Extracto de la entrevista de la Tanatóloga Karen Bejar a Tanatóloga Jessica Quiñones
Cuando una niña o un niño atraviesa la muerte de un ser querido, la escuela puede convertirse en un espacio de apoyo y seguridad. Sin embargo, también puede ser un lugar donde, por desconocimiento o por no saber cómo actuar, se cometan errores que dificulten la expresión de sus emociones.
Uno de los principales retos para los docentes es comprender que el duelo no desaparece por evitar hablar de él. Tampoco se resuelve pidiéndole al estudiante que sea fuerte, que deje de estar triste o que regrese cuanto antes a su comportamiento habitual.
Acompañar a un niño en duelo requiere sensibilidad, escucha y respeto por sus tiempos. No se trata de encontrar las palabras perfectas, sino de transmitirle que su dolor tiene un lugar y que no necesita ocultarlo para ser aceptado en el salón de clases.
¿Cuáles son los errores más comunes de los docentes ante el duelo infantil?
El duelo infantil puede manifestarse de diferentes maneras: tristeza, aislamiento, irritabilidad, dificultades de concentración o cambios en la participación escolar. Ante estas señales, algunos docentes intentan proteger al estudiante evitando el tema, mientras que otros buscan que recupere rápidamente su rutina.
Aunque estas reacciones pueden surgir de la intención de ayudar, es importante reconocer que evitar el dolor no es lo mismo que acompañarlo.
Entre los errores más comunes se encuentran el silencio impuesto, la presión para mostrarse fuerte y la expectativa de que todo vuelva a la normalidad en poco tiempo.
Transcripción
Los errores que un docente nunca debería cometer ante el duelo de un niño
¿Cuáles son los errores más comunes en tu experiencia que comete un docente dentro de un aula cuando hay un niño atravesando una pérdida? Lo he visto desde dos vertientes. Una, desde la negación, desde el silencio, desde este pensamiento a veces de los docentes donde se cree que si no se habla del tema no sucede o desaparece. Uno de los errores que detecto es ese, el evadir, evadir de cualquier manera, tocar o decir la palabra muerte, pérdida y se trata como de simular como si no pasara nada.
También identifico que hay una presión muy fuerte hacia la niña o el niño de, es que tienes que ser fuerte, es que tienes que salir de esto, pero sin acompañar, sin ser compasivos y sin escuchar, pero respetando mucho sus ritmos, sus tiempos. Y a veces pareciera que tenemos una urgencia por restablecer o llegar a la normalidad. Y sí, es uno de los errores que detecto, el forzar a que todo vuelva a ser como antes sin entender esos procesos.
Tanatóloga: Karen Bejar
Invitada: Tanatóloga Jessica Quiñones
Error 1. Evitar hablar de la muerte y actuar como si nada hubiera pasado
Uno de los errores que pueden presentarse en el aula es asumir que, si no se menciona la pérdida, el niño sufrirá menos.
Por temor a decir algo incorrecto, incomodar al estudiante o provocar una reacción emocional frente a sus compañeros, el docente puede preferir no hablar del tema. En consecuencia, continúa las actividades como si nada hubiera sucedido y evita cualquier referencia a la persona fallecida.
Sin embargo, el niño puede seguir pensando en su pérdida, aunque nadie la mencione.
El silencio del entorno puede hacerle creer que no debe hablar de lo que siente, que su tristeza incomoda a los demás o que tiene que guardar sus preguntas para sí mismo.
Esto no significa que el maestro deba hablar constantemente de la muerte ni que tenga que abordar el tema frente a todo el grupo. La clave está en no convertir el silencio en una prohibición.
¿Cómo puede actuar un docente sin incomodar al estudiante?
Puede comenzar con una conversación privada y respetuosa, por ejemplo:
“Sé que estás pasando por un momento difícil. No tienes que hablar si no quieres, pero quiero que sepas que puedes acercarte a mí cuando lo necesites”.
Una frase sencilla puede transmitir disponibilidad sin obligar al niño a compartir detalles.
Si el estudiante no desea hablar, es importante respetar su decisión y mantener abierta la posibilidad de escucharlo más adelante.
También conviene utilizar palabras claras y adecuadas para su edad. Hablar de la muerte con honestidad, sin explicaciones confusas ni detalles innecesarios, puede ayudar a que el niño comprenda que no tiene que esconder sus dudas o emociones.
Error 2. Decirle al niño que tiene que ser fuerte
Frases como “tienes que ser fuerte”, “no llores” o “ya tienes que superar esto” suelen decirse con la intención de animar al estudiante.
El problema aparece cuando estas expresiones se convierten en exigencias y no van acompañadas de escucha, comprensión o apoyo emocional.
Una niña o un niño puede interpretar que estar triste es una señal de debilidad o que necesita controlar sus emociones para no decepcionar a los adultos.
El duelo no exige fortaleza permanente. Hay días en los que el estudiante puede participar, jugar y reír; otros días quizá necesite más tranquilidad o se sienta especialmente sensible.
