Cuidar a nuestros padres sin dejar de vivir: cómo superar la culpa 29.7

Karen Bejar & Angélica García ·

Extracto de la entrevista de la Tanatóloga Karen Bejar a Angélica García

Cuidar a nuestros padres cuando enferman puede convertirse en una de las responsabilidades más importantes de nuestra vida. Queremos estar presentes, ayudar, acompañar y asegurarnos de que estén bien. Sin embargo, cuando las necesidades de nuestros seres queridos aumentan, existe el riesgo de que poco a poco dejemos de lado nuestra propia vida.

El problema aparece cuando creemos que para demostrar amor tenemos que estar disponibles todo el tiempo. Dejamos actividades, amistades, trabajo, descanso y proyectos personales porque sentimos que nuestros padres nos necesitan constantemente.

Y cuando finalmente intentamos recuperar algo de nuestro espacio, puede aparecer la culpa: “Los estoy dejando”, “debería estar con ellos” o “¿cómo voy a salir si ellos me necesitan?”.

Aprender a cuidar sin abandonar nuestra propia vida no es egoísmo. Es comprender que podemos amar, acompañar y apoyar a nuestros padres sin dejar de ser nosotros mismos.

¿Por qué nuestros padres pueden volverse tan demandantes cuando están enfermos?

La enfermedad puede generar miedo e inseguridad. Una persona que antes era independiente puede comenzar a necesitar ayuda para actividades que anteriormente realizaba por sí misma.

También puede aparecer el temor a quedarse sola o a que algo ocurra cuando sus hijos no están cerca.

Por eso, algunas personas mayores pueden comenzar a demandar más tiempo, atención y compañía.

Comprender este comportamiento desde la empatía es importante, pero también lo es establecer límites saludables.

El miedo de nuestros padres es válido, pero eso no significa que nosotros tengamos que abandonar completamente nuestra vida para evitar que ellos sientan ese miedo.

Transcripción

El cuidador también merece vivir… y hacerlo sin culpa

“También tenemos que ver desde nuestra persona, ¿no? Y no dejar aquello que dejamos de hacer por estar cuidándolos a ellos, ¿no? Es que a veces se vuelven muy demandantes. Sí, sí, sí, muy demandantes. Y también porque les da miedo, a veces les da miedo quedarse solos, que algo pueda pasar. Sí. Y de verdad se vuelven muy demandantes con nuestro tiempo y así de: ‘Entonces, ya está’. Y entonces después, cuando decidimos esto, entra la culpa de: ‘Híjole, los dejé’, ¿no? Sí. Y uno tiene que dar un paso atrás y entender definitivamente que sí, hay que estar, hay que apoyar, hay que amar, hay que hacer, pero también uno tiene una vida. Exacto. Y hay que vivirla sin culpa, porque a veces no podemos enfermarnos con nuestros enfermos, ni morir con nuestros muertos, ni quedarnos paralizados. O sea, la vida de cada quien sigue y cada uno de nosotros tenemos que tomar el rol que nos toca. Sí, ser empáticos, compartir, cuidar, apoyar, amar, pero desde la convicción de que también tenemos una vida propia.”

Tanatóloga: Karen Bejar
Invitada: Angélica García

Amar a nuestros padres no significa estar disponibles todo el tiempo

Una de las ideas más importantes de este testimonio es que el amor y la disponibilidad permanente no son lo mismo.

Podemos amar profundamente a nuestros padres y no contestar inmediatamente cada llamada. Podemos acompañarlos y también salir a trabajar, convivir con nuestros amigos, descansar o realizar alguna actividad que disfrutamos.

El amor no desaparece porque tomemos distancia durante unas horas.

De hecho, mantener ciertos espacios personales puede ayudarnos a regresar con mayor paciencia y disposición.

Cuando todo nuestro tiempo se concentra en cuidar a otra persona, podemos terminar sintiendo agotamiento, frustración o incluso resentimiento. Y esas emociones tampoco ayudan a construir un acompañamiento saludable.

El miedo de nuestros padres también necesita ser comprendido

La demanda constante de compañía muchas veces tiene detrás una emoción: miedo.

Miedo a quedarse solos.

Miedo a caerse.

Miedo a sentirse mal y no tener quién los ayude.

Miedo a perder capacidades.

Miedo a convertirse en una carga.

Miedo a la muerte.

Cuando entendemos qué existe detrás de una conducta demandante, puede ser más sencillo responder desde la empatía en lugar de hacerlo desde el enojo.

Pero comprender ese miedo no significa que tengamos que resolverlo permanentemente.

Podemos acompañar a nuestros padres mientras también les ayudamos a recuperar confianza y autonomía dentro de sus posibilidades.

