Extracto de la entrevista de la Tanatóloga Karen Bejar a Marlen Loman
Hay personas que, incluso cuando saben que algo no está bien, intentan transmitir tranquilidad a quienes aman.
Durante una enfermedad grave, esta actitud puede adquirir un significado especial. La persona enferma puede sentir miedo, cansancio o incertidumbre y, al mismo tiempo, decirle a su familia: “Voy a estar bien”.
No necesariamente porque ignore lo que está sucediendo.
A veces puede ser una manera de sostenerse a sí misma.
Otras veces puede ser una forma de proteger a los demás.
En esta historia, el hermano de Marlen parecía vivir su enfermedad de una manera muy reservada. Cuando ella le preguntaba cómo estaba, él respondía que estaba cansado, pero que iba a estar bien.
Había una razón especialmente importante para él: Fausto, su hijo.
Ser padre parecía darle una razón para mantener la esperanza y continuar diciéndose a sí mismo y a su familia que todo estaría bien.
Cuando una persona enferma intenta mostrar que todo estará bien
No todas las personas viven una enfermedad grave de la misma manera.
Algunas hablan constantemente de lo que sienten.
Otras prefieren guardar silencio.
Hay quienes necesitan información detallada sobre su diagnóstico y quienes solamente quieren saber lo indispensable.
También existen personas que, aun sintiéndose muy mal, intentan transmitir tranquilidad a quienes las rodean.
En este caso, el hermano parecía estar muy encerrado en su propia experiencia.
Cuando su hermana hablaba con él, no le explicaba demasiado.
Decía algo sencillo:
“Estoy cansado, pero voy a estar bien”.
Detrás de esa frase podía existir una realidad emocional mucho más compleja.
Transcripción
Sabía que algo estaba mal… pero nunca dejó de decir “voy a estar bien”
"¿Y cómo lo vivió él? Él siempre estuvo como muy encerrado en su experiencia. Yo me acuerdo que le hablaba y me decía: “Solo estoy cansado, pero voy a estar bien”. Fausto era todo para él, su hijo. O sea, él era el papá más feliz y más orgulloso. Entonces siempre decía: “Voy a estar bien por Fausto”. Yo sé que él sabía qué pasaba, pero cuando yo hablaba con él, él me decía: “No, yo voy a estar bien, pero estoy muy cansado, no sé qué tengo”. Dice: “Hermana, ya no puedo, pero voy a estar bien”. O sea, como que yo sé que él sabía que algo no estaba bien, pero trataba siempre de darnos el otro lado de “voy a estar bien”."
Tanatóloga: Karen Bejar
Invitada: Marlen Loman
“Voy a estar bien”: una frase que puede contener muchas emociones
Cuando una persona dice “voy a estar bien”, no siempre podemos saber exactamente qué está pensando.
Puede significar esperanza.
Puede ser una manera de tranquilizar a los demás.
Puede ser una forma de mantenerse firme.
También puede ser simplemente una expresión de incertidumbre: una persona que no sabe qué ocurrirá, pero quiere creer que encontrará una salida.
Por eso es importante no interpretar retrospectivamente las palabras de una persona como si pudiéramos conocer con certeza lo que pensaba.
En este relato, la hermana percibe que él sabía que algo no estaba bien.
Pero también reconoce que él intentaba mostrarles otro lado.
El lado de la esperanza.
El lado de “voy a estar bien”.
Cuando un hijo se convierte en una razón para seguir adelante
Fausto ocupaba un lugar central en la vida de su padre.
La manera en que la familia recuerda la relación entre ambos es especialmente significativa: él era un padre feliz y orgulloso.
Por eso, cuando decía “voy a estar bien por Fausto”, su hijo parecía representar una fuente de motivación.
Los hijos pueden ocupar un lugar emocional muy importante cuando un padre atraviesa una enfermedad.
Pueden convertirse en una razón para continuar con los tratamientos, mantener rutinas, imaginar el futuro o simplemente levantarse cada día.
Sin embargo, es importante no convertir esta idea en una obligación.
Una persona enferma no tiene que ser fuerte permanentemente por sus hijos.
