Extracto de la entrevista de la Tanatóloga Karen Bejar a Marlene Sánchez
La muerte de un hijo puede ser una de las experiencias más dolorosas que puede atravesar una familia. Cuando además ocurre por suicidio, el duelo puede adquirir características particularmente complejas: aparecen preguntas, culpa, confusión, enojo, recuerdos difíciles y, en algunos casos, una experiencia traumática asociada a las circunstancias de la muerte.
Para una madre o un padre, recibir la noticia de que su hijo murió ya representa un impacto enorme. Pero cuando además estuvo presente durante la emergencia, intentó ayudar y posteriormente tuvo que enfrentar una intervención de las autoridades, el dolor puede mezclarse con miedo, desconcierto y una sensación de injusticia.
Este tipo de duelo necesita ser escuchado sin juicios.
No se trata solamente de entender que una persona murió. También hay que procesar lo que ocurrió, lo que se vivió y todo aquello que vino después.
Cuando una pérdida ocurre de manera traumática
No todas las muertes se viven de la misma manera.
Una pérdida repentina puede dejar a la familia sin tiempo para prepararse emocionalmente. Cuando además la persona presencia o encuentra a su ser querido durante una emergencia, puede quedar expuesta a imágenes y recuerdos difíciles de procesar.
En el caso de un suicidio, pueden aparecer preguntas como:
“¿Por qué ocurrió?”
“¿Pude haberlo evitado?”
“¿Qué no vi?”
“¿Por qué no me di cuenta?”
Estas preguntas pueden repetirse durante mucho tiempo.
Sin embargo, es importante recordar que una persona en duelo no necesita cargar automáticamente con la responsabilidad de una decisión que no estaba bajo su control.
Transcripción
La noche más oscura de mi vida: perdí a mi hija y me llevaron detenida
“Se me ocurrió llamar al 911 en un evento con mi hija, muy desagradable y triste, donde ella decide quitarse la vida en la sala de mi casa y yo llamé a las autoridades para que me apoyaran. Tardaron en llegar. Lo que yo hice fue darle los primeros auxilios, le sentí pulso y, llegando las autoridades, me dicen: ‘Alteré la escena del crimen’, y me consignaron esa noche. Me acusaron de homicidio culposo, lo cual se me hizo muy injusto, pero yo lo que quería era salir de mi casa. No podía ver más esa escena. Me dejé llevar, me subieron a la patrulla y esa noche me quedé encerrado, en lo que hacían las averiguaciones con vecinos, con familiares y ellos armaban la escena nuevamente. Fue una noche muy triste, como dicen, la noche más oscura de mi alma.”
Tanatóloga: Karen Bejar
Invitada: Marlene Sánchez
Cuando intentas salvar a tu hijo y después tienes que enfrentar una investigación
Ante una emergencia, la reacción de una persona puede ser intentar ayudar.
En este testimonio, el padre explica que llamó a los servicios de emergencia y que, mientras esperaba la llegada de las autoridades, intentó proporcionar primeros auxilios.
Después ocurrió algo completamente diferente: tuvo que enfrentarse a un procedimiento de investigación y pasar la noche bajo custodia.
Para alguien que acaba de experimentar una pérdida de esta magnitud, la situación puede resultar abrumadora.
En cuestión de horas, puede pasar de estar intentando ayudar a su hija a encontrarse separado de su familia, dentro de un procedimiento que no esperaba y tratando de comprender qué estaba sucediendo.
Ese contraste puede aumentar todavía más el impacto emocional de la experiencia.
El duelo por suicidio puede estar acompañado de muchas preguntas
Cuando una persona muere por suicidio, quienes permanecen pueden buscar constantemente una explicación.
La mente intenta reconstruir los acontecimientos.
Busca señales.
Recuerda conversaciones.
Revisa comportamientos.
Piensa en lo que ocurrió durante los últimos días o semanas.
Y puede aparecer una pregunta especialmente dolorosa:
“¿Qué pude haber hecho diferente?”
Esta pregunta es frecuente en el duelo por suicidio, pero tenerla no significa que exista una respuesta sencilla.
Una persona puede haber amado profundamente a su hijo y haber hecho todo lo que consideraba posible con la información que tenía en ese momento.
No podemos conocer todas las circunstancias internas que atraviesa otra persona.
La culpa después del suicidio
La culpa puede convertirse en uno de los sentimientos más difíciles de manejar después de un suicidio.
Un padre puede pensar que debió darse cuenta.
Una madre puede recordar una conversación y preguntarse si había alguna señal.
Los familiares pueden pensar que tendrían que haber llamado, visitado o preguntado algo diferente.
Estos pensamientos pueden ser muy dolorosos porque intentan encontrar control dentro de una situación que quizá era imposible controlar completamente.
Por eso, durante el duelo es importante diferenciar entre lo que realmente estaba bajo nuestra responsabilidad y aquello que nuestra mente intenta reconstruir después de la pérdida.
La culpa puede necesitar ser escuchada y trabajada, no simplemente eliminada con una frase como “no fue tu culpa”.
Cuando el lugar de la muerte también se convierte en un recuerdo doloroso
La casa puede ser uno de los espacios donde más se siente una pérdida.
Es el lugar donde ocurrieron momentos cotidianos, conversaciones, comidas y recuerdos familiares.
Pero cuando una muerte ocurre dentro del hogar, ese mismo espacio puede adquirir temporalmente un significado diferente.
Una habitación puede provocar angustia.
Un objeto puede activar un recuerdo.
Una zona de la casa puede hacer que la persona vuelva mentalmente a ese momento.
Esto puede ser especialmente difícil cuando la muerte fue repentina o traumática.
Con el tiempo, algunas personas pueden volver a construir una relación diferente con esos espacios. Pero no es necesario exigir que ocurra inmediatamente.
La “noche más oscura del alma”
La expresión utilizada en el testimonio —“la noche más oscura de mi alma”— permite dimensionar la intensidad emