¿Qué hacer con el tiempo después de la muerte de un ser querido? 30.5

Karen Bejar & Marisela Nava ·

Extracto de la entrevista de la Tanatóloga Karen Bejar a Marisela Nava

Cuando amamos profundamente a una persona, una de las formas más importantes de demostrarle ese amor es compartir nuestro tiempo con ella.

El tiempo puede convertirse en llamadas, visitas, comidas, cafés, conversaciones, acompañamiento y pequeños momentos que terminan formando parte de nuestra rutina. Sin darnos cuenta, organizamos una parte importante de nuestra vida alrededor de alguien.

Por eso, cuando esa persona muere, no solamente enfrentamos su ausencia. También aparece una pregunta que puede resultar desconcertante:

“¿Y ahora qué voy a hacer con todo este tiempo?”

El duelo también implica reorganizar la vida cotidiana. Hay horas que antes estaban ocupadas por una persona y que, después de su muerte, quedan vacías. Aprender nuevamente cómo utilizar ese tiempo puede convertirse en una de las tareas más difíciles del proceso de duelo.

El tiempo es una de las mayores formas de amor

Cuando queremos a alguien, estar presente es una manera de decirle que nos importa.

A veces pensamos en el amor únicamente como palabras, regalos o grandes demostraciones. Sin embargo, dedicar tiempo puede ser una de las expresiones más profundas de afecto.

Es estar disponible.

Es hacer espacio en la agenda.

Es ir a visitarla.

Es sentarse a tomar un café.

Es escuchar la misma historia otra vez.

Es hablar por teléfono durante horas.

Es acompañar incluso cuando aparentemente no está ocurriendo nada extraordinario.

Cuando existe un vínculo muy cercano, estas actividades pueden convertirse en parte natural de nuestra vida.

Transcripción

Nadie te prepara para las horas que sobran cuando alguien ya no está

“Sabes, la mejor inversión que hacemos para un ser querido, cuando lo amas mucho y estás dispuesto a estar ahí con él, es el tiempo. Es la inversión más grande que tenemos. El tiempo. Entonces tú inviertes todo este tiempo y, cuando la persona parte, te quedas y dices: ‘¿Y ahora qué voy a hacer con todo este tiempo?’. Este tiempo que yo invertía, que yo estaba, ahora ¿qué voy a hacer? Tengo que empezar a planear qué voy a hacer con ese tiempo. Entonces eso es lo que nos cuesta: volver a elaborar cómo invertir eso que yo ya invertía. Yo salía a trabajar, me iba a su casa, estaba todo el tiempo con ella tomando el cafecito, platicando, hasta dos, tres horas. Llegaba a casa y ella me hablaba por teléfono. ‘¿Cómo llegas? ’Y yo otra vez, otras dos, tres horas hablando por teléfono. Entonces, de repente, ya no lo tienes y dices: ‘¿Y ahora qué voy a hacer con ese tiempo?’”

Tanatóloga: Karen Bejar
Invitada: Marisela Nava

Cuando una persona muere, también cambia nuestra rutina

Una pérdida puede modificar mucho más que el estado emocional de una persona.

También transforma sus horarios.

Antes existía una rutina que tenía sentido porque incluía a alguien más: pasar por su casa, llevarle algo, llamarle después del trabajo, acompañarla a una cita o simplemente sentarse a conversar.

Cuando esa persona ya no está, esas actividades desaparecen.

Y entonces aparecen espacios vacíos en el día.

Puede ser una tarde que antes estaba ocupada por una visita. Una noche que estaba destinada a una llamada. Un fin de semana que se compartía con esa persona.

De pronto, ese tiempo queda disponible, pero emocionalmente no sabemos qué hacer con él.

El vacío del tiempo también forma parte del duelo

Cuando hablamos de duelo solemos pensar en tristeza, llanto, nostalgia o recuerdos.

Pero existe otra dimensión menos visible: la reorganización del tiempo.

La persona fallecida podía ocupar una parte importante de nuestra agenda y de nuestra atención. Cuando desaparece esa presencia, el reloj continúa avanzando, pero nuestra vida cotidiana ya no funciona de la misma manera.

Por eso algunas personas pueden sentirse especialmente incómodas durante determinados momentos del día.

