Extracto de la entrevista de la Tanatóloga Karen Bejar a Marisela Nava
Cuando una persona está atravesando una enfermedad, una pérdida o un duelo, quienes la rodean suelen querer ayudar. Sin embargo, no siempre sabemos qué decir. En nuestro intento por motivarla podemos recurrir a frases que hemos escuchado toda la vida, como “échale ganas”, “ya no llores” o “tienes que salir adelante”.
Aunque generalmente se dicen con buena intención, estas expresiones pueden provocar el efecto contrario.
Para alguien que está haciendo todo lo que puede para afrontar su dolor, escuchar “échale ganas” puede sentirse como una exigencia, como si no estuviera esforzándose lo suficiente o como si tuviera la capacidad de decidir cuándo dejar de sentirse triste.
El duelo no se resuelve con voluntad.
A veces, la persona ya está poniendo todas las fuerzas que tiene para levantarse cada día.
¿Por qué “échale ganas” puede ser una frase dolorosa?
La expresión “échale ganas” parece positiva porque pretende transmitir ánimo. El problema es que puede simplificar una experiencia emocional compleja.
Una persona que atraviesa un duelo puede estar enfrentando tristeza, enojo, culpa, miedo, confusión, cansancio y una profunda sensación de ausencia.
Decirle simplemente que le eche ganas puede hacerle sentir que esas emociones deberían desaparecer por decisión propia.
Pero el dolor no funciona de esa manera.
No siempre podemos decidir cuándo dejar de llorar o cuándo sentirnos mejor.
Transcripción
La peor frase que puedes decirle a alguien en duelo: “Échale ganas”
“Yo creo que la peor palabra, la peor, escúchenlo bien, esto no lo digan, la peor frase que uno puede decirle a una persona que está enferma o que está en duelo es decirle: ‘Échale ganas’. ‘Échale ganas’ es algo muy feo, muy vacío. Yo sé que a veces no sabemos qué decir, que a veces no tenemos las herramientas para ser asertivos y decir la palabra correcta, pero esta frase, ‘échale ganas’, a veces la persona no puede echarle ganas o le está echando todas las ganas que puede. Y es muy frustrante y molesta mucho cuando alguien viene que no está sintiendo. Entonces, cuando alguien viene externo y le dice: ‘Ya échale ganas, ya no llores, échale ganas’, eso de verdad yo se los digo: no digan esta palabra, porque enoja mucho, enoja muchísimo y lastima mucho a la persona que está tratando de hacer todo lo humanamente posible por salir adelante.”
Tanatóloga: Karen Bejar
Invitada: Marisela Nava
La persona en duelo quizá ya está “echándole todas las ganas”
Una de las reflexiones más importantes del testimonio es esta: quizá la persona ya está haciendo todo lo que puede.
Levantarse de la cama puede requerir un esfuerzo enorme.
Preparar comida puede requerir esfuerzo.
Ir a trabajar mientras se está de duelo puede requerir esfuerzo.
Contestar un mensaje puede requerir esfuerzo.
Incluso levantarse cada mañana y aceptar que la persona que amamos ya no está puede representar una enorme batalla emocional.
Por eso, desde afuera podemos pensar que alguien “debería esforzarse más”, cuando en realidad desconocemos cuánto esfuerzo está realizando internamente.
“Ya no llores” tampoco ayuda a vivir el duelo
La frase “ya no llores” suele aparecer junto con “échale ganas”.
Sin embargo, llorar puede ser una expresión natural del dolor.
No necesitamos apresurar a una persona para que deje de llorar solamente porque nos resulta difícil verla sufrir.
Las lágrimas pueden expresar tristeza, amor, nostalgia, impotencia y muchas otras emociones.
En lugar de decir:
“Ya no llores.”
podemos comunicar:
“Si necesitas llorar, estoy aquí contigo.”
La segunda frase no intenta controlar la emoción. La acompaña.
El problema de querer que el otro deje de sentirse mal
Cuando queremos mucho a una persona, su sufrimiento también nos afecta.
Verla llorar puede resultar incómodo o doloroso. Por eso podemos intentar hacer algo para que deje de sentirse mal.
Pero existe una diferencia entre acompañar el dolor y tratar de eliminarlo.
El duelo necesita ser vivido.
Nuestra función como familiares o amigos no necesariamente consiste en hacer que la persona deje de llorar, sino en ayudarla a sentirse acompañada mientras atraviesa lo que está sintiendo.
¿Qué puede sentir alguien cuando escucha “échale ganas”?
Dependiendo de la persona y del momento, esta frase puede generar frustración, enojo, tristeza o sensación de incomprensión.
Puede pensar:
“¿Acaso creen que no lo estoy intentando?”
“¿Qué más quieren que haga?”
“Estoy haciendo todo lo que puedo.”
“Si pudiera sentirme mejor, ya lo habría hecho.”
El problema no está necesariamente en la intención de quien pronuncia la frase. Muchas veces existe cariño detrás de ella.
El problema está en que puede transmitir un mensaje equivocado: que superar el dolor depende simplemente de tener suficiente voluntad.
No necesitamos tener las palabras perfectas para acompañar
Una preocupación frecuente es: “¿Qué le digo a alguien que está en duelo?”
La respuesta puede ser mucho más sencilla de lo que pensamos.
No necesitamos dar un discurso.
No necesitamos explicar por qué sucedió la pérdida.
No necesitamos encontrar una frase que haga desaparecer el sufrimiento.
Podemos decir:
“Estoy aquí.”
“No sé exactamente qué decir, pero quiero acompañarte.”
“Te escucho.”
“Puedes hablar conmigo.”
“Si necesitas llorar, está bien.”
“¿Qué necesitas de mí en este momento?”
