“La última vez que lo vi”: cuando un abrazo se convierte en una despedida 32.3

Karen Bejar & Marlen Loman ·

Extracto de la entrevista de la Tanatóloga Karen Bejar a Marlen Loman

Hay despedidas que sabemos que están ocurriendo, aunque nadie diga la palabra “adiós”.

A veces basta con observar el deterioro de una persona querida para comprender que algo está llegando a su final. No necesariamente porque tengamos certeza sobre cuándo ocurrirá la muerte, sino porque nuestro corazón comienza a reconocer una realidad que todavía resulta difícil nombrar.

Un abrazo puede entonces adquirir otro significado.

Un “te quiero” puede quedarse guardado en la memoria.

Y un sencillo “nos vemos, hermana” puede convertirse, después de la muerte, en las últimas palabras que compartimos.

Eso ocurrió durante un encuentro familiar en el que nadie necesitó pronunciar una despedida definitiva. Ella abrazó a su hermano, le dijo que lo quería y, en algún lugar dentro de sí, supo que probablemente sería la última vez que lo vería.

Y lo fue.

Cuando sabes que probablemente será la última vez

La última vez que vemos a una persona no siempre parece especial mientras está sucediendo.

Puede ser una comida familiar, una visita, una llamada, un abrazo antes de subirnos al automóvil.

En ocasiones, sin embargo, las condiciones nos hacen percibir algo diferente.

El deterioro físico de un ser querido puede hacer evidente que la vida está llegando a una etapa distinta.

Eso fue lo que ocurrió durante aquella visita a la granja del tío Pepe. Estaban los niños, la familia y un momento que aparentemente podía formar parte de cualquier otro encuentro.

Pero para ella había algo diferente.

Al abrazar a su hermano, pensó: “Se acabó”.

No necesitó dramatizar la escena. No necesitó decir que aquella era la última vez.

Simplemente lo abrazó, le dijo que lo quería y recibió de él un “nos vemos, hermana”.

Después, cada uno tomó su automóvil.

Ella sabía que ese abrazo podía ser el último.

Y posteriormente confirmó que así había sido.

Transcripción

Ese día supe que era una despedida

"La última vez que lo vi fue en julio. Fuimos a la granja del tío Pepe, llevamos a nuestros peques, y cuando lo abracé, yo dije: “Se acabó”, porque ya estaba muy deteriorado, mucho, muy deteriorado. Y fue cuando dije: “Esto se acabó, ya se terminó”. Entonces creo que me hice a la idea. Traté de no dramatizar demasiado, ni decir “ya”, porque no. Simplemente lo abracé. Me acuerdo que estaba muy, muy delgadito. Le dije: “Te quiero”. Él me dijo: “Nos vemos, hermana”. Y cada quien se subió a su carro. Y yo sabía que era la última vez. Y fue la última vez."

Tanatóloga: Karen Bejar
Invitada: Marlen Loman

El duelo anticipado: cuando la despedida comienza antes de la muerte

Cuando una persona atraviesa un deterioro importante, quienes la rodean pueden comenzar a experimentar emociones relacionadas con la pérdida incluso antes de que ocurra la muerte.

A esto se le suele llamar duelo anticipado.

No significa que la persona esté “aceptando” la muerte de manera definitiva ni que haya dejado de tener esperanza.

Puede significar simplemente que comienza a reconocer los cambios que están ocurriendo.

El cuerpo se transforma.

La energía disminuye.

Las actividades compartidas pueden reducirse.

La relación cotidiana puede cambiar.

Y, poco a poco, aparece la conciencia de que la vida como se conocía está llegando a otro momento.

Este proceso puede generar tristeza, miedo, impotencia y también momentos de profunda conexión.

“Esto se acabó”: reconocer lo que está sucediendo sin dejar de vivir

Una de las frases más fuertes del relato es: “Esto se acabó, ya se terminó”.

No necesariamente representa una renuncia.

Puede representar el reconocimiento de una realidad.

Hay momentos en los que una persona percibe que ya no está frente al mismo escenario de antes y que necesita comenzar a prepararse emocionalmente para una posible despedida.

Pero reconocer la cercanía de la muerte no significa que tengamos que dejar de disfrutar el presente.

En aquella visita estaban juntos, acompañados por sus familias y sus hijos.

La vida seguía ocurriendo en ese momento.

