Extracto de la entrevista de la Tanatóloga Karen Bejar a Marlen Loman
Cuando una persona supera un cáncer, la familia suele sentir que finalmente puede respirar.
Después de los tratamientos, las revisiones médicas y los años de incertidumbre, recibir el alta puede convertirse en una celebración que representa mucho más que una buena noticia médica: significa recuperar planes, rutinas y la posibilidad de imaginar nuevamente el futuro.
Pero ¿qué ocurre cuando, años después, aparece otra enfermedad?
Para una familia, puede ser especialmente doloroso descubrir que aquella persona que había logrado superar un cáncer vuelve a enfrentarse a un diagnóstico grave.
En este relato, un joven de apenas 26 años fue diagnosticado con seminoma, un tipo de cáncer testicular. Atravesó una cirugía y tratamiento oncológico, logró superar la enfermedad y permaneció diez años sin cáncer.
La familia celebró aquel día con algo tan sencillo como agua de limón.
Diez años después, llegó otro diagnóstico: un linfoma no Hodgkin.
Y aquella historia que parecía haber terminado tuvo un desenlace que nadie esperaba.
Cuando el cáncer llega a los 26 años
Recibir un diagnóstico de cáncer a los 26 años puede transformar de manera abrupta la vida de una persona.
En esta historia, el hermano fue diagnosticado con seminoma, un tipo de tumor de células germinales que puede presentarse en el testículo.
A esa edad, enfrentarse a una enfermedad oncológica implica no solamente atravesar tratamientos médicos. También puede significar confrontar preguntas sobre el futuro, el cuerpo, la sexualidad, los proyectos personales y la propia posibilidad de morir.
Para él fue especialmente duro.
Tuvo que someterse a la extirpación de un testículo y recibir el tratamiento indicado por su equipo médico.
Pero consiguió superar aquella primera etapa.
Transcripción
A los 26 venció el cáncer; a los 36 perdió la batalla
"Mi hermano fue diagnosticado con seminoma, que es cáncer de testículo, a los 26 años. Para él fue muy duro que, a sus 26 años, pues le extirparon un testículo, estuvo con la terapia esta que les dan y él logra vencer el cáncer y estuvo 10 años limpio. Me acuerdo que llegó a la casa y se quitó los zapatos y traía talco en los calcetines y dejó todo el piso de huellitas, porque estaba súper contento, porque ya lo habían dado de alta. Ese día celebramos con agua de limón. Me acuerdo perfectamente que hicimos agua de limón y celebramos que lo habían dado de alta de oncología. Estuvo súper bien desde ese año. Justo, justo 10 años después, le llega en forma de linfoma no Hodgkin y lo mata a los 36 años."
Tanatóloga: Karen Bejar
Invitada: Marlen Loman
El día en que el alta médica se convirtió en una celebración familiar
Hay momentos que quedan grabados en la memoria por detalles que, en otro contexto, podrían parecer insignificantes.
En este caso, no fue una gran fiesta.
Fue agua de limón.
Fue llegar a casa.
Fue quitarse los zapatos.
Fue caminar por el piso dejando pequeñas huellas de talco.
Pero precisamente esos detalles son los que pueden permanecer durante años.
La familia sabía que había pasado por una etapa difícil y que finalmente había recibido el alta de oncología.
Por eso aquel día representaba una recuperación de la esperanza.
El cáncer parecía formar parte del pasado.
Y durante los siguientes años, la familia pudo vivir con esa sensación de tranquilidad.
Diez años sin cáncer y la sensación de haber recuperado la vida
Después de un diagnóstico oncológico, el tiempo adquiere otro significado.
Un año puede representar una nueva oportunidad.
Cinco años pueden sentirse como una enorme victoria.
Diez años pueden hacer que aquella etapa parezca definitivamente cerrada.
Para la familia, esos diez años fueron años de normalidad y de vida.
El hermano pudo continuar con su historia después del cáncer testicular.
Por eso el nuevo diagnóstico resultó todavía más difícil de comprender.
No era simplemente enfrentarse a otra enfermedad.
