Cómo afrontar la muerte de un hijo
Karen Bejar & Alberto Bautista
December 1, 2025
Entrevista de la Tanatóloga Karen Bejar a Alberto Bautista
Un dolor para el que nadie está preparado
Nadie se despierta imaginando que va a enterrar a su propio hijo. Nadie está listo para una pérdida así y mucho menos cuando no hubo nota, despedida ni señales claras. Solo un silencio acumulado que terminó en una decisión irreversible.
Esta es la historia de un padre que perdió a su hijo de 16 años por suicidio; una historia marcada por bullying, confusión emocional, falta de amor propio y un entorno familiar que no logró ver el dolor a tiempo.
Después de la tragedia, encontró en el teléfono de su hijo audios que hablaban de vacío, de rechazo, de sentirse insuficiente. Hoy ese padre comparte su historia para ayudar a quienes atraviesan el mismo camino. Su dolor lo llevó a formarse como tanatólogo, a comprender el duelo y a acompañar a otros padres.
Este episodio no es fácil, pero es imprescindible para quienes aman a un adolescente que crece en un mundo que no siempre sabe contener.
El día que lo cambió todo
Aquella mañana parecía normal. Su hijo mayor llamó desesperado: había encontrado a su hermano colgado del cinturón de una litera. La escena fue devastadora: desesperación, incredulidad, paramédicos, la confirmación de la muerte por asfixia.
Entró de lleno en la etapa de negación. Despertarse a las tres de la mañana esperando que todo fuera una pesadilla era parte del proceso. El cerebro tarda en aceptar una pérdida tan abrupta; la mente, el cuerpo y el alma tardan aún más.
Las señales que no vio… hasta después
Con el tiempo, el padre comenzó a ver señales que en su momento quedaron ocultas:
Comentarios relacionados con bullying.
Vergüenza por la orientación sexual de su hermano.
Rechazo propio y falta de amor propio.
Conversaciones donde se percibía confusión emocional.
Un amigo que se le declaró y que lo desestabilizó emocionalmente.
Además, discusiones constantes entre los padres, muchas veces frente a los hijos, que impactaban directamente en la salud emocional de todos. El niño vivía un sufrimiento silencioso que nadie supo escuchar a tiempo.
Cuando el amor propio se rompe
El hijo se sentía rechazado, no amado, insuficiente. No sabía cómo gestionarlo. A pesar de ser un chico querido y físicamente atractivo, su mundo interno estaba lleno de dudas, miedos y heridas invisibles.
El padre reconoce que nadie les enseñó a amar, ni a enseñar amor. Y que los hijos aprenden del modelo que ven.
El duelo por suicidio está lleno de culpa. Pero la tanatología enseña que culparse no sana: comprender, nombrar y acompañar sí lo hacen.
El momento en que el duelo se vuelve silencio
Tras el velorio, los rosarios y el acompañamiento inicial, llegó la parte más difícil: el regreso a la realidad. Ahí comenzó el verdadero duelo.
La familia buscó terapia, habló, lloró, se acompañó. El padre se sumergió en el aprendizaje, tomó cursos, talleres, diplomados en tanatología y suicidología. Eligió transformar su dolor en servicio, convertirse en sostén para otros padres que pasan por lo mismo.
Honrar a un hijo no siempre significa quedarse en el dolor: a veces significa amar más a los hijos que siguen vivos, elegir ser un mejor padre ahora, abrir canales de comunicación que antes no existían, y acompañar desde el corazón.
Sobre el amor, las cadenas familiares y los silencios heredados
Muchos comportamientos, heridas y patrones vienen de generaciones atrás. Si no se rompen, se transmiten. Este padre decidió detener la cadena, sanar, amar distinto.
Como él mismo dice:
“Antes me preguntaba por qué. Ahora me pregunto para qué.”
La tanatología explica que el suicidio puede convertirse en un duelo secreto, uno que se esconde por miedo al juicio social. Pero callarlo solo intensifica el dolor. Hablar protege, acompaña y previene.
Lo que todo padre debe saber para prevenir
Los focos rojos no siempre son evidentes, pero existen:
Cambios drásticos en el comportamiento.
Aislamiento
Comentarios sobre sentirse insuficiente.
Poca comunicación.
Señales de bullying.
Falta de amor propio.
El padre recomienda:
Hablar con los hijos con honestidad emocional.
Crear puentes de confianza.
Acercarse desde el amor, no desde el juicio.
Tomar talleres, cursos, charlas.
Pedir ayuda profesional a tiempo.
Para quienes atraviesan este dolor, también es importante elegir espacios de despedida dignos y amorosos, como urnas, nichos o criptas dentro de una funeraria, como parte del ritual de honrar la vida.
Conclusión: cuando el amor se convierte en acción
El suicidio de un hijo no empieza el día que se va, sino mucho antes, en silencios no escuchados, en emociones no nombradas.
Este padre eligió no quedarse en el dolor, sino convertir su historia en un puente para otros.
Y tú, que estás leyendo esto, aún estás a tiempo:
A tiempo de escuchar mejor.
A tiempo de mirar con más amor.
A tiempo de preguntar “¿estás bien?” y quedarte para escuchar la respuesta.
El amor, cuando se vuelve acción, puede salvar una vida.
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