Por eso no fue necesario convertir el encuentro en una escena solemne.

Hubo un abrazo.

Hubo un “te quiero”.

Hubo un “nos vemos, hermana”.

Y hubo una despedida que, aunque no fue pronunciada como tal, terminó siendo profundamente significativa.

¿Qué significa saber que puede ser la última vez?

Cuando intuimos que una persona puede estar cerca de morir, es posible experimentar emociones contradictorias.

Una parte de nosotros puede querer hablar sobre la muerte.

Otra puede querer evitar el tema.

Podemos sentir miedo de decir demasiado.

Podemos pensar que mencionar la despedida hará que todo se vuelva más real.

También puede aparecer el deseo de aprovechar cada minuto.

No existe una única forma correcta de reaccionar.

Algunas personas necesitan hablar abiertamente sobre lo que está ocurriendo. Otras prefieren centrarse en compartir un momento normal y afectuoso.

Lo importante es que la forma de acompañar sea respetuosa con las necesidades de la persona enferma y de quienes la rodean.

El valor de decir “te quiero” cuando todavía hay tiempo

En ocasiones pensamos que necesitamos tener una conversación perfecta antes de una muerte.

Queremos decir todo.

Agradecer todo.

Pedir perdón.

Recordar cada momento.

Pero a veces una frase sencilla contiene una enorme cantidad de significado.

“Te quiero”.

En el relato, esas fueron las palabras que ella eligió.

No sabemos qué ocurrió dentro de cada uno después de escucharlas. Tampoco necesitamos imaginarlo.

Lo que sí sabemos es que esas palabras quedaron como parte de su último encuentro.

Decirle a alguien que lo queremos mientras todavía podemos hacerlo puede ser una de las formas más sencillas de cuidar nuestros vínculos.

No porque debamos vivir constantemente pensando en la muerte, sino porque no siempre sabemos cuándo una conversación cotidiana será la última.

“Nos vemos, hermana”: las palabras que permanecen después de una pérdida

Las últimas palabras de una persona pueden adquirir una fuerza extraordinaria después de su muerte.

Una frase que antes parecía cotidiana puede convertirse en un recuerdo recurrente.

“Nos vemos, hermana”.

Después de la muerte, esa expresión puede sentirse diferente.

Puede provocar tristeza, pero también puede convertirse en una forma de recordar la cercanía que existía entre ambos.

Durante el duelo podemos regresar mentalmente a ese momento muchas veces.

Podemos recordar dónde estábamos, qué ropa llevaba la persona, quiénes estaban presentes o cómo fue aquel abrazo.

La memoria puede conservar detalles que en ese momento parecían insignificantes.

Es parte de la manera en que intentamos integrar la pérdida a nuestra historia.

Cuando la última imagen de alguien es su deterioro

Otro aspecto importante del relato es la descripción del deterioro físico.

Después de una pérdida, puede ocurrir que la última imagen que tenemos de una persona esté asociada con su enfermedad, fragilidad o sufrimiento.

Eso puede resultar doloroso.

Por eso, con el paso del tiempo, puede ser importante recordar que esa imagen es solamente una parte de la historia de la persona.

El hermano que estaba muy deteriorado no era únicamente ese cuerpo frágil.

Era también el hermano, el familiar, el padre, el amigo, el niño que alguna vez fue, la persona con quien se compartieron experiencias y recuerdos.

La enfermedad y el deterioro pertenecen a una etapa de su vida, pero no definen toda su existencia.

No dramatizar la despedida también puede ser una forma de amor

Existe una idea de que, cuando sabemos que alguien puede morir, debemos tener una gran conversación de despedida.

Pero no todas las personas quieren o pueden hacerlo.

A veces el amor se expresa de una manera mucho más sencilla.

Sentarse juntos.

Compartir una comida.

Llevar a los niños.

Abrazarse.

Decir “te quiero”.

Hablar de cualquier cosa.

No convertir cada encuentro en una despedida puede permitir que la persona siga sintiéndose ella misma, y no únicamente alguien que está muriendo.

En este caso, la invitada decidió no dramatizar.

Lo abrazó.

Le dijo que lo quería.

Y ese momento terminó teniendo un significado que probablemente nunca imaginó que tendría.

¿Cómo afrontar el recuerdo de la última vez que viste a alguien?

Después de una muerte podemos sentir que ese último encuentro adquiere un peso enorme.

