Perder un hijo: cómo afrontar el duelo más difícil de la vida 26.0
Karen Bejar & Griselda Lemus
August 19, 2026
Entrevista de la Tanatóloga Karen Bejar a Griselda Lemus
Hay dolores que desafían cualquier explicación, pero pocos se comparan con la pérdida de un hijo. No existe una palabra que describa a una madre o un padre que ha tenido que despedir a quien esperaba ver crecer, cumplir sueños y construir un futuro. Es un duelo que rompe el orden natural de la vida y deja un vacío imposible de llenar.
En este episodio conocemos la historia de Griselda, una madre que perdió a su hijo de tan solo 17 años. En medio del impacto tuvo que realizar trámites, organizar su despedida y encontrar fuerzas cuando sentía que ya no podía respirar. Su testimonio nos recuerda que el dolor no desaparece, pero sí puede transformarse cuando se busca ayuda, se encuentra apoyo y se aprende a honrar la memoria de quien ya no está.
El impacto de perder un hijo cambia la vida para siempre
La noticia de la muerte de un hijo provoca un estado de shock difícil de describir. El tiempo parece detenerse mientras la mente intenta comprender una realidad que el corazón rechaza.
En los primeros momentos aparecen emociones intensas como:
Incredulidad.
Desesperación.
Angustia.
Tristeza profunda.
Culpa.
Confusión.
Aun en medio del dolor, muchas familias deben enfrentar trámites legales, funerarios y administrativos que parecen imposibles de realizar cuando apenas pueden sostenerse emocionalmente.
Este tipo de experiencias muestran la importancia de contar con acompañamiento profesional y con personas que puedan brindar apoyo sin emitir juicios.
Las señales de alerta en la salud mental de los adolescentes
Uno de los aprendizajes más importantes del testimonio de Griselda es reconocer que la depresión puede presentarse a cualquier edad y muchas veces pasa desapercibida.
Algunas señales que requieren atención son:
Cambios importantes de personalidad.
Aislamiento social.
Tristeza constante.
Pérdida del interés por actividades que antes disfrutaban.
Alteraciones del sueño.
Cambios en el apetito.
Comentarios relacionados con la desesperanza o la muerte.
Muchas familias interpretan estos cambios como parte normal de la adolescencia cuando, en realidad, pueden ser una llamada de auxilio.
Hablar sobre salud mental, escuchar sin juzgar y buscar apoyo profesional puede marcar una diferencia importante.
Pedir ayuda también es un acto de amor
Uno de los momentos más valientes del proceso de Griselda fue reconocer que había tocado fondo.
Buscar apoyo psicológico y tanatológico no eliminó su dolor, pero le permitió comprender que seguir viviendo también era una forma de honrar a su hijo.
Muchas personas sienten culpa por acudir a terapia, sin embargo, hacerlo significa:
Aprender a gestionar el dolor.
Evitar el aislamiento.
Prevenir una depresión profunda.
Recuperar poco a poco el sentido de la vida.
Encontrar herramientas para acompañar a otros miembros de la familia.
Pedir ayuda no significa olvidar. Significa elegir seguir viviendo.
Lo que nunca debemos decir a una madre que perdió un hijo
Cuando alguien atraviesa un duelo tan profundo, muchas personas intentan ayudar con frases hechas que, lejos de aliviar, aumentan el sufrimiento.
Algunas expresiones que conviene evitar son:
"El tiempo lo cura todo."
"Ya deja de llorar."
"Tienes que ser fuerte."
"Dios sabe por qué hace las cosas."
"Ya está en un lugar mejor."
En cambio, existen gestos mucho más valiosos:
Escuchar sin interrumpir.
Permanecer en silencio cuando no hay palabras.
Ofrecer un abrazo.
Preguntar: "¿Qué necesitas?"
Acompañar sin intentar resolver el dolor.
La empatía muchas veces vale mucho más que cualquier consejo.
La familia también vive su propio duelo
La pérdida de un hijo no afecta únicamente a los padres.
Los hermanos, abuelos, pareja y amigos también atraviesan un proceso de duelo distinto.
Cada integrante vive la ausencia desde un lugar diferente y necesita tiempos distintos para sanar.
Por ello es importante:
Respetar el proceso individual.
Evitar comparar dolores.
Hablar abiertamente sobre las emociones.
Buscar espacios familiares para recordar con amor.
Pedir ayuda cuando el duelo rebasa las propias fuerzas.
El acompañamiento mutuo fortalece a la familia incluso en los momentos más difíciles.
Honrar la memoria también es aprender a vivir
Uno de los mayores aprendizajes compartidos por Griselda es que el amor no termina con la muerte.
Honrar la memoria de un hijo significa vivir de una manera que refleje el legado que dejó.
Puede expresarse mediante:
Ayudar a otras personas.
Escuchar con mayor empatía.
Fortalecer los vínculos familiares.
Valorar cada momento compartido.
Agradecer la vida incluso en medio del dolor.
El duelo no consiste en olvidar, sino en encontrar una nueva manera de amar a quien físicamente ya no está.
Nadie debería atravesar este dolor en soledad
Perder un hijo transforma la vida para siempre. No existen palabras capaces de borrar esa ausencia, pero sí existen personas dispuestas a acompañar el camino.
Aceptar ayuda, hablar del dolor y permitir que otros sostengan el peso de la pérdida puede hacer que el camino sea menos solitario.
El amor permanece, la memoria permanece y la posibilidad de encontrar paz también.
Sanar no significa dejar de extrañar; significa aprender a caminar llevando ese amor de una manera distinta.
Nuestros servicios
En Columbario Ciprés entendemos que despedir a un ser querido implica mucho más que realizar un servicio funerario. Acompañamos a las familias con respeto, empatía y calidez en cada etapa del proceso.
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