No necesariamente porque estén haciendo algo incorrecto, sino porque esos horarios estaban asociados con el ser querido.

El silencio de una tarde puede recordar una conversación que ya no ocurrirá.

Una taza de café puede traer a la memoria a quien solía compartirla.

El teléfono puede convertirse en un recordatorio doloroso de las llamadas que ya no llegarán.

“¿Y ahora qué voy a hacer?” es una pregunta válida

Después de una pérdida, algunas personas pueden sentirse culpables por comenzar a ocupar su tiempo en otras actividades.

Pueden pensar:

“¿No debería estar pensando en ella?”

“¿Está mal que vuelva a disfrutar?”

“¿Qué hago con todo este tiempo que antes era para ella?”

Estas preguntas forman parte de una adaptación emocional que puede tomar tiempo.

No existe una obligación de llenar inmediatamente todos los espacios vacíos.

Tampoco es necesario sustituir a la persona fallecida.

Lo que sí puede ser necesario es aprender progresivamente a construir una nueva rutina.

No se trata de reemplazar a la persona, sino de reorganizar la vida

Una de las dificultades más importantes del duelo es comprender que recuperar una rutina no significa olvidar.

Volver al trabajo no significa querer menos.

Salir con amigos no significa dejar atrás a quien murió.

Tener nuevos proyectos no borra los recuerdos.

Incluso comenzar a disfrutar nuevamente puede generar culpa en algunas personas, especialmente cuando la pérdida es reciente.

Sin embargo, la vida continúa teniendo necesidades, responsabilidades, relaciones y posibilidades.

El objetivo no es encontrar a alguien que ocupe el lugar de quien murió.

El objetivo es encontrar nuevas formas de habitar el tiempo que quedó.

¿Cómo empezar a reorganizar el tiempo después de una pérdida?

No es necesario tener inmediatamente un gran proyecto de vida.

A veces es mejor comenzar con cosas pequeñas.

Reconocer los horarios que quedaron vacíos

Identificar los momentos del día que estaban asociados con la persona fallecida puede ayudar a comprender por qué determinadas horas resultan especialmente difíciles.

Tal vez sea la hora del café, la salida del trabajo, las noches o los fines de semana.

Reconocerlo permite prepararse emocionalmente para esos momentos.

Crear nuevas rutinas poco a poco

No es necesario llenar cada minuto de actividad.

Una nueva rutina puede comenzar con algo sencillo: caminar, leer, cocinar, hacer ejercicio, visitar a un amigo o dedicar tiempo a una actividad que había quedado pendiente.

La finalidad no es escapar del duelo, sino recuperar progresivamente cierta estructura cotidiana.

Conservar algunos rituales significativos

No todo tiene que cambiar.

Quizá continuar tomando café a determinada hora pueda convertirse en un momento para recordar a esa persona.

Tal vez escuchar una canción, visitar un lugar o preparar una comida que compartían pueda ayudar a mantener una conexión emocional con su historia.

Los recuerdos pueden encontrar un lugar dentro de la nueva rutina.

El tiempo que compartiste con esa persona no fue tiempo perdido

Cuando alguien muere, puede aparecer una sensación extraña al mirar hacia atrás.

“Todo ese tiempo que pasaba con ella ya no existe.”

Pero sí existió.

Las conversaciones ocurrieron.

Los cafés ocurrieron.

Las llamadas ocurrieron.

Las visitas ocurrieron.

Los momentos cotidianos también forman parte de la historia de una relación.

La muerte no elimina lo que se vivió.

Por eso, una manera de comenzar a elaborar el duelo puede ser cambiar la pregunta de:

“¿Qué hago ahora con todo este tiempo?”

a:

“¿Qué puedo construir con el tiempo que ahora tengo, llevando conmigo todo lo que aprendí y viví con esa persona?”

El duelo también consiste en aprender una nueva forma de vivir

El proceso de duelo no solamente implica aceptar que alguien murió.

También significa descubrir cómo será nuestra vida a partir de esa ausencia.

Al principio puede parecer imposible imaginar una rutina diferente.

Después, poco a poco, pueden aparecer nuevas actividades, nuevos vínculos y nuevas formas de ocupar el tiempo.

Esto no significa que el amor desaparezca.