A veces puede convertirse en un recuerdo muy doloroso.

Otras veces puede convertirse en una especie de tesoro emocional.

Ambas experiencias son válidas.

Si el recuerdo provoca sufrimiento, puede ayudar hablar de él con alguien de confianza o con un profesional especializado en duelo.

También puede ser útil recuperar otros recuerdos de la persona.

Mirar fotografías de diferentes etapas.

Contar historias familiares.

Recordar sus gustos, su manera de hablar, sus ocurrencias o las experiencias que compartieron.

La última vez que viste a alguien forma parte de su historia, pero no es toda su historia.

La importancia de aprovechar los encuentros mientras estamos juntos

La muerte puede recordarnos algo que fácilmente olvidamos: no controlamos completamente cuánto tiempo tendremos con las personas que queremos.

Esto no significa vivir con miedo a perderlas.

Significa prestar atención a los vínculos mientras están presentes.

Decir “te quiero” cuando lo sentimos.

Buscar a alguien con quien queremos hablar.

Agradecer.

Pedir perdón cuando corresponde.

Abrazar.

Compartir tiempo.

Y también respetar nuestros propios límites cuando una relación es complicada o necesita distancia.

Aprovechar la vida no significa resolver todas nuestras relaciones antes de morir.

Significa intentar vivir de acuerdo con aquello que consideramos importante mientras tenemos la oportunidad.

Recomendaciones para afrontar una despedida que sabías que podía ser la última

Si viviste una experiencia similar y sabías que probablemente sería la última vez que verías a una persona, es normal que ese recuerdo tenga un peso especial.

Puedes permitirte recordar tanto lo que ocurrió como lo que sentiste.

No necesitas decidir inmediatamente si aquella despedida fue suficiente.

Con el tiempo, puede adquirir nuevos significados.

También puede ser útil:

  • Hablar sobre la persona y recordar su vida completa.

  • Escribir lo que significó aquel último encuentro.

  • Conservar fotografías u objetos que tengan un significado especial.

  • Expresar las emociones que quedaron después de la muerte.

  • Compartir recuerdos con otros familiares.

  • Buscar acompañamiento tanatológico o psicológico si el recuerdo resulta demasiado doloroso.

Y, sobre todo, recordar que una despedida no se mide por la cantidad de palabras que se dijeron.

A veces un abrazo puede contener mucho más de lo que somos capaces de explicar.

Preguntas frecuentes sobre la última vez que viste a un ser querido

¿Es normal saber que una persona se está despidiendo antes de morir?

Puede ocurrir que, ante un deterioro importante, una persona perciba que la muerte está cerca. Esta percepción puede generar una preparación emocional anticipada, aunque no significa que podamos saber exactamente cuándo ocurrirá la muerte.

¿Qué es el duelo anticipado?

Es el conjunto de emociones y procesos que pueden aparecer cuando una persona y su familia comienzan a enfrentar una pérdida que se percibe como cercana. Puede incluir tristeza, miedo, impotencia, preocupación y también momentos de conexión.

¿Por qué recuerdo tanto la última vez que vi a mi familiar?

El último encuentro puede adquirir un significado especial después de una muerte. La mente puede volver repetidamente a ese momento como parte del proceso de integrar la pérdida y reconstruir la historia de la relación.

¿Qué hago si la última imagen que tengo de mi familiar es durante su enfermedad?

Puedes intentar ampliar gradualmente esa representación recordando otras etapas de su vida. Fotografías, historias familiares, canciones, lugares y conversaciones pueden ayudarte a recuperar una imagen más completa de la persona.

¿Es necesario tener una conversación de despedida antes de la muerte?

No. Algunas personas desean hablar explícitamente de la despedida y otras prefieren compartir momentos cotidianos. No existe una única manera correcta de despedirse. Lo importante es respetar las necesidades y deseos de las personas involucradas.

Nuestros servicios

En Columbario Ciprés entendemos que la despedida de un ser querido es también un proceso de memoria, vínculo y significado.

Contamos con espacios destinados a conservar las cenizas de quienes han fallecido, incluyendo nichos para cenizas, criptas para cenizas y nichos para urnas, así como servicios de funerarias en Cuernavaca.

Un lugar digno para conservar las cenizas puede formar parte de la manera en que una familia mantiene presente la memoria de una persona y encuentra un espacio para recordarla.

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