Ambas situaciones pueden formar parte de su proceso.
¿Qué decir en lugar de exigir fortaleza?
En lugar de pedirle que sea fuerte, el docente puede validar lo que siente con expresiones como:
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“Está bien si hoy te sientes triste”.
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“No tienes que resolver todo ahora”.
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“Si quieres hablar, estoy aquí para escucharte”.
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“Cada persona vive estas situaciones de manera diferente”.
Estas palabras no eliminan el dolor, pero ayudan a crear un ambiente en el que el niño puede expresar sus emociones sin temor a ser juzgado.
Acompañar no significa quitarle toda dificultad, sino ofrecerle una presencia confiable mientras aprende a afrontar lo que está viviendo.
Error 3. Presionar para que todo vuelva a la normalidad
Después de una pérdida, es comprensible que los docentes quieran recuperar la dinámica habitual del salón. Las clases continúan, las actividades deben organizarse y el grupo necesita cierta estabilidad.
Sin embargo, un error consiste en esperar que el estudiante vuelva a comportarse exactamente como antes sin considerar los cambios emocionales que puede estar atravesando.
Quizá antes participaba con entusiasmo y ahora prefiere permanecer callado. Puede tener dificultades para concentrarse, necesitar más tiempo para terminar una actividad o sentirse incómodo durante determinadas fechas y celebraciones.
Exigirle que retome inmediatamente su rendimiento o su actitud habitual puede aumentar su sensación de incomprensión.
¿Cómo respetar los tiempos del duelo en la escuela?
Respetar los ritmos del niño no significa dejar de establecer límites o eliminar todas sus responsabilidades escolares. Significa comprender que, temporalmente, puede necesitar ajustes y un acompañamiento diferente.
El docente puede mantener las rutinas que aportan seguridad, explicar las actividades con claridad y ofrecer flexibilidad razonable cuando el contexto lo permita.
También puede observar cómo evoluciona el estudiante y conversar con su familia para conocer qué apoyos podrían resultarle útiles.
La meta no es obligar al niño a ser el de antes, sino ayudarlo a recuperar estabilidad sin invalidar lo que está viviendo.
Error 4. Confundir acompañamiento con intentar solucionar el dolor
Cuando un estudiante sufre, algunos adultos sienten la necesidad de encontrar una frase que lo anime o una explicación que haga desaparecer su tristeza.
Pueden decirle que todo estará bien, recordarle que todavía tiene muchas cosas buenas en su vida o intentar distraerlo cada vez que menciona a la persona fallecida.
Aunque la intención sea positiva, no todas las emociones necesitan una solución inmediata.
En ocasiones, el niño necesita que alguien lo escuche sin interrumpirlo, que reconozca su tristeza y que no intente cambiar lo que siente.
El docente tampoco tiene que convertirse en terapeuta. Su función es ofrecer un entorno seguro, identificar necesidades y facilitar el apoyo correspondiente cuando sea necesario.
Escuchar sin minimizar ni comparar
Es preferible evitar frases como “hay niños que sufren más”, “debes agradecer lo que tienes” o “yo también perdí a alguien y no me pasó nada”.
Cada pérdida tiene un significado particular y cada niño cuenta con recursos emocionales diferentes.
Una respuesta más empática puede ser: “Entiendo que extrañes mucho a esa persona. Gracias por contármelo”.
No es necesario conocer toda la historia para escuchar con respeto.
Error 5. Interpretar los cambios de comportamiento como mala conducta
El duelo puede influir en la forma en que un estudiante se relaciona, presta atención o responde ante determinadas situaciones.
Un niño puede mostrarse irritable, retraído, distraído o menos participativo. En algunos casos, también puede reaccionar con frustración ante tareas que antes realizaba sin dificultad.
Si el docente interpreta automáticamente estas conductas como flojera, desobediencia o falta de interés, corre el riesgo de responder con castigos o reproches sin comprender el contexto.
Esto no significa que cualquier conducta deba atribuirse al duelo ni que deban desaparecer las normas del aula. Significa que es importante observar antes de juzgar.
Preguntar qué está ocurriendo, identificar cambios respecto al comportamiento habitual y conversar con la familia puede ayudar a distinguir entre una dificultad emocional y otras situaciones que también requieren atención.
Error 6. No coordinarse con la familia ni con los profesionales de apoyo
El acompañamiento del duelo infantil no debería depender exclusivamente de una sola persona.
La familia puede conocer preocupaciones, cambios en las rutinas o reacciones que no son visibles en el salón. A su vez, el docente puede observar dificultades de concentración, aislamiento o situaciones que aparecen durante la convivencia escolar.
Compartir observaciones concretas permite construir una visión más completa de las necesidades del niño.
Cuando el malestar es persistente, afecta significativamente su vida cotidiana o existen señales de riesgo, también puede ser necesario recurrir a profesionales de salud mental infantil.
La comunicación debe realizarse con discreción, respetando la privacidad del estudiante y siguiendo los protocolos de protección de la escuela.
