Extracto de la entrevista de la Tanatóloga Karen Bejar a Marlen Loman
La muerte de un ser querido puede cambiar para siempre la manera en que recordamos una conversación. Una llamada que parecía cotidiana puede convertirse, después de la pérdida, en uno de los recuerdos más importantes de nuestra vida.
A veces, antes de morir, una persona deja un mensaje que no sabemos dimensionar en ese momento. Puede ser una despedida, una recomendación, una expresión de amor o simplemente unas palabras que adquieren un significado completamente distinto después de su ausencia.
En este caso, un hermano llamó a su hermana para decirle algo que parecía difícil de comprender: “Me voy a morir”. Y después dejó una petición que permanecería en su memoria: “Disfruta tu vida, vive, no te quedes con ganas de nada”.
Cuando una conversación cotidiana se convierte en un recuerdo para toda la vida
La escena comienza como muchas conversaciones entre hermanos. Ella estaba trabajando en su oficina cuando recibió una llamada.
Él le preguntó qué estaba haciendo y, en medio de esa conversación aparentemente normal, pronunció unas palabras que hicieron que ella detuviera lo que estaba haciendo y le prestara toda su atención.
Le dijo que iba a morir.
Su hermana, sorprendida, respondió que no dijera tonterías. Sin embargo, él insistió en que lo escuchara.
Después vino un mensaje que, con el paso del tiempo, adquiriría un enorme significado: disfrutar la vida, no dejar cosas pendientes y atreverse a hacer aquello que realmente se desea.
Transcripción
Me dijo que iba a morir… y murió al día siguiente
"Estaba yo en mi oficina, recibo su llamada y me dice: “¿Qué haces, hermana?”. Le digo: “Ay, estoy aquí trabajando”, y me dijo algo que me hizo parar, me hizo ponerle atención. Me dijo: “Marlene, me voy a morir”. Y le dije: “Ay, no me digas tonterías, ¿qué te pasa?”. Me dice: “Óyeme, escúchame. Me voy a morir y solo quiero que sepas que tienes que disfrutar tu vida, disfrútala. O sea, no dejes de hacer nada, no dejes, no dejes nada, nada, nada”. Dice: “Pero me gustaría poderme hacer un tatuaje. Pero ¿qué te parece si te paso unos diseños y nos hacemos un tatuaje? Hazme una cita para el sábado”. Él me habló un martes. Él falleció un miércoles en la madrugada. Pero me acuerdo mucho: “Disfruta, vive tu vida, haz lo que quieras, vive, vive al máximo, no te quedes con ganas de nada”."
Tanatóloga: Karen Bejar
Invitada: Marlen Loman
“Me voy a morir”: por qué unas palabras pueden adquirir otro significado después de la pérdida
Cuando alguien muere, nuestra memoria comienza a recorrer momentos que antes parecían ordinarios.
Una llamada, un mensaje, una comida, una fotografía o una frase pueden adquirir un significado completamente diferente porque ahora forman parte de la historia que conservamos de esa persona.
En el duelo es frecuente regresar mentalmente a las últimas conversaciones y preguntarnos qué significaban determinadas palabras.
En ocasiones podemos pensar: “¿Por qué me dijo eso?”, “¿habrá sabido que iba a morir?” o “¿por qué no entendí lo que estaba tratando de decirme?”.
Es importante tener cuidado con estas preguntas. No siempre podemos conocer con certeza qué sabía, qué pensaba o qué pretendía expresar otra persona en sus últimos momentos.
Lo que sí podemos reconocer es el significado que esas palabras tienen hoy para quien permanece.
El duelo también transforma el significado de las palabras
Antes de una pérdida, decir “disfruta tu vida” puede parecer un consejo más.
Después de la muerte de alguien querido, esa misma frase puede convertirse en una especie de legado emocional.
No necesariamente porque la persona haya dejado instrucciones sobre cómo vivir, sino porque sus palabras quedaron asociadas a un momento que posteriormente se volvió definitivo.
Por eso algunas frases permanecen durante años.
No porque eliminen el dolor, sino porque pueden acompañar a quien está atravesando el duelo.
En este caso, el mensaje de aquel hermano puede entenderse como una invitación a no posponer permanentemente la vida: hacer aquello que nos importa, cuidar los vínculos y reconocer que el tiempo no está completamente bajo nuestro control.
“No te quedes con ganas de nada”: vivir no significa ignorar el dolor
Cuando escuchamos frases como “vive al máximo” podemos interpretarlas como una obligación de ser felices todo el tiempo.
Pero vivir plenamente no significa estar alegre permanentemente.
Tampoco significa ignorar el duelo, apresurarse a superar una pérdida o sentir que debemos aprovechar cada segundo para demostrar que estamos vivos.
Después de una muerte, también necesitamos tiempo para llorar, extrañar, enojarnos, recordar y adaptarnos a una realidad diferente.
Disfrutar la vida y vivir un duelo pueden coexistir.
Podemos sentir tristeza por alguien que murió y, al mismo tiempo, disfrutar una comida, salir con amigos, viajar, trabajar, reír o comenzar un proyecto.
Una cosa no cancela la otra.
El tatuaje como símbolo de una promesa y un recuerdo
Dentro de la conversación aparece también una idea aparentemente sencilla: hacerse un tatuaje juntos.
Después de la muerte, ese detalle puede adquirir una carga emocional especial.
Los objetos, fotografías, canciones, lugares o rituales pueden convertirse en formas de mantener un vínculo simbólico con quien murió.
Un tatuaje puede representar diferentes cosas para cada persona: una fecha, una frase, una imagen, un símbolo compartido o simplemente el recuerdo de una conversación.