Significa que nuestra relación con la ausencia cambia.

La persona ya no está físicamente para tomar ese café o contestar esa llamada, pero lo compartido puede seguir formando parte de nuestra identidad y de nuestra historia.

¿Qué hacer cuando tienes demasiado tiempo después de una pérdida?

No existe una actividad que funcione para todas las personas. Sin embargo, puede ser útil explorar diferentes posibilidades sin exigirse que todas resulten agradables inmediatamente.

Algunas opciones pueden ser:

  • Recuperar actividades que se habían dejado de lado.

  • Caminar o realizar alguna actividad física.

  • Pasar tiempo con familiares y amigos.

  • Aprender algo nuevo.

  • Retomar proyectos personales.

  • Escribir recuerdos o experiencias relacionadas con la persona fallecida.

  • Crear pequeños rituales para recordar.

  • Participar en actividades que tengan un significado personal.

Lo importante es que estas actividades no se conviertan en una obligación para “dejar de sentir”.

No hay que llenar el tiempo para escapar del duelo.

Hay que comenzar a habitar nuevamente la propia vida.

Recomendaciones para afrontar los espacios vacíos después de una pérdida

Si acabas de perder a una persona con quien compartías gran parte de tu tiempo, no te apresures a llenar todos los espacios vacíos.

Permítete reconocerlos.

Pregúntate qué momentos son más difíciles y qué necesitas en ellos.

También puedes permitirte recordar.

Hablar de esa persona.

Mirar fotografías.

Contar historias.

Tomar el café que compartían.

Y, cuando estés preparado, comenzar a incorporar nuevas actividades.

No tienes que elegir entre recordar a quien murió y continuar con tu vida.

Puedes hacer ambas cosas.

Puedes llevar su recuerdo contigo mientras aprendes a construir una vida diferente.

Preguntas frecuentes sobre el tiempo y la rutina después de una pérdida

  1. ¿Por qué siento un vacío tan grande en mi rutina después de que murió mi ser querido?

    Porque probablemente esa persona ocupaba un lugar importante en tus actividades cotidianas. Su ausencia no solamente afecta tus emociones, también modifica horarios, hábitos y espacios que estaban asociados con ella.

  2. ¿Está mal que empiece a ocupar mi tiempo en otras actividades?

    No. Retomar actividades y construir nuevas rutinas no significa olvidar a la persona fallecida. Es parte de adaptarte a una realidad diferente.

  3. ¿Cómo puedo llenar el tiempo que antes compartía con mi ser querido?

    Puedes comenzar poco a poco con actividades sencillas que tengan sentido para ti. No necesitas llenar inmediatamente todo el tiempo disponible. La nueva rutina puede construirse gradualmente.

  4. ¿Debo dejar de hacer las cosas que hacía con la persona que murió?

    No necesariamente. Algunas actividades pueden ser demasiado dolorosas al principio, mientras que otras pueden convertirse en formas significativas de recordar. Tú puedes decidir qué conservar y qué modificar.

  5. ¿Es normal sentir culpa por disfrutar nuevamente de mi tiempo?

    Sí, puede ocurrir. Algunas personas sienten que disfrutar, salir o retomar proyectos significa dejar atrás a quien murió. Sin embargo, continuar viviendo no disminuye el amor que sentiste por esa persona.

Nuestros servicios

En Columbario Ciprés sabemos que el vínculo con una persona querida no desaparece con su muerte. Encontrar un espacio digno para conservar sus cenizas puede convertirse en parte de la manera en que una familia mantiene viva su memoria.

Contamos con opciones de nichos para cenizas, diseñados para brindar un lugar permanente donde las familias puedan visitar y honrar a sus seres queridos.

También ponemos a disposición criptas para cenizas, así como nichos para urnas para quienes buscan un espacio de resguardo digno y seguro.

Si necesitas orientación sobre alternativas funerarias y el resguardo de las cenizas, también puedes conocer nuestros servicios como funeraria en Cuernavaca.

El tiempo que compartimos con alguien que amamos no desaparece cuando esa persona muere. Se convierte en parte de nuestra historia.

Y quizá una de las tareas más importantes del duelo sea aprender, poco a poco, qué hacer con el tiempo que quedó, sin olvidar todo lo que ese tiempo significó.

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