Extracto de la entrevista de la Tanatóloga Karen Bejar a Tanatóloga Jessica Quiñones
Cuando una niña o un niño atraviesa una pérdida, no siempre tiene las palabras necesarias para explicar lo que siente. Puede no decir “estoy triste”, “extraño a mi papá” o “me preocupa lo que está pasando en casa”. Sin embargo, eso no significa que no esté comunicando algo.
El cuerpo también habla.
La manera en que un niño entra al salón, se sienta, participa, se relaciona con sus compañeros o responde ante determinadas situaciones puede ofrecer señales sobre cambios en su estado emocional.
Por eso, la escucha activa durante el duelo infantil no se limita a escuchar palabras. También implica observar con sensibilidad, reconocer cambios y estar atentos a aquello que el niño comunica mediante su lenguaje no verbal.
Esto no significa interpretar cada gesto como una señal de duelo ni intentar diagnosticar lo que ocurre únicamente observando su comportamiento. Significa aprender a mirar al niño de manera integral y preguntarnos qué puede estar necesitando.
¿Cómo expresa un niño el duelo cuando no puede ponerlo en palabras?
Los niños pueden experimentar emociones complejas frente a una pérdida, pero no siempre cuentan con el vocabulario o la madurez emocional para describirlas.
Un adulto puede decir “estoy atravesando un duelo”. Un niño pequeño quizá simplemente deje de participar como antes, permanezca callado, busque estar solo o cambie su manera de relacionarse.
Por eso, en el entorno escolar es importante observar más allá de lo que el estudiante dice.
Su cuerpo, sus expresiones y sus acciones pueden convertirse en otra forma de comunicación.
La postura, la mirada, la manera de sentarse, la energía con la que participa o incluso la decisión de mantenerse alejado durante el recreo pueden ser señales que merecen atención cuando representan un cambio respecto a su comportamiento habitual.
La pregunta no debería ser inmediatamente “¿qué le pasa?”, sino:
“¿Qué ha cambiado y cómo puedo acercarme para comprenderlo?”
El lenguaje no verbal también forma parte de la escucha activa
Escuchar activamente no consiste únicamente en esperar a que otra persona termine de hablar para responder.
Implica prestar atención a lo que comunica con sus palabras, pero también a sus expresiones, silencios y comportamiento.
En el caso de un niño en duelo, esto puede ser especialmente importante porque quizá no verbalice directamente su experiencia.
Un docente puede notar que un estudiante que anteriormente llegaba con entusiasmo ahora entra al salón con una actitud diferente. Puede observar que participa menos, evita mirar a los demás o permanece más retraído.
Ninguna de estas señales confirma por sí sola que exista un duelo. Pero un conjunto de cambios puede indicar que vale la pena acercarse.
La observación debe ser el inicio de una conversación, no el sustituto de ella.
Transcripción
Las señales invisibles del duelo infantil que un docente debe aprender a mirar
A veces la escucha activa no solamente tiene que ver con el lenguaje verbal porque el lenguaje no verbal habla muchísimo y si nosotros nos detenemos y observamos al niño y observamos sus cambios, sus reacciones, también podemos ver muchísimo de este sentir, de estos cambios, cómo el niño habla su cuerpo sin decir una sola palabra. Cómo se relaciona, cómo es su concepción, cómo a veces desde la postura, desde cómo llega, desde cómo participa y como dices es importante que el docente yo considero acompañe desde lo invisible, desde lo que no es posible ver, pero si percibir, pero si que nos dice la mirada triste, que nos dice la retracción que hay en el cuerpo, entonces me parece muy muy interesante que que seamos sensibles a eso.
Tanatóloga: Karen Bejar
Invitada: Tanatóloga Jessica Quiñones
¿Qué señales no verbales pueden observarse en un niño en duelo?
Cada niño expresa el dolor de manera diferente. Por eso, no existe un lenguaje corporal universal del duelo.
Sin embargo, algunos cambios pueden llamar la atención cuando aparecen después de una pérdida o representan una modificación significativa respecto al comportamiento habitual.
Una mirada más triste o ausente
La mirada puede cambiar cuando un niño está preocupado, cansado o emocionalmente afectado.
Un estudiante que antes buscaba constantemente la interacción puede mostrarse más serio o permanecer pensativo durante largos periodos.
La mirada por sí sola no permite conocer qué siente. Pero cuando se acompaña de otros cambios, puede ser una señal para acercarse con cuidado.
En lugar de preguntarle repetidamente “¿qué tienes?”, un docente puede simplemente transmitir disponibilidad:
“Te noto un poco diferente estos días. Si quieres hablar conmigo, estoy aquí.”