No existe una única manera correcta de conservar la memoria de alguien.
Lo importante es que el recuerdo tenga un significado para quien está viviendo el duelo y no se convierta en una obligación de permanecer anclado al pasado.
Cuando la muerte llega demasiado pronto
Hay pérdidas que producen una sensación particular de interrupción.
Quedan planes que no se realizaron, conversaciones pendientes, lugares a los que ya no se acudirá juntos y proyectos que quedaron suspendidos.
En este caso, la conversación del martes y la muerte ocurrida durante la madrugada del miércoles hacen evidente la rapidez con la que puede cambiar una vida.
Esa cercanía temporal puede hacer que la persona superviviente vuelva una y otra vez a ese último diálogo.
Puede aparecer el deseo de haber preguntado más, haber escuchado de otra manera o haber entendido mejor lo que estaba ocurriendo.
Sin embargo, reconstruir constantemente aquella conversación no permite cambiar lo sucedido.
El trabajo del duelo consiste, poco a poco, en aprender a convivir con lo que ocurrió y con todo aquello que quedó sin posibilidad de realizarse.
¿Cómo aprovechar la vida después de perder a alguien?
A veces una pérdida nos obliga a preguntarnos qué estamos haciendo con nuestro propio tiempo.
No porque la muerte de alguien nos imponga la obligación de cambiar radicalmente nuestra vida, sino porque nos recuerda que nuestras relaciones y experiencias tienen un valor que solemos postergar.
Podemos comenzar con decisiones sencillas:
Decirle a alguien que lo queremos.
Hacer esa llamada que llevamos meses posponiendo.
Pedir perdón cuando sea necesario.
Aceptar que algunas relaciones necesitan límites.
Retomar una actividad que nos hacía bien.
Dar espacio a nuestros proyectos personales.
Pasar tiempo de calidad con las personas importantes.
Dejar de aplazar indefinidamente aquello que realmente valoramos.
Vivir no significa cumplir una lista interminable de experiencias. Significa prestar atención a aquello que realmente tiene sentido para nosotros.
El duelo no consiste en olvidar a quien murió
Uno de los temores frecuentes después de una pérdida es pensar que seguir adelante significa dejar atrás a la persona.
No es así.
Seguir viviendo no borra la relación que existió.
Podemos construir nuevas experiencias y continuar teniendo presente a quien murió. La memoria cambia con el tiempo, pero el vínculo emocional puede permanecer de diferentes maneras.
En algunos momentos recordaremos una frase. En otros, una fotografía, una canción, una comida o una anécdota.
Y habrá días en los que la ausencia vuelva a sentirse con mucha intensidad.
Todo esto puede formar parte del proceso de duelo.
Recomendaciones para transformar un recuerdo en una forma de vivir
Si las últimas palabras de un ser querido quedaron grabadas en tu memoria, no necesitas convertirlas en una exigencia.
Puedes permitir que sean una invitación.
Pregúntate qué significa para ti “disfrutar la vida”. Tal vez no sea hacer grandes viajes ni realizar cambios extraordinarios. Puede ser simplemente estar más presente, llamar a tu familia, cuidar tu salud emocional, recuperar una afición o dejar de posponer una conversación importante.
También es válido reconocer que, después de una pérdida, disfrutar puede resultar difícil.
No tienes que sentirte culpable por reír o por pasar un buen momento. Tampoco tienes que obligarte a hacerlo antes de estar preparado.
El duelo y la vida pueden avanzar juntos.
Preguntas frecuentes sobre vivir después de la muerte de un ser querido
¿Es normal recordar constantemente las últimas palabras de una persona fallecida?
Sí. Las últimas conversaciones pueden adquirir una enorme importancia emocional después de una pérdida. Es posible recordarlas repetidamente, especialmente durante las primeras etapas del duelo.
¿Qué hago si siento culpa por no haber entendido lo que mi familiar quería decirme?
Es común reinterpretar conversaciones después de una muerte. Sin embargo, no podemos juzgar una conversación pasada utilizando información que solamente adquirimos después de conocer el desenlace. Hablarlo con un profesional puede ayudar a trabajar esa culpa.
¿Seguir disfrutando la vida significa que estoy olvidando a la persona que murió?
No. Disfrutar, reír, salir o continuar con tus proyectos no significa olvidar a quien murió. El duelo no exige permanecer en sufrimiento permanente para demostrar amor.
¿Cómo puedo honrar las últimas palabras de un ser querido?
Puedes hacerlo de una manera que tenga significado para ti. Puede ser cuidando tus relaciones, retomando un proyecto, realizando una actividad que compartían o simplemente procurando vivir de acuerdo con aquello que consideras importante.
¿Cuándo debería buscar ayuda profesional durante el duelo?
Buscar acompañamiento tanatológico o psicológico puede ser útil cuando sientes que el dolor está siendo demasiado difícil de manejar, cuando la pérdida está afectando significativamente tu vida cotidiana o cuando necesitas un espacio seguro para expresar lo que estás viviendo.
Nuestros servicios
En Columbario Ciprés comprendemos que despedir a una persona querida no significa únicamente resolver los aspectos relacionados con sus restos. También implica encontrar un espacio digno para conservar su memoria y atravesar un proceso profundamente personal.
Contamos con opciones como nichos para cenizas, criptas para cenizas y nichos para urnas, además de servicios funerarias en Cuernavaca.
Nuestro objetivo es ofrecer alternativas para que las familias puedan encontrar un lugar digno donde mantener presente el recuerdo de quienes ya no están físicamente.
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