo que cambió fue la perspectiva desde la que vive ese dolor.
Al principio estaba marcado por la desesperación, la culpa y la ausencia.
Con el tiempo, comenzó a vivirlo desde el amor y el agradecimiento por haber tenido a su hijo durante nueve años.
El duelo no necesariamente consiste en dejar atrás a quien murió.
Puede consistir en aprender a llevarlo de una manera diferente.
Su hijo ya no está físicamente, pero continúa formando parte de su historia, de su familia y de la persona en la que ella se ha convertido.
¿Perder a un hijo también puede convertirse en una forma de ganar amor?
Para Vianney, donar los órganos de su hijo no significó perder todavía más.
Significó ganar amor.
Significó compartir una parte de él con otros niños.
Significó permitir que otras familias pudieran experimentar momentos que ella ya no tendría con su hijo.
Y quizá esa sea una de las reflexiones más profundas de este episodio: el amor no desaparece necesariamente cuando desaparece la presencia física.
Puede transformarse.
Puede convertirse en memoria.
Puede convertirse en servicio.
Puede convertirse en agradecimiento.
Puede convertirse incluso en una decisión que ayude a otros.
¿Qué hacer cuando una madre siente que ya no puede continuar?
La experiencia de Vianney deja un mensaje muy claro para otras madres y familias que atraviesan una pérdida:
No tienes que dejar de sentir para poder seguir viviendo.
Llora.
Habla.
Recuerda.
Busca ayuda.
Abraza.
Permítete extrañar.
Pero también date la oportunidad de volver a vivir.
No existe un plazo universal para dejar de sentir dolor. Cada persona atraviesa el duelo de manera diferente y cada historia tiene sus propios tiempos.
Lo importante es no confundir continuar con olvidar.
Puedes continuar y seguir amando.
Puedes volver a sonreír y seguir extrañando.
Puedes disfrutar un momento y al mismo tiempo llevar a tu hijo en el corazón.
La pregunta que esta historia nos deja
Después de escuchar a Vianney, quizá la pregunta no sea solamente qué haríamos frente a una pérdida.
Quizá sea mucho más sencilla:
¿Qué estamos haciendo hoy con las personas que amamos?
¿Cuánto tiempo estamos esperando?
¿Cuántos abrazos estamos posponiendo?
¿Cuántas palabras importantes seguimos guardando?
¿Cuántas veces pensamos “después lo hacemos” sin saber cuánto tiempo tenemos?
El presente es un regalo.
Y muchas veces necesitamos una historia dolorosa para recordar algo que deberíamos saber todos los días: no tenemos que esperar una despedida para demostrar amor.
Una historia que transforma el dolor en esperanza
Hay decisiones que cambian el rumbo de muchas vidas.
Vianney perdió a su hijo, pero decidió que su ausencia también significara esperanza para otros niños.
Su historia nos recuerda que el duelo no tiene que borrar el amor. Puede transformarlo.
Hoy su hijo vive en sus recuerdos, en las conversaciones familiares, en las enseñanzas que dejó y, de acuerdo con su experiencia, también en la oportunidad que recibieron otras personas gracias a la donación.
El dolor sigue existiendo.
Pero ahora puede convivir con el agradecimiento.
Nuestros servicios
En Columbario Ciprés entendemos que cada familia vive el duelo de una manera diferente. Por eso contamos con espacios pensados para conservar la memoria de un Ser Querido y acompañar a las familias en este proceso.
Nichos para cenizas — espacios destinados al resguardo digno y permanente de urnas funerarias.
Criptas para cenizas — una alternativa para conservar las cenizas en un espacio diseñado para su protección y memoria.
Nichos para urnas — opciones para familias que buscan un lugar permanente para sus seres queridos.
Funerarias en Cuernavaca — información para conocer nuestras opciones y recibir orientación durante un momento difícil.
Nuestro propósito es ofrecer un espacio de tranquilidad donde las familias puedan conservar la memoria de sus seres queridos y encontrar un lugar para recordarlos.
Cuando el amor se convierte en una forma de vivir
La historia de Vianney comenzó con una pérdida que ninguna madre debería experimentar.
Pero también dejó una enseñanza poderosa: el amor puede permanecer incluso cuando la vida cambia para siempre.
Su hijo le enseñó a mirar el presente, a valorar a la familia, a ayudar a otros y a entender que esperar el momento perfecto puede significar perder los momentos que realmente importan.
Quizá hoy sea un buen día para hacer esa llamada.
Para abrazar a tus hijos.
Para sentarte con tus padres.
Para decir “te quiero”.
Para dejar de esperar.
Porque no sabemos cuánto tiempo tenemos, pero sí podemos decidir qué hacemos con el tiempo que tenemos hoy.
Y si estás atravesando un duelo, recuerda algo: no tienes que hacerlo perfecto. No tienes que sanar rápido. No tienes que dejar de extrañar.
Solo tienes que permitirte avanzar un día a la vez.
Hay amores que ni siquiera la muerte consigue detener.
Hay despedidas que cambian familias enteras.
Y hay personas que, aun después de partir, continúan dando vida.
Vianney perdió a su hijo, pero eligió que su historia también hablara de esperanza, de servicio, de familia y de amor.
Que esta historia nos recuerde algo antes de que sea demasiado tarde:
Ama hoy. Abraza hoy. Habla hoy. Vive hoy.
Porque el presente, aunque muchas veces no lo entendamos, es el único regalo que realmente tenemos.
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