Cuando aparece la culpa por salir o tomar distancia

El cuidador puede llegar a sentir que cualquier actividad personal representa abandono.

Si sale a comer con amigos, aparece la culpa.

Si se va de vacaciones, aparece la culpa.

Si dedica tiempo a su pareja o hijos, aparece la culpa.

Si simplemente quiere descansar, aparece la culpa.

Esta sensación puede hacer que la persona regrese constantemente a una dinámica en la que todo gira alrededor del cuidado.

Por eso es importante cuestionar esa idea:

¿Realmente estoy abandonando a mis padres o estoy recuperando un espacio necesario de mi propia vida?

No todo momento de ausencia representa abandono.

“También tengo una vida”: reconocer nuestras propias necesidades

Cuidar a nuestros padres no elimina nuestras propias necesidades.

Seguimos teniendo responsabilidades laborales, relaciones personales, intereses, sueños, amistades y proyectos.

También necesitamos dormir, descansar, divertirnos, viajar, aprender, salir y tener momentos en los que nadie nos necesite.

Reconocerlo puede generar culpa al principio, especialmente cuando hemos asumido durante mucho tiempo el papel de cuidador principal.

Pero tener una vida propia no significa querer menos a nuestros padres.

Significa recordar que nosotros también somos personas con necesidades y límites.

No podemos enfermarnos con nuestros enfermos

La frase “no podemos enfermarnos con nuestros enfermos” resume una realidad importante del cuidado.

Si una persona cuidadora abandona completamente su bienestar físico y emocional, eventualmente puede necesitar ayuda para sí misma.

Por eso, cuidar también implica prevenir nuestro propio agotamiento.

Dormir adecuadamente, alimentarnos, acudir a nuestras consultas médicas, mantener actividad física, descansar y tener espacios de recreación son acciones que también forman parte del cuidado.

No podemos ofrecer todo lo que tenemos si nosotros mismos estamos completamente agotados.

“No podemos morir con nuestros muertos”: continuar después de una pérdida

Cuando nuestros padres mueren, el dolor puede hacernos sentir que continuar con nuestra vida significa dejarlos atrás.

Sin embargo, seguir viviendo no es olvidar.

Podemos extrañar a nuestros padres y continuar trabajando.

Podemos llorarlos y volver a reír.

Podemos conservar sus recuerdos y construir nuevos proyectos.

Podemos sentir tristeza y, al mismo tiempo, tener momentos de felicidad.

El duelo no exige que nuestra vida se detenga para demostrar cuánto amamos a quien murió.

La persona que falleció forma parte de nuestra historia, pero nosotros seguimos teniendo una historia que vivir.

Tomar el rol que nos corresponde

Dentro de una familia, cada persona tiene un papel.

Cuando uno de los padres enferma, los hijos pueden convertirse en cuidadores, acompañantes, responsables de trámites o personas de apoyo.

Pero eso no significa que una sola persona tenga que asumir absolutamente todo.

También es importante identificar qué pueden hacer otros familiares y qué responsabilidades corresponden realmente a cada integrante.

Tomar nuestro rol no significa ocupar todos los roles.

Podemos ser hijos, hermanos, padres, parejas, trabajadores y amigos al mismo tiempo.

Cada una de esas dimensiones forma parte de nuestra identidad.

Cuidar sin sobreproteger

El amor puede llevarnos a querer hacer todo por nuestros padres.

Pero hacer absolutamente todo puede terminar reduciendo su autonomía.

Siempre que sus condiciones físicas y cognitivas lo permitan, es importante dejar que participen en aquellas actividades que todavía pueden realizar.

Permitirles tomar decisiones, elegir su ropa, preparar algo sencillo, conversar, salir acompañados o participar en asuntos familiares puede ayudarles a conservar su sensación de independencia.

Cuidar no significa hacer inútil a la persona que cuidamos.

¿Cómo establecer límites sin sentir que estamos abandonando?

Los límites pueden establecerse con empatía.

En lugar de simplemente desaparecer o rechazar una petición, podemos explicar nuestras necesidades:

“Hoy tengo que trabajar y después puedo visitarte.”

“Esta tarde necesito descansar, pero mañana estaremos juntos.”

“Voy a salir unas horas y puedes llamarme si realmente necesitas algo.”

“Hoy no puedo acompañarte, pero podemos pedirle a alguien más que esté contigo.”

De esta manera, el límite no tiene que convertirse en una ruptura.

Se trata de enseñar progresivamente que nuestro tiempo también tiene valor.

Vivir nuestra vida sin culpa también es una forma de amor

Una persona que mantiene sus espacios personales puede regresar al cuidado con una actitud diferente.