Retracción corporal y menor expresión
El cuerpo puede mostrar una disminución de energía o una tendencia a ocupar menos espacio.
El niño puede permanecer encorvado, mantener los brazos cerca del cuerpo, hablar menos o evitar determinadas interacciones.
Nuevamente, esto no significa automáticamente que esté viviendo un duelo. Puede existir cansancio, ansiedad, problemas escolares, dificultades familiares u otras circunstancias.
Por eso, la observación debe ir acompañada de contexto.
Cambios en la participación
Un estudiante que solía participar activamente puede comenzar a mantenerse al margen.
Quizá ya no levanta la mano, evita trabajar en equipo o prefiere permanecer en silencio durante las actividades.
También puede ocurrir lo contrario: algunos niños aumentan su actividad o buscan constantemente la atención de los adultos.
El duelo no tiene una única expresión conductual.
Lo importante es reconocer el cambio respecto a lo que era habitual para ese niño.
Cambios en la forma de relacionarse
La pérdida puede modificar temporalmente la manera en que el niño se relaciona con sus compañeros.
Puede buscar más cercanía, aislarse, irritarse con facilidad o perder interés en juegos que anteriormente disfrutaba.
En algunos casos, puede acercarse especialmente a un adulto porque necesita mayor sensación de seguridad.
Observar estas variaciones puede ayudar al docente a comprender que detrás de una conducta existe una posible necesidad emocional.
“El cuerpo habla”: comprender lo que el niño comunica sin palabras
Cuando se dice que el cuerpo “habla”, no significa que podamos traducir cada movimiento en una emoción específica.
No existe una fórmula como:
“Si cruza los brazos, está triste”.
La realidad es mucho más compleja.
El lenguaje no verbal adquiere significado cuando se observa dentro del contexto y, sobre todo, cuando existe un cambio respecto a la conducta habitual del niño.
Por ejemplo, un estudiante que siempre se sienta cerca de sus amigos y de repente busca permanecer solo puede estar comunicando que algo cambió.
Pero antes de concluir que se trata de duelo, es necesario considerar otras posibilidades.
La observación responsable no busca etiquetar al niño. Busca abrir una puerta para acompañarlo.
Acompañar “desde lo invisible”: la importancia de estar presentes
Hay aspectos del acompañamiento emocional que no siempre pueden medirse ni verse directamente.
Un docente puede no saber exactamente qué está pensando un niño, pero puede percibir que algo no está bien.
Puede notar una mirada diferente, una postura más cerrada, un silencio que antes no existía o una ausencia emocional dentro de una actividad.
Acompañar desde lo invisible significa precisamente estar atentos a esas pequeñas señales sin exigir que el niño tenga que explicar todo.
Puede ser sentarse cerca.
Preguntar cómo se encuentra.
Dar unos minutos adicionales.
Permitir un momento de silencio.
Recordarle que puede acercarse cuando lo necesite.
En ocasiones, el niño quizá no responda nada. Pero puede quedarse con la sensación de que existe un adulto que lo ve y está disponible.
Eso también es acompañar.
Observar no significa invadir la privacidad del niño
La sensibilidad hacia el lenguaje no verbal debe ir acompañada de respeto.
Un docente no necesita analizar constantemente al estudiante ni interpretar cada movimiento. Tampoco debería comentarle delante de sus compañeros que “se ve triste” o preguntarle públicamente qué le ocurre.
La observación debe utilizarse para acercarse con discreción.
Una conversación privada puede comenzar con algo sencillo:
“He notado que últimamente estás más callado. ¿Hay algo que quieras contarme?”
Si responde que no, esa respuesta debe respetarse.
También puede decírsele:
“Está bien. Si después quieres hablar, puedes venir conmigo.”
De esta manera, el docente ofrece una puerta abierta sin obligar al niño a cruzarla.
La escucha activa también implica respetar los silencios
Uno de los errores más frecuentes al intentar acompañar a un niño es sentir que cada silencio debe llenarse.
El adulto puede comenzar a hacer preguntas una tras otra porque necesita saber qué está pasando.
Pero el silencio también puede ser parte del proceso.
Un niño puede necesitar tiempo para ordenar sus pensamientos antes de hablar. Puede no saber cómo explicar lo que siente o simplemente no querer hacerlo en ese momento.
Respetar el silencio no significa ignorarlo.
Significa permanecer disponible sin convertir la conversación en un interrogatorio.
A veces, sentarse junto al niño y permitir unos segundos de tranquilidad puede comunicar más seguridad que intentar encontrar constantemente las palabras correctas.
¿Cómo puede un docente desarrollar una mirada más sensible?
La sensibilidad hacia el duelo infantil puede comenzar con algo tan sencillo como conocer a sus estudiantes.
