El “hubiera” en el duelo: cómo afrontar el arrepentimiento por una relación distante 30.6

Karen Bejar & Marisela Nava ·

Extracto de la entrevista de la Tanatóloga Karen Bejar a Marisela Nava

Cuando una persona cercana muere, no solamente aparecen los recuerdos de los momentos compartidos. También pueden aparecer aquellos que nunca sucedieron.

Las conversaciones que no tuvimos.

Las visitas que pospusimos.

Las llamadas que no hicimos.

Los abrazos que dejamos para después.

Y entonces aparece una palabra que puede convertirse en una de las más dolorosas durante el duelo:

“Hubiera.”

“Hubiera hecho más.”

“Hubiera ido a verla.”

“Hubiera hablado con ella.”

“Hubiera dejado de lado nuestras diferencias.”

“Hubiera intentado buscarla.”

Cuando una relación familiar se había deteriorado antes de la muerte, el duelo puede estar acompañado de culpa, arrepentimiento y preguntas para las que ya no existe una respuesta.

Por eso, cuidar los vínculos mientras tenemos la oportunidad no significa que todas las relaciones tengan que ser perfectas. Significa hacer nuestra parte para que, cuando llegue una pérdida, podamos mirar hacia atrás con la tranquilidad de saber que hicimos lo que estaba en nuestras manos.

¿Por qué el distanciamiento familiar puede complicar el duelo?

Las relaciones entre hermanos, padres, hijos y otros familiares no siempre son sencillas.

Existen diferencias de personalidad, conflictos, heridas antiguas, desacuerdos y etapas en las que las personas simplemente dejan de frecuentarse.

A veces el distanciamiento ocurre poco a poco.

Primero dejamos de vernos con tanta frecuencia.

Después hablamos menos.

Luego pasan meses sin una conversación profunda.

Y cuando queremos darnos cuenta, existe una distancia que puede parecer difícil de recuperar.

Mientras todos están vivos, quizá pensamos que habrá tiempo para solucionarlo.

El problema es que la muerte nos recuerda que ese tiempo no es infinito.

Transcripción

No deje que el orgullo de hoy se convierta en la culpa de mañana

“Pues que no lo permita. Dicen que siempre hay alguien que se da cuenta de por qué hay el distanciamiento. Y yo lo vivo hoy con mis hermanos. Tengo dos hermanos que aún viven y casi no los frecuento como frecuentaba a mi hermana. Pero todo el tiempo me acuerdo de ellos y digo: ‘Es muy difícil’, porque a veces sí, las relaciones son difíciles. Son difíciles porque siempre es de dos. Qué bueno fuera que una sola persona pudiera hacer crecer la relación. Siempre es de dos: si uno no quiere, el otro sí. Pero yo siempre digo esta parte de: pues tú da lo que tengas que dar, tú ayuda con lo que tú puedas ayudar. Ya si la otra persona no lo quiere recibir o no lo quiere hacer, pero tú ya lo hiciste. Porque al final del día, cuando esa persona falte, ¿con qué te quedas tú? Con lo que tú diste, con lo que tú hiciste. Y eso te va a ayudar a vivir un mejor duelo. Porque a veces los duelos más complicados son esos, cuando yo dejé crecer a lo mejor ese distanciamiento tanto, que a veces ya no tengo cómo pasar mi duelo. ¿De qué recuerdos sostenerme si tal vez todo fue malo? Y ahí es a donde yo entro con el hubiera, el famoso hubiera. ‘Hubiera hecho, hubiera dado’. ‘Y es que si yo lo hubiera buscado…’ Cuando ya no hay nada que hacer.”

Tanatóloga: Karen Bejar
Invitada: Marisela Nava

Las relaciones familiares siempre son de dos

Una de las reflexiones más importantes de este testimonio es que una relación no puede ser construida completamente por una sola persona.

Podemos acercarnos.

Podemos llamar.

Podemos preguntar cómo está el otro.

Podemos ofrecer ayuda.

Podemos reconocer nuestros errores.

Podemos intentar recuperar el vínculo.

Pero la otra persona también tiene libertad para decidir si quiere acercarse.

Esto es importante porque hablar de cuidar las relaciones no significa responsabilizarnos por todo lo que ocurre dentro de ellas.

Hay vínculos en los que hicimos todo lo que estaba a nuestro alcance y, aun así, no fue posible reconstruirlos.

En esos casos, la responsabilidad también implica reconocer nuestros propios límites.

“Tú da lo que tengas que dar”

Dar lo que podemos dar no significa permitir cualquier comportamiento ni aceptar relaciones que nos hagan daño.

Significa preguntarnos honestamente:

“¿Qué puedo hacer yo para cuidar este vínculo?”

Tal vez sea una llamada.

Una visita.

Una conversación pendiente.

Una disculpa.

Un mensaje.

Una invitación.

O simplemente decirle a esa persona que la queremos.

No podemos decidir qué hará el otro con ese gesto. Pero sí podemos decidir qué hacemos nosotros.

Y esa diferencia puede ser muy importante cuando algún día enfrentamos una pérdida.