También tiene derecho a sentir miedo, cansancio, tristeza o incertidumbre.
“Hermana, ya no puedo”: cuando el cansancio empieza a hablar
Hay una frase dentro del relato que muestra un cambio importante:
“Hermana, ya no puedo, pero voy a estar bien”.
Por un lado aparece el reconocimiento del agotamiento.
Por otro, permanece la necesidad de transmitir esperanza.
Esta combinación puede ser difícil de comprender para la familia.
¿Cómo puede alguien decir que ya no puede y, al mismo tiempo, insistir en que estará bien?
Porque las emociones no siempre son coherentes.
Podemos estar agotados y tener esperanza.
Podemos tener miedo y querer tranquilizar a alguien.
Podemos saber que una situación es difícil y, aun así, desear profundamente que tenga un buen desenlace.
Una enfermedad grave puede estar llena de estas contradicciones.
El silencio alrededor de una enfermedad también puede ser una forma de afrontarla
Algunas personas necesitan hablar de su enfermedad para procesarla.
Otras prefieren hablar de cualquier otra cosa.
No existe una única forma de afrontar un diagnóstico.
Una persona puede necesitar momentos de privacidad para procesar lo que está viviendo antes de compartirlo con los demás.
Por eso, acompañar no siempre significa preguntar constantemente:
“¿Qué tienes?”
“¿Qué estás pensando?”
“¿Tienes miedo?”
A veces acompañar puede significar estar disponible y dejar claro:
“Cuando quieras hablar, aquí estoy”.
La escucha respetuosa permite que la persona decida cuánto quiere compartir.
¿Qué pasa con la familia cuando la persona enferma dice “voy a estar bien”?
Para quienes acompañan, escuchar constantemente “voy a estar bien” puede generar una sensación de tranquilidad.
Pero también puede producir confusión cuando el estado de salud continúa deteriorándose.
Después de la muerte, esas mismas palabras pueden adquirir un significado diferente.
La familia puede preguntarse:
“¿Él sabía lo que estaba pasando?”
“¿Por qué nunca nos dijo?”
“¿Realmente pensaba que iba a estar bien?”
Estas preguntas pueden formar parte del duelo.
Pero no siempre tendrán una respuesta definitiva.
La persona fallecida ya no puede explicar qué pensaba en aquel momento y, por eso, es importante evitar convertir las interpretaciones en certezas.
El duelo por lo que no se habló
Cuando una persona muere y la familia siente que quedaron conversaciones pendientes, puede aparecer una sensación de vacío.
Tal vez nunca se habló del miedo.
Nunca se preguntó qué necesitaba.
Nunca se habló de la posibilidad de morir.
O quizá simplemente no hubo tiempo.
Ese silencio puede pesar después de la muerte.
Sin embargo, una relación no queda definida únicamente por las conversaciones que no ocurrieron.
También está formada por todo aquello que sí se compartió.
En este caso, estaba el vínculo entre dos hermanos y, especialmente, el amor de un padre por su hijo.
Ese vínculo también forma parte de la historia que permanece.
Cuando la esperanza se convierte en un recuerdo
Después de la muerte, una frase como “voy a estar bien” puede sentirse de una manera diferente.
Puede doler.
Puede generar preguntas.
Pero también puede convertirse en una parte importante del recuerdo.
Tal vez la familia decida conservar esa frase no como una promesa que no se cumplió, sino como una expresión de la esperanza que él quiso transmitir mientras estuvo enfermo.
La memoria puede resignificar las palabras con el paso del tiempo.
Lo que inicialmente produce dolor puede convertirse posteriormente en una forma de recordar cómo era esa persona y qué era importante para ella.
Cómo acompañar a una persona con una enfermedad grave
Cuando alguien cercano atraviesa una enfermedad, no siempre sabemos qué decir.
Podemos tener miedo de mencionar la muerte.
Podemos sentir que cualquier conversación será incómoda.
Sin embargo, acompañar no requiere tener las palabras perfectas.
Puede ser suficiente:
Escuchar sin interrumpir.
Preguntar qué necesita la persona.