Estas expresiones permiten acompañar sin intentar controlar el proceso.
A veces es mejor escuchar que dar consejos
Cuando una persona nos cuenta que está sufriendo, nuestra primera reacción puede ser ofrecer soluciones.
“Haz esto.”
“Sal a distraerte.”
“Piensa positivo.”
“Tienes que ser fuerte.”
“Échale ganas.”
Pero quizá la persona no pidió una solución.
Quizá solamente necesitaba ser escuchada.
Escuchar implica permitir que la persona exprese su experiencia sin convertir inmediatamente la conversación en una serie de recomendaciones.
Acompañar desde la empatía
La empatía consiste en intentar comprender lo que la otra persona está viviendo sin imponer nuestra propia experiencia.
No podemos saber exactamente cómo se siente alguien después de perder a su madre, a su padre, a un hijo, a una hermana o a su pareja.
Podemos imaginarlo, pero no vivirlo por ella.
Por eso, una respuesta empática puede ser mucho más sencilla:
“No puedo imaginar completamente lo que estás sintiendo, pero quiero estar contigo.”
Esta frase reconoce los límites de nuestra comprensión y, al mismo tiempo, ofrece compañía.
¿Qué decir en lugar de “échale ganas”?
No existe una frase universal para todos los procesos de duelo, pero podemos utilizar expresiones que no presionen a la persona.
Algunas alternativas son:
“Estoy aquí para escucharte.”
“No tienes que pasar por esto sola.”
“Tómate el tiempo que necesites.”
“Si quieres hablar de él o ella, te escucho.”
“¿Hay algo que pueda hacer por ti hoy?”
“No tienes que aparentar que estás bien conmigo.”
“Te acompaño en este momento.”
Son palabras sencillas, pero tienen algo importante: no exigen que la persona deje de sentir.
La enfermedad también requiere un acompañamiento cuidadoso
La misma reflexión puede aplicarse a una persona que está enferma.
Decirle “échale ganas” puede hacerle sentir que su recuperación depende exclusivamente de su actitud.
Pero una enfermedad puede implicar dolor físico, tratamientos, incertidumbre, cansancio y miedo.
La persona puede estar haciendo todo lo que está en sus posibilidades.
En estos casos, acompañar puede significar ayudar con actividades concretas, escuchar, respetar sus momentos de descanso y permitirle expresar sus temores.
Ser fuerte no significa no llorar
Existe una idea cultural muy arraigada de que una persona fuerte debe controlar sus emociones.
Pero llorar no significa ser débil.
Pedir ayuda no significa ser débil.
Decir “hoy no puedo” no significa ser débil.
Reconocer que estamos sufriendo tampoco significa que no queramos continuar.
La fortaleza puede consistir precisamente en permitirnos reconocer lo que sentimos y buscar el apoyo que necesitamos.
El duelo no tiene un botón para apagarse
No existe un momento exacto en el que una persona pueda decidir:
“Ya terminé de estar triste.”
El duelo cambia con el tiempo, pero no necesariamente desaparece de manera lineal.
Puede haber días mejores y días difíciles.
Una persona puede sentirse bien por algunas horas y después llorar al escuchar una canción o recordar algo.
Eso no significa necesariamente que esté retrocediendo.
Significa que está viviendo un proceso emocional.
Recomendaciones para acompañar a alguien en duelo
Si alguien cercano está atravesando una pérdida, antes de decirle “échale ganas”, detente un momento.
Pregúntate si realmente necesita motivación o simplemente compañía.
Escucha antes de aconsejar.
No tengas miedo de guardar silencio.
Permite que llore.
Pregúntale qué necesita.
Evita comparar su duelo con el de otras personas.
Y, sobre todo, no intentes establecer un plazo para que deje de sentirse triste.
El mejor acompañamiento no siempre consiste en decir algo.
A veces consiste simplemente en estar.
Preguntas frecuentes sobre qué decirle a una persona en duelo
¿Por qué no es recomendable decir “échale ganas” a una persona en duelo?
Porque puede hacer que la persona sienta que no está haciendo suficiente para superar su dolor. En realidad, puede estar realizando un enorme esfuerzo emocional para afrontar cada día.
¿Qué puedo decir en lugar de “échale ganas”?
Puedes decir “estoy aquí contigo”, “si quieres hablar te escucho” o “¿qué necesitas de mí?”. Son expresiones que ofrecen compañía sin presionar a la persona para que deje de sentir.
¿Está mal decirle a alguien “ya no llores”?
Puede ser contraproducente porque transmite la idea de que llorar es algo que debe detenerse. Es preferible permitir que la persona exprese sus emociones y acompañarla sin juzgar.
¿Cómo puedo ayudar a una persona que está atravesando un duelo?
Puedes escucharla, acompañarla, ayudar con tareas concretas, mantener el contacto y respetar su proceso. No necesitas solucionar su dolor para ser una persona importante en su recuperación.
¿Cuándo es recomendable buscar ayuda profesional durante el duelo?
Cuando la persona siente que no puede afrontar la situación, el sufrimiento interfiere significativamente con su vida cotidiana o necesita un espacio especializado para trabajar sus emociones, buscar acompañamiento profesional puede ser una buena decisión.
Nuestros servicios
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También ponemos a disposición criptas para cenizas, así como nichos para urnas para quienes buscan un espacio de resguardo digno y seguro.
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Cuando no sabemos qué decirle a alguien que está sufriendo, no necesitamos llenar el silencio con frases hechas.
Podemos escuchar.
Podemos abrazar.
Podemos permanecer cerca.
Y podemos decir algo mucho más valioso que “échale ganas”:
“No tienes que pasar por esto solo. Estoy aquí contigo.”
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