Cuando el dolor llega dos veces: cómo transformar la pérdida de un hijo y una pareja en un legado de amor

Karen Bejar & Luz María Aguilar

July 15, 2026

Entrevista de la Tanatóloga Karen Bejar a Luz María Aguilar

Perder a un ser querido es una de las experiencias más difíciles que puede vivir una persona. Sin embargo, hay historias que desafían toda lógica emocional por la magnitud del dolor que enfrentan. La historia de Luz María es una de ellas. Primero tuvo que despedir a su hijo Eduardo, víctima de un acto de violencia. Tiempo después, también perdió a Enrique, su compañero de vida, su apoyo incondicional y el hombre con quien compartió más de una década de amor.

Lejos de ser una historia sobre la tragedia, este testimonio nos muestra cómo es posible encontrar sentido, esperanza y propósito incluso después de atravesar algunas de las pérdidas más devastadoras que existen. A través del amor, la fe, la terapia y las redes de apoyo, Luz María nos enseña que el duelo no se supera; se transforma.

El impacto de perder a un hijo: una herida que cambia para siempre

La muerte de un hijo rompe el orden natural de la vida. Ningún padre o madre espera despedir a quien vio nacer, crecer y soñar. Cuando Eduardo falleció a los 27 años, la vida de Luz María cambió de forma radical.

Ella describe ese momento como un antes y un después. No solamente enfrentó la ausencia física de su hijo, sino también el impacto emocional de haber sido quien lo encontró sin vida. Esa imagen, como ocurre en muchos procesos de duelo traumático, permanece grabada en la memoria y se convierte en parte del trabajo emocional que debe realizarse con el tiempo.

Sin embargo, en medio del dolor tomó una decisión poderosa: honrar la vida de su hijo en lugar de quedarse atrapada únicamente en su ausencia.

Las promesas que ayudan a seguir adelante

Durante la despedida de Eduardo, Luz María hizo una promesa que se convirtió en una guía para su proceso de duelo.

Le prometió cuidar de su hija, una pequeña que entonces tenía apenas cinco años. También prometió continuar viviendo, seguir adelante y honrar la vida de quien había amado profundamente.

Muchas personas encuentran en este tipo de compromisos una fuente de fortaleza. No se trata de negar el dolor ni de aparentar que todo está bien. Se trata de encontrar una razón para levantarse cada día cuando la tristeza parece demasiado pesada.

El amor sigue existiendo, pero encuentra nuevas formas de manifestarse.

Cuando la red de apoyo se convierte en un salvavidas emocional

Uno de los aspectos más importantes en la historia de Luz María es el papel que desempeñó su familia.

Su hija asumió responsabilidades difíciles durante los trámites posteriores al fallecimiento de Eduardo. Se encargó de procesos legales, gestiones administrativas y decisiones que habrían resultado abrumadoras para una madre inmersa en el dolor.

Las redes de apoyo cumplen una función fundamental durante el duelo. Amigos, familiares, terapeutas y grupos de acompañamiento pueden convertirse en ese sostén que permite atravesar los momentos más oscuros.

Muchas personas intentan enfrentar el duelo en soledad. Sin embargo, compartir el dolor suele ser uno de los caminos más saludables para evitar que el sufrimiento termine afectando profundamente la salud emocional y física.

Las señales, los recuerdos y el vínculo que permanece

A lo largo de su proceso, Luz María relata experiencias que para ella representaron una forma de sentir la presencia de su hijo.

Una planta que se movió inesperadamente durante una madrugada especialmente difícil, la aparición frecuente de colibríes o ciertos recuerdos que llegan en momentos precisos se convirtieron en símbolos de conexión emocional.

Más allá de las creencias personales de cada individuo, estas experiencias suelen tener un valor terapéutico importante. Ayudan a muchas personas a mantener un vínculo significativo con quienes han partido.

El duelo no consiste en olvidar. Consiste en aprender a relacionarnos de una forma distinta con quienes ya no están físicamente presentes.

Perder también a la pareja: un segundo golpe al corazón

Cuando aún estaba transitando la ausencia de su hijo, Luz María enfrentó una nueva pérdida: Enrique, su compañero de vida.

La relación que compartían estaba basada en el amor, la complicidad y el apoyo mutuo. Durante el duelo por Eduardo, Enrique fue uno de sus principales pilares emocionales.

Por eso, cuando él falleció de manera inesperada, el impacto fue profundo.

Perder a una pareja significa despedirse de una rutina compartida, de proyectos en común, de conversaciones cotidianas y de esa persona que siempre estaba ahí para sostenernos en los momentos difíciles.

Cada duelo es diferente. Luz María explica que incluso llegó a preguntarse cuál de sus dos dolores estaba llorando en determinados momentos. Fue entonces cuando comprendió que ambos merecían su espacio y su tiempo.

La importancia de vivir el duelo sin reprimir las emociones

Uno de los mensajes más valiosos que comparte Luz María es la necesidad de permitirse sentir.

Durante años, muchas personas han escuchado frases como:

  • “Ya no llores.”

  • “Tienes que ser fuerte.”

  • “Debes seguir adelante.”

Aunque suelen decirse con buena intención, estas expresiones pueden generar presión y hacer que el dolor se reprima.

Llorar, extrañar, sentir enojo, tristeza o confusión son respuestas naturales ante una pérdida significativa.

Negar las emociones no las elimina. Simplemente las desplaza y muchas veces terminan manifestándose de otras maneras.

Por eso es tan importante encontrar espacios seguros donde expresar el dolor y procesarlo adecuadamente.

Terapia, acompañamiento y fe: herramientas para reconstruirse

Desde pocos días después de la muerte de su hijo, Luz María inició un proceso de acompañamiento tanatológico.

La terapia le permitió comprender que el duelo no es un problema que debe resolverse rápidamente, sino un proceso que necesita tiempo, atención y cuidado.

Además, encontró apoyo en su espiritualidad y en las personas que permanecieron a su lado durante los momentos más difíciles.

Cada persona encuentra recursos distintos para sanar:

  • Terapia psicológica.

  • Acompañamiento tanatológico.

  • Espiritualidad o fe.

  • Grupos de apoyo.

  • Redes familiares.

  • Actividades de homenaje y recuerdo.

Lo importante es no atravesar el proceso completamente en soledad.

Honrar la vida en lugar de quedarse únicamente con la pérdida

Uno de los aprendizajes más profundos que deja este testimonio es la importancia de recordar cómo vivieron las personas que amamos.

Eduardo dejó una hija que hoy representa parte de su legado.

Enrique dejó recuerdos, enseñanzas y años de amor compartido.

Cuando una persona fallece, es natural enfocarse en la ausencia. Sin embargo, con el tiempo, el proceso de duelo invita a mirar también todo aquello que sí existió: los momentos compartidos, las enseñanzas, las risas, los aprendizajes y el amor que permanece.

Honrar la vida significa permitir que esos recuerdos sigan teniendo un lugar importante en nuestro corazón.

Nuestros servicios

En Columbario Ciprés entendemos que cada historia de vida merece ser recordada con respeto, dignidad y amor. Acompañamos a las familias durante los momentos más difíciles, brindando espacios de reflexión, homenaje y recuerdo para quienes han partido.

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