Cuando ayudar a otros también sana tu propio duelo 14.7
Karen Bejar & Maribel Aguirre
March 1, 2026
Extracto de la entrevista de la Tanatóloga Karen Bejar a Maribel Aguirre
Hay un momento en el proceso de duelo en el que el dolor deja de ser únicamente una herida abierta y comienza a transformarse en experiencia. Y en esa experiencia, muchas personas descubren algo inesperado: al ayudar a otros, también se están ayudando a sí mismas.
El acompañamiento se convierte en un espejo.
Dar y recibir al mismo tiempo
Cuando se acompaña a alguien que recién llega al camino del duelo, se despierta una memoria profunda: “Yo estuve ahí”. Se revive ese momento en el que parecía imposible seguir, en el que la idea de vivir ya no tenía sentido.
Muchas madres y padres recuerdan haber pensado que no iban a poder soportarlo, que querían morir, que nada volvería a interesarles. Y cuando ven a otros en ese mismo punto de quiebre, algo se activa.
Ayudar no es solo ofrecer palabras; es compartir esperanza desde la experiencia vivida.
Reflejarse en el otro
Ver a alguien recién atravesando la pérdida es como mirar una versión pasada de uno mismo. Ese reflejo genera empatía profunda, pero también conciencia del propio camino recorrido.
“Yo fui él.”
“Yo fui ella.”
Y en ese reconocimiento se confirma algo poderoso: si yo logré avanzar, tú también puedes.
Diferencias en la forma de abrirse
En muchos casos, las mujeres tienden a mostrar mayor apertura emocional inicial, mientras que los hombres pueden cerrarse más. Sin embargo, cuando los padres deciden abrirse y buscar ayuda, la experiencia también se vuelve transformadora para ellos.
El acompañamiento no distingue género; distingue disposición.
Más allá del duelo
Ayudar a otros no solo resignifica la pérdida, también amplía la vida. Genera propósito. Conecta con algo más grande que el propio dolor.
No borra la ausencia. No elimina la tristeza. Pero la convierte en puente para sostener a alguien más.
Y en ese sostén mutuo, ocurre algo profundo: el duelo deja de ser solo sufrimiento y se convierte en servicio.
Transcripción
Cuando extendí la mano, descubrí que también me estaba levantando
"Cuando ayudamos a otra persona creemos que la ayudamos, pero en realidad también nos estamos ayudando a nosotros. Cuando ves a padres que llegan muy mal, te reflejas en ellos y dices: yo fui él, yo fui ella. Yo creía que no iba a poder, que me quería morir, que nada me iba a interesar. Es más común que las mujeres se abran más rápido, los hombres tienden a cerrarse un poco, pero también hay papás que buscan ayuda y se abren. Y más allá del duelo, es una experiencia muy enriquecedora."
Tanatóloga: Karen Bejar
Invitada: Maribel Aguirre
Recomendaciones
Considerar el acompañamiento a otros como parte del propio proceso de sanación.
Compartir la experiencia solo cuando haya suficiente estabilidad emocional.
Respetar los distintos tiempos de apertura entre hombres y mujeres.
Buscar espacios seguros para acompañar, como grupos guiados.
Recordar que ayudar no sustituye el autocuidado personal.
Preguntas frecuentes (FAQ)
¿Ayudar a otros realmente ayuda a sanar?
Sí, puede generar sentido, propósito y reafirmar el camino recorrido.¿Es recomendable hacerlo en cualquier etapa del duelo?
No. Es importante sentirse emocionalmente estable antes de acompañar a otros.¿Los hombres viven el duelo de forma distinta?
Muchas veces sí, suelen expresar el dolor de manera más reservada, aunque cada persona es diferente.¿El acompañamiento reemplaza la terapia?
No. Puede complementarla, pero no sustituir un proceso profesional si es necesario.
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