El problema del “hubiera” después de una muerte

El arrepentimiento puede aparecer con mucha fuerza durante el duelo.

La mente comienza a regresar constantemente al pasado buscando posibilidades alternativas:

“Si hubiera ido…”

“Si hubiera llamado…”

“Si hubiera insistido…”

“Si no nos hubiéramos peleado…”

“Si hubiera sabido que sería la última vez…”

El problema es que el “hubiera” plantea escenarios que ya no pueden comprobarse.

No sabemos qué habría ocurrido.

Tal vez esa conversación habría cambiado algo.

Tal vez no.

Tal vez la otra persona habría respondido.

Tal vez no estaba preparada para acercarse.

Pero después de la muerte, ya no tenemos la posibilidad de descubrirlo.

Y esa incertidumbre puede ser especialmente dolorosa.

Cuando el duelo se mezcla con culpa

No todos los duelos están acompañados de culpa, pero cuando existía un conflicto o distanciamiento antes de la muerte, pueden aparecer pensamientos muy duros hacia uno mismo.

La persona puede pensar:

“Yo debería haber hecho más.”

“Fue mi culpa que nos alejáramos.”

“No hice suficiente.”

“Ahora ya no puedo arreglarlo.”

Es importante diferenciar entre responsabilidad y culpa.

Reconocer que quizá hubo cosas que pudimos hacer diferente puede formar parte de la elaboración del duelo. Pero castigarnos permanentemente por algo que ya no podemos modificar no cambia el pasado.

El duelo necesita espacio para reconocer lo que ocurrió, incluyendo aquello de lo que podemos arrepentirnos, pero también para desarrollar compasión hacia nosotros mismos.

¿Qué pasa cuando los recuerdos de la relación son principalmente negativos?

Esta puede ser una de las situaciones más difíciles.

Cuando muere una persona con quien existía una relación complicada, puede resultar difícil encontrar recuerdos agradables en los cuales apoyarse.

No todas las historias familiares están llenas de momentos felices.

Hay relaciones marcadas por conflictos, diferencias, heridas o distanciamientos.

Y eso también merece ser reconocido.

No es necesario idealizar a una persona fallecida para poder elaborar su muerte.

Podemos reconocer que la relación fue difícil y, al mismo tiempo, sentir tristeza por su muerte.

Podemos querer a alguien y haber tenido conflictos con esa persona.

Podemos extrañarla y también reconocer que existían problemas.

El duelo no exige convertir una relación complicada en una relación perfecta.

Hacer las paces con lo que sí pudiste hacer

Una parte importante del proceso puede consistir en mirar hacia atrás con honestidad:

¿Qué hice por esa persona?

¿Cuándo intenté acercarme?

¿Qué expresé?

¿Qué ofrecí?

¿Qué estaba dentro de mis posibilidades?

Quizá no hicimos todo.

Nadie lo hace.

Las relaciones humanas están llenas de momentos imperfectos.

Pero reconocer aquello que sí hicimos puede ayudarnos a evitar que el “hubiera” borre completamente nuestra historia.

En lugar de mirar únicamente lo que faltó, también podemos mirar lo que existió.

Cuidar los vínculos mientras todavía hay tiempo

Esta reflexión no significa que tengamos que solucionar todos nuestros conflictos familiares inmediatamente.

Tampoco significa que debamos acercarnos a personas con quienes existe una relación dañina.

Más bien invita a preguntarnos qué relaciones nos importan y qué podemos hacer para cuidarlas mientras tenemos la oportunidad.

A veces esperamos una ocasión especial para decir algo importante.

Esperamos una fecha.

Una reunión.

Un momento perfecto.

Pero muchas veces basta con un mensaje sencillo:

“Pensé en ti.”

“¿Cómo estás?”

“Te quiero.”

“¿Quieres que nos veamos?”

“Me gustaría hablar contigo.”

No sabemos cuánto tiempo tenemos con las personas que forman parte de nuestra vida.

Por eso, cuando un vínculo es significativo, vale la pena preguntarnos qué podemos hacer hoy.

No puedes controlar la respuesta de la otra persona

Una de las partes más difíciles de cuidar una relación es aceptar que nuestro esfuerzo no garantiza un resultado.

Puedes llamar y que no contesten.

Puedes pedir una conversación y que la rechacen.

Puedes ofrecer ayuda y que no la acepten.

Puedes intentar acercarte y encontrar distancia.

Eso también forma parte de las relaciones.

Hacer nuestra parte no significa conseguir que la otra persona cambie.

Significa poder decirnos:

“Yo hice lo que estaba en mis manos.”

Y si después la otra persona decide no recibirlo, esa decisión ya no depende de nosotros.

¿Cómo evitar que el arrepentimiento domine el duelo?

No podemos garantizar que nunca aparezca el arrepentimiento.

Pero sí podemos aprender a relacionarnos de otra manera con esos pensamientos.

Cuando aparezca el “hubiera”, en lugar de castigarnos inmediatamente, podemos preguntarnos:

¿Qué estoy lamentando realmente?