Observar cómo suelen comportarse cuando están tranquilos, cómo participan, con quién se relacionan y cuáles son sus rutinas permite identificar cambios significativos.
También es importante evitar interpretaciones rápidas.
Un niño que está retraído no necesariamente está en duelo. Un niño distraído no necesariamente está desinteresado. Un estudiante que no quiere jugar puede estar cansado o atravesar un conflicto con un compañero.
Por eso, la observación debe acompañarse de preguntas, comunicación con la familia cuando sea pertinente y, si es necesario, orientación profesional.
El docente no necesita convertirse en especialista en diagnóstico emocional.
Necesita aprender a observar, escuchar y acompañar.
Qué hacer cuando percibes señales de duelo en un niño
Si un docente nota cambios importantes después de una pérdida, puede comenzar con acciones sencillas:
Acercarse de manera privada. Evitar conversaciones frente al grupo.
Nombrar lo que observa sin interpretarlo. Por ejemplo: “He notado que estás participando menos”.
Dar espacio para hablar. Preguntar si hay algo que quiera compartir.
Respetar el silencio. No insistir si no desea conversar.
Mantener rutinas. La estructura escolar puede proporcionar seguridad.
Informarse con la familia. Cuando corresponda, compartir observaciones concretas y respetuosas.
Solicitar apoyo profesional si es necesario. Especialmente cuando los cambios son persistentes o interfieren significativamente con la vida escolar y cotidiana.
Si el niño expresa deseos de hacerse daño o de no querer vivir, la situación requiere atención inmediata y deben activarse los protocolos de protección y atención urgente correspondientes.
Recomendaciones para escuchar a un niño en duelo más allá de sus palabras
Para desarrollar una escucha activa y sensible, recuerda:
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Observa antes de interpretar.
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Conoce el comportamiento habitual del niño para identificar cambios.
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Presta atención a sus palabras, silencios y expresiones.
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No conviertas una señal en un diagnóstico.
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Pregunta con respeto y en privado.
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Acepta que puede no querer hablar.
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Permanece disponible después de la conversación.
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Coordina el acompañamiento con la familia cuando sea apropiado.
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Busca apoyo especializado ante dificultades persistentes o señales de riesgo.
La escucha activa durante el duelo infantil no consiste en descubrir inmediatamente qué siente el niño.
Consiste en hacerle saber, mediante nuestras palabras y nuestra presencia, que estamos disponibles para escucharlo cuando encuentre la manera de expresarlo.
A veces el niño habla.
A veces pregunta.
A veces llora.
Y algunas veces simplemente permanece en silencio.
También ahí podemos acompañar.
Preguntas frecuentes sobre el lenguaje no verbal en el duelo infantil
¿Cómo saber si un niño está triste si no dice nada?
Puedes observar cambios respecto a su comportamiento habitual: menor participación, aislamiento, cambios en la manera de relacionarse, una actitud más seria o dificultades para concentrarse. Ninguna señal por sí sola confirma un duelo, por lo que es importante considerar el contexto.
¿El lenguaje corporal permite saber exactamente qué siente un niño?
No. Una postura, una mirada o un gesto pueden tener diferentes significados. El lenguaje no verbal debe considerarse como una señal para acercarse y escuchar, no como una herramienta para diagnosticar emociones.
¿Qué hago si un niño no quiere hablar conmigo?
Respeta su decisión y evita presionarlo. Puedes decirle que estás disponible cuando quiera hablar. Mantener una presencia constante y respetuosa puede ayudarlo a sentirse seguro para acercarse posteriormente.
¿Por qué es importante observar los cambios de comportamiento después de una pérdida?
Porque algunos niños no verbalizan su duelo. Los cambios en la participación, las relaciones o las rutinas pueden indicar que están atravesando una dificultad que merece atención, aunque no puedan explicar qué les sucede.
¿Cuándo debería buscarse apoyo profesional para un niño en duelo?
Cuando los cambios persisten, aumentan o afectan significativamente su aprendizaje, relaciones, sueño, alimentación o actividades cotidianas. Si expresa deseos de hacerse daño o de morir, se requiere atención inmediata.
Nuestros servicios
En Columbario Ciprés sabemos que el duelo no siempre se expresa con palabras. Cada integrante de una familia puede vivir una pérdida de manera diferente, y los niños necesitan especialmente un entorno de comprensión y acompañamiento.
Contamos con alternativas para conservar y honrar la memoria de quienes han partido, como nichos para cenizas, criptas para cenizas, nichos para urnas y Servicios funerarios en Cuernavaca.
Porque acompañar una pérdida también significa aprender a escuchar aquello que a veces no puede decirse con palabras y encontrar formas respetuosas de mantener vivo el recuerdo.