Si el niño expresa deseos de hacerse daño o de no querer vivir, estas manifestaciones deben tomarse en serio y atenderse de inmediato mediante los procedimientos de protección y emergencia correspondientes.
¿Cómo crear un aula que acompañe el duelo infantil?
Una escuela sensible al duelo no necesita tener todas las respuestas. Necesita contar con adultos dispuestos a escuchar, observar y actuar con respeto.
Para favorecer un entorno seguro, los docentes pueden permitir que el estudiante hable de su pérdida cuando lo desee, evitar obligarlo a compartir experiencias personales frente al grupo y ofrecer alternativas cuando una actividad despierte emociones difíciles.
También es útil preparar al grupo para responder con respeto cuando un compañero atraviesa una pérdida, sin divulgar información privada ni convertir su experiencia en un tema de conversación pública.
Las actividades de dibujo, escritura o expresión creativa pueden ofrecer oportunidades para comunicar emociones, siempre que sean voluntarias y adecuadas para la edad.
Por encima de todo, conviene recordar que el duelo no sigue una secuencia idéntica para todos. Algunos niños necesitan hablar; otros prefieren jugar, dibujar o permanecer en silencio durante un tiempo.
El acompañamiento debe adaptarse a sus necesidades, no a las expectativas de los adultos.
Recomendaciones para docentes que acompañan a un niño en duelo
Si un estudiante está atravesando una pérdida, estas acciones pueden ayudar a evitar errores frecuentes:
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Reconoce la pérdida sin imponer una conversación. Hazle saber que puede hablar contigo cuando esté preparado.
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Valida sus emociones. No le pidas que deje de llorar ni que se comporte como si nada hubiera sucedido.
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Respeta sus tiempos. Evita establecer plazos para que vuelva a sentirse bien.
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Mantén rutinas con flexibilidad. La estructura puede dar seguridad, pero las necesidades emocionales también deben considerarse.
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Observa antes de corregir. Un cambio de comportamiento merece atención antes de recibir una etiqueta.
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Escucha sin intentar resolverlo todo. No necesitas encontrar una explicación perfecta para ofrecer apoyo.
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Colabora con la familia y los profesionales. El acompañamiento coordinado permite responder mejor a las necesidades del estudiante.
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Cuida la privacidad. No compartas detalles de su pérdida con otros alumnos o familias sin la debida autorización.
La sensibilidad ante el duelo infantil no consiste en evitar que el niño sienta tristeza. Consiste en que no tenga que atravesarla sintiéndose solo, juzgado o presionado para recuperarse rápidamente.
Preguntas frecuentes sobre el duelo infantil en el aula
H3: ¿Qué no debe decir un docente a un niño que perdió a un ser querido?
Conviene evitar frases como “tienes que ser fuerte”, “ya no llores” o “debes superarlo”. Pueden transmitir que sus emociones son inadecuadas. Es preferible reconocer su tristeza y ofrecer escucha sin presionarlo.
¿Se debe hablar de la muerte en el salón de clases?
No es necesario abordar cada pérdida frente a todo el grupo. Sin embargo, tampoco conviene fingir que no ocurrió. El docente puede ofrecer una conversación privada y, cuando sea apropiado, acordar con la familia y la escuela cómo informar o acompañar al grupo respetando la privacidad del estudiante.
¿Cuánto tiempo necesita un niño para superar un duelo?
No existe un plazo universal. La experiencia depende de su edad, del vínculo con la persona fallecida, de las circunstancias de la pérdida y de los apoyos disponibles. Es más útil observar sus necesidades y evolución que exigirle recuperarse en una fecha determinada.
¿Cómo saber si un cambio de conducta está relacionado con el duelo?
No puede determinarse únicamente por una conducta aislada. Conviene observar si el cambio es nuevo, cuánto dura, en qué situaciones aparece y si existen otras dificultades. La comunicación con la familia y, cuando corresponda, la orientación profesional ayudan a comprender mejor lo que ocurre.
¿Cuándo debe buscarse ayuda profesional para un niño en duelo?
Cuando el sufrimiento persiste o afecta significativamente el aprendizaje, las relaciones, el sueño u otras actividades cotidianas, puede ser recomendable consultar a un profesional de salud mental infantil. Las expresiones de autolesión o deseos de morir requieren atención inmediata.
Nuestros servicios
En Columbario Ciprés comprendemos que la muerte de un ser querido afecta a cada integrante de la familia de una manera diferente. Las niñas y los niños también necesitan comprensión y espacios seguros para expresar sus emociones mientras se adaptan a la ausencia.
Ofrecemos alternativas para honrar la memoria de quienes han partido, como nichos para cenizas, criptas para cenizas, nichos para urnas y Servicios funerarios en Cuernavaca.
Acompañar una despedida también significa reconocer que el duelo continúa después de la ceremonia y que cada persona necesita su propio tiempo para encontrar una nueva manera de vivir con el recuerdo.