¿Una conversación?

¿Una disculpa?

¿Una visita?

¿Una oportunidad perdida?

¿Algo que nunca expresé?

Identificar aquello que realmente duele puede permitirnos comprender mejor nuestra experiencia.

Y si existe algo que todavía podemos reparar con otras personas que continúan en nuestra vida, quizá el aprendizaje de esta pérdida pueda convertirse en una oportunidad para cuidar esos vínculos.

El mejor momento para decirlo puede ser ahora

Una de las enseñanzas más profundas de este testimonio es que no necesitamos esperar a perder a alguien para reconocer lo importante que es.

Si hay una persona a la que queremos agradecerle algo, podemos hacerlo.

Si tenemos una disculpa pendiente, podemos considerar expresarla.

Si extrañamos a alguien con quien nos hemos distanciado y la relación es segura para ambos, podemos intentar acercarnos.

No siempre tendremos éxito.

Pero a veces el primer paso solamente consiste en hacerlo.

Porque cuando llega la muerte, ya no podemos regresar para tener esa conversación.

Y lo que queda puede ser precisamente aquello que hicimos, aquello que dijimos y aquello que no alcanzamos a hacer.

Recomendaciones para cuidar tus relaciones y afrontar el “hubiera”

Si este tema te hace pensar en alguna relación familiar, no necesitas resolver toda la historia de un día para otro.

Puedes comenzar por algo pequeño:

  • Identifica a las personas con quienes realmente quieres mantener un vínculo.

  • Pregúntate qué puedes aportar tú a esas relaciones.

  • Expresa afecto cuando tengas la oportunidad.

  • Reconoce tus errores cuando corresponda.

  • No intentes controlar la respuesta de la otra persona.

  • Respeta los límites propios y ajenos.

  • Si existe un conflicto pendiente y es seguro hacerlo, considera abrir una conversación.

  • Si estás atravesando un duelo con mucha culpa o arrepentimiento, busca un espacio profesional para trabajarlo.

Y recuerda algo importante:

No puedes cambiar lo que no hiciste en el pasado, pero sí puedes decidir qué hacer con las relaciones que todavía forman parte de tu presente.

Preguntas frecuentes sobre el arrepentimiento y el “hubiera” durante el duelo

  1. ¿Por qué pienso tanto en lo que hubiera hecho diferente después de una muerte?

    Porque el duelo puede llevarnos a revisar la relación y buscar explicaciones o alternativas. La mente intenta imaginar qué habría pasado si hubiéramos tomado otras decisiones, aunque ya no podamos comprobarlo.

  2. ¿Es normal sentir culpa por haberse distanciado de un familiar?

    Puede ocurrir. La culpa y el arrepentimiento pueden aparecer especialmente cuando la muerte impide tener conversaciones pendientes. Reconocer lo que sentimos es diferente de castigarnos indefinidamente por ello.

  3. ¿Qué puedo hacer si tengo una relación distante con un familiar?

    Puedes preguntarte qué parte de la relación depende de ti y qué estás dispuesto a hacer. Una llamada, un mensaje o una conversación pueden ser un primer paso, siempre respetando los límites y la disposición de la otra persona.

  4. ¿Qué hago si intenté acercarme y la otra persona no quiso?

    Puedes reconocer que una relación requiere de ambas partes. Si hiciste un esfuerzo sincero y la otra persona decidió no recibirlo, no puedes controlar esa decisión. Hacer tu parte también significa aceptar aquello que no depende de ti.

  5. ¿Cómo puedo trabajar el arrepentimiento por lo que no hice antes de una pérdida?

    Puede ser útil hablar de esos sentimientos en un espacio de acompañamiento tanatológico o psicológico. También puedes explorar qué aprendizaje deja esa experiencia y qué acciones puedes realizar actualmente con las personas que siguen formando parte de tu vida.

Nuestros servicios

En Columbario Ciprés entendemos que cada pérdida tiene una historia particular y que despedir a un ser querido también implica preservar su memoria.

Contar con un espacio destinado a sus cenizas puede ofrecer a las familias un lugar significativo para recordar, visitar y mantener presente el vínculo.

Contamos con opciones de nichos para cenizas, diseñados para brindar un lugar permanente donde las familias puedan visitar y honrar a sus seres queridos.

También ponemos a disposición criptas para cenizas, así como nichos para urnas para quienes buscan un espacio de resguardo digno y seguro.

Si necesitas orientación sobre alternativas funerarias y el resguardo de las cenizas, también puedes conocer nuestros servicios como funeraria en Cuernavaca.

La muerte puede enseñarnos algo que muchas veces olvidamos mientras estamos ocupados con la vida cotidiana: el tiempo con las personas que queremos es limitado.

No podemos controlar cuánto durará una relación ni cómo responderá la otra persona. Pero sí podemos decidir qué damos mientras tenemos la oportunidad.

Porque cuando llegue el momento de mirar atrás, quizá no podamos cambiar lo que ocurrió.

Pero sí podremos saber que hicimos nuestra parte.

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