Después de descansar, convivir con otras personas o realizar una actividad que disfruta, puede recuperar energía emocional.

Esto puede mejorar la paciencia, la capacidad de escuchar y la disposición para acompañar.

Por eso, vivir nuestra vida no debe verse como una competencia contra el cuidado de nuestros padres.

Ambas cosas pueden coexistir.

Podemos cuidar y vivir.

Podemos amar y poner límites.

Podemos acompañar y tener nuestro propio espacio.

La empatía no significa olvidarnos de nosotros mismos

Ser empáticos significa comprender que nuestros padres pueden tener miedo, sentirse vulnerables o necesitar más apoyo.

Pero la empatía también debe aplicarse hacia nosotros mismos.

Tenemos derecho a cansarnos.

Tenemos derecho a descansar.

Tenemos derecho a decir que no.

Tenemos derecho a pedir ayuda.

Tenemos derecho a continuar con nuestras actividades.

Y tenemos derecho a vivir sin sentir que cada momento que dedicamos a nosotros mismos es una traición hacia quienes amamos.

Recomendaciones para cuidar sin perder nuestra propia vida

Si actualmente estás cuidando a un familiar, puedes comenzar revisando qué aspectos de tu vida has dejado completamente de lado.

Pregúntate:

  • ¿Qué actividades disfrutaba antes de convertirme en cuidador?

  • ¿Cuándo fue la última vez que hice algo solamente para mí?

  • ¿Estoy descansando lo suficiente?

  • ¿Estoy permitiendo que otros familiares me ayuden?

  • ¿Estoy haciendo por mi familiar cosas que todavía puede realizar por sí mismo?

  • ¿La culpa está tomando decisiones por mí?

Recuperar tu vida no requiere abandonar tus responsabilidades. Puede comenzar con pequeños espacios.

Una hora para caminar.

Una comida con amigos.

Una tarde para descansar.

Una actividad que habías dejado.

Un proyecto personal.

Pequeños espacios pueden convertirse en una manera de recuperar el equilibrio.

Preguntas frecuentes sobre cuidar a los padres sin dejar de vivir

  1. ¿Está mal querer tener tiempo para mí mientras cuido a mis padres?

    No. Tener tiempo personal es una necesidad humana. El descanso y las actividades personales pueden ayudarte a conservar tu bienestar y evitar un agotamiento mayor.

  2. ¿Por qué siento culpa cuando dejo solos a mis padres?

    La culpa puede surgir porque existe preocupación por su bienestar y porque puedes sentir que eres responsable de todo lo que les sucede. Establecer una red de apoyo puede ayudarte a compartir esa responsabilidad.

  3. ¿Cómo puedo decirles que necesito espacio sin hacerlos sentir abandonados?

    Puedes comunicarlo con claridad y empatía. Explica cuándo estarás disponible y, cuando sea necesario, busca a otra persona que pueda acompañarlos durante el tiempo en que tú estés realizando tus actividades.

  4. ¿Cuidar demasiado puede hacer dependiente a un adulto mayor?

    Sí, cuando hacemos por la persona actividades que todavía puede realizar por sí misma podemos reducir innecesariamente su autonomía. Siempre que sea posible, es recomendable fomentar su participación y capacidad de decisión.

  5. ¿Cómo continuar con mi vida después de la muerte de mis padres sin sentir culpa?

    Continuar viviendo no significa olvidar. Puedes mantener su memoria y al mismo tiempo permitirte trabajar, convivir, reír, hacer nuevos proyectos y experimentar momentos de felicidad. El duelo puede acompañar tu vida sin tener que detenerla por completo.

Nuestros servicios

En Columbario Ciprés comprendemos que el cuidado, la enfermedad y la muerte forman parte de procesos familiares profundamente emocionales. Cuando llega el momento de despedir a un ser querido, contar con un espacio digno para sus cenizas puede convertirse en parte importante de ese proceso.

Ponemos a disposición diferentes alternativas:

Contamos con opciones de nichos para cenizas, diseñados para brindar un lugar permanente donde las familias puedan visitar y honrar a sus seres queridos.

También ponemos a disposición criptas para cenizas, así como nichos para urnas para quienes buscan un espacio de resguardo digno y seguro.

Si necesitas orientación sobre alternativas funerarias y el resguardo de las cenizas, también puedes conocer nuestros servicios como funeraria en Cuernavaca.

Cuidar a nuestros padres puede ser una expresión profunda de amor. Pero también debemos recordar algo fundamental: acompañar a quienes amamos no significa dejar de vivir nuestra propia vida.

Podemos estar, apoyar, cuidar y amar, sin quedarnos paralizados.

Porque seguir viviendo también forma parte de nuestra responsabilidad con nosotros mismos.

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