Respetar si no quiere hablar.
Evitar decirle constantemente que “tiene que ser fuerte”.
Permitir que exprese miedo, tristeza o cansancio.
Ayudar con necesidades prácticas cuando sea posible.
Respetar sus decisiones y su autonomía.
Buscar apoyo profesional cuando sea necesario.
Y, sobre todo, recordar que acompañar no significa obligar a una persona a mantener una actitud positiva todo el tiempo.
Los hijos también viven la enfermedad de sus padres
Cuando un padre atraviesa una enfermedad grave, el impacto también puede alcanzar profundamente a sus hijos.
En el caso de Fausto, su padre encontraba en él una razón para seguir diciendo que estaría bien.
Después de una pérdida, ese hijo puede necesitar elaborar no solamente la ausencia de su padre, sino también todos los recuerdos relacionados con la enfermedad.
Los niños y adolescentes necesitan explicaciones adecuadas para su edad, espacios para expresar emociones y adultos disponibles que puedan acompañarlos.
No es necesario esconderles toda emoción para protegerlos.
La manera en que cada familia aborda la pérdida debe adaptarse a la edad, personalidad y necesidades del menor.
Recomendaciones para afrontar las palabras que quedaron después de una pérdida
Si después de la muerte de un ser querido continúas escuchando en tu memoria frases como “voy a estar bien”, puedes permitirte recordar tanto las palabras como el contexto en el que fueron dichas.
No necesitas encontrar una explicación definitiva.
Puedes reconocer que quizá esa persona tenía miedo, esperanza, cansancio o simplemente necesitaba creer que las cosas mejorarían.
También puedes preguntarte qué significado tiene hoy esa frase para ti.
Tal vez representa su fortaleza.
Tal vez su amor por su hijo.
Tal vez el deseo de tranquilizar a su familia.
O quizá todavía no sabes qué significa.
También está bien.
El duelo no siempre ofrece respuestas inmediatas.
Preguntas frecuentes sobre acompañar a un familiar durante una enfermedad
¿Por qué una persona enferma puede decir que está bien aunque se sienta mal?
Puede hacerlo por diferentes razones: esperanza, deseo de tranquilizar a la familia, dificultad para hablar de sus emociones, necesidad de mantener cierta normalidad o simplemente porque no sabe exactamente qué está ocurriendo.
¿Es bueno decirle constantemente a una persona enferma que todo estará bien?
Puede ser más útil escucharla y preguntarle qué necesita que asegurarle que todo saldrá bien. Una frase de ánimo puede ser reconfortante, pero no debería impedir que la persona exprese miedo, tristeza o incertidumbre.
¿Cómo puedo hablar con un familiar sobre su enfermedad?
Puedes comenzar desde la disponibilidad: “Si quieres hablar de esto, estoy aquí para escucharte”. Después, respeta su ritmo. No todas las personas necesitan hablar de la misma manera ni con la misma frecuencia.
¿Es normal pensar después de su muerte que debí haber hablado más con él?
Sí. Durante el duelo pueden aparecer pensamientos sobre conversaciones pendientes. Es importante reconocerlos sin convertirlos automáticamente en culpa. La relación completa es mucho más amplia que aquello que no se alcanzó a decir.
¿Cómo puede afectar a un hijo la enfermedad y muerte de su padre?
Cada niño procesa la pérdida de manera diferente. Puede experimentar tristeza, enojo, miedo, confusión o cambios en su comportamiento. El acompañamiento de adultos de confianza y, cuando sea necesario, de profesionales especializados puede ayudarle a procesar la pérdida.
Nuestros servicios
En Columbario Ciprés sabemos que cada familia vive la enfermedad, la despedida y el duelo de una manera diferente.
Nuestro propósito es ofrecer espacios dignos para conservar las cenizas de quienes han fallecido y mantener un lugar significativo para su memoria.
Contamos con nichos para cenizas, criptas para cenizas y nichos para urnas, además de servicios de funerarias en Cuernavaca.
Porque detrás de cada urna existe una historia: una familia, relaciones, recuerdos, palabras y momentos que forman parte de la vida de una persona.
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