Era descubrir que una persona que parecía haber dejado atrás el cáncer tenía que comenzar nuevamente un proceso médico completamente diferente.
Cuando aparece un segundo diagnóstico después de años de tranquilidad
La aparición de una nueva enfermedad puede generar una mezcla de emociones muy compleja.
Puede aparecer incredulidad.
Miedo.
Enojo.
Confusión.
También puede surgir una pregunta difícil: “¿Por qué otra vez?”
Es importante distinguir entre una recaída y un diagnóstico diferente. No todas las enfermedades que aparecen después de un cáncer previo significan que el primer cáncer regresó.
En este caso, el relato habla de un linfoma no Hodgkin, una enfermedad diferente al seminoma que había enfrentado diez años antes.
Para la familia, sin embargo, la distinción médica no elimina el impacto emocional.
Después de haber acompañado a alguien durante un cáncer, escuchar nuevamente la palabra “cáncer” puede reactivar recuerdos, temores y experiencias que parecían haber quedado atrás.
El duelo puede comenzar desde el nuevo diagnóstico
El duelo no comienza necesariamente el día de la muerte.
Cuando aparece una enfermedad grave, algunas familias comienzan a experimentar pérdidas anticipadas.
Puede aparecer el miedo a perder a la persona.
También pueden cambiar las rutinas, los planes y la manera de relacionarse.
La familia puede comenzar a imaginar escenarios que todavía no han ocurrido.
Esto puede generar una experiencia conocida como duelo anticipado.
No significa que la persona haya dejado de tener esperanza.
Significa que la posibilidad de una pérdida empieza a formar parte de la realidad emocional de la familia.
Por eso es posible experimentar tristeza incluso mientras se continúa esperando que el tratamiento funcione.
La memoria del primer cáncer puede regresar
Cuando alguien ya ha atravesado un cáncer, un nuevo diagnóstico puede reactivar recuerdos de aquella primera etapa.
La familia puede recordar hospitales, tratamientos, consultas, estudios, incertidumbre y momentos de miedo.
Pero también puede recordar la recuperación.
En esta historia existe una imagen especialmente poderosa: el hermano llegando a casa después de recibir el alta, dejando huellas de talco por el piso mientras celebraban con agua de limón.
Ese recuerdo contiene algo importante.
No solamente habla de una enfermedad.
Habla de una vida que continuó.
De una familia que celebró.
De una persona que se sintió feliz porque había recibido una buena noticia.
Cuando la esperanza y el miedo existen al mismo tiempo
Durante una enfermedad grave, las familias pueden experimentar emociones aparentemente contradictorias.
Se puede tener esperanza y miedo al mismo tiempo.
Se puede celebrar un resultado médico y, horas después, sentir preocupación por el siguiente estudio.
Se puede creer en el tratamiento y también tener miedo de perder a la persona.
Estas emociones no se contradicen.
El duelo y la esperanza no siempre avanzan en líneas separadas.
En muchas familias pueden coexistir durante largos periodos.
Por eso no es necesario juzgarse por sentir miedo cuando todavía existe esperanza, ni sentirse culpable por mantener esperanza cuando la situación es complicada.
La segunda enfermedad no borra los diez años de vida
Después de una muerte puede aparecer la tentación de mirar toda la historia desde el desenlace.
Pero la muerte no convierte los años anteriores en una espera de lo inevitable.
Es importante recordar que aquellos diez años existieron.
Hubo días normales.
Hubo reuniones familiares.
Hubo proyectos.
Hubo momentos de alegría.
Hubo una celebración con agua de limón.
Hubo una persona que recibió la noticia de que había terminado una etapa difícil y que pudo continuar viviendo.
El diagnóstico posterior no elimina todo aquello.
Una enfermedad puede cambiar el final de una historia, pero no puede borrar la vida que ocurrió antes.
El recuerdo de una persona es mucho más que su enfermedad
Cuando alguien muere después de una enfermedad larga, existe el riesgo de que los últimos años ocupen demasiado espacio en la memoria.
Recordamos hospitales.
Tratamientos.
Cambios físicos.
Cansancio.
Preocupación.
Pero una persona no es su diagnóstico.
No es el cáncer que tuvo a los 26 años.
No es el linfoma que apareció diez años después.
Es también el hermano que dejó huellas de talco en el piso.
El hombre que se alegró de recibir el alta.
La persona con quien se compartieron momentos familiares.
Recordar su vida completa puede ayudar a que la enfermedad no sea la única historia que quede de él.
¿Cómo afrontar el duelo después de una enfermedad prolongada?
Cuando la muerte ocurre después de una enfermedad grave, el duelo puede tener características particulares.
La familia puede sentir tristeza por la pérdida, pero también agotamiento después de años de preocupación.
Puede existir alivio porque terminó el sufrimiento, seguido de culpa por sentir ese alivio.
Puede aparecer enojo por el nuevo diagnóstico.
También pueden aparecer recuerdos de diferentes etapas de la enfermedad.
Todas estas emociones pueden coexistir.
No existe una forma única de vivir el duelo después de una enfermedad oncológica.
Lo importante es contar con espacios donde sea posible hablar sin ser juzgado.
Recomendaciones para recordar la vida y no solamente la enfermedad
Después de una pérdida relacionada con el cáncer, puede ser útil recuperar conscientemente la historia completa de la persona.
Recordar cómo era antes de enfermar.
Hablar de sus gustos.
Compartir fotografías.
Contar anécdotas que no tengan relación con hospitales.
Recordar celebraciones familiares.
Hablar de aquello que disfrutaba.
Y también conservar aquellos pequeños detalles que adquirieron un significado especial.
En este caso, quizá algún día una persona de la familia vuelva a preparar agua de limón y recuerde aquel día.
No como una escena relacionada únicamente con la enfermedad, sino como el día en que todos celebraron que alguien querido había recibido una nueva oportunidad para continuar con su vida.
Preguntas frecuentes sobre el duelo después del cáncer
¿Una segunda enfermedad después de un cáncer significa que el primer cáncer regresó?
No necesariamente. Existen diferentes tipos de cáncer y enfermedades oncológicas que pueden aparecer posteriormente. Para determinar si existe una recaída, un segundo cáncer u otra condición es indispensable contar con la evaluación y diagnóstico del equipo médico.
¿Es normal sentir miedo cuando un familiar vuelve a recibir un diagnóstico de cáncer?
Sí. Una nueva enfermedad puede reactivar recuerdos y emociones relacionadas con la experiencia anterior. Es posible sentir miedo, enojo, tristeza o incertidumbre incluso cuando todavía existe esperanza de recuperación.
¿Qué es el duelo anticipado?
Es el conjunto de emociones que pueden aparecer cuando una persona o su familia perciben que existe la posibilidad de una pérdida futura. Puede presentarse durante enfermedades graves y puede incluir tristeza, miedo, preocupación y cambios en la forma de relacionarse.
¿Es normal sentir alivio después de la muerte de un familiar que tuvo una enfermedad larga?
Puede ocurrir. Cuando una persona ha atravesado una enfermedad prolongada, la familia también puede experimentar alivio porque terminaron el sufrimiento, la incertidumbre o el desgaste. Sentir alivio no significa amar menos a la persona fallecida.
¿Cómo puedo recordar a mi familiar más allá de su enfermedad?
Una buena forma es recuperar la historia completa de su vida: sus gustos, relaciones, anécdotas, logros, fotografías y momentos cotidianos. La enfermedad fue una parte de su historia, pero no representa toda la persona que fue.
Nuestros servicios
En Columbario Ciprés sabemos que detrás de cada despedida existe una historia familiar, llena de recuerdos, vínculos y momentos que merecen conservarse.
Contamos con espacios para preservar dignamente las cenizas de un ser querido, incluyendo nichos para cenizas, criptas para cenizas y nichos para urnas.
También ofrecemos servicios de funerarias en Cuernavaca, acompañando a las familias en el proceso de despedida.
Conservar las cenizas en un espacio digno puede convertirse en una manera de mantener un lugar para la memoria y recordar a la persona por toda su vida, no solamente por la enfermedad que atravesó.
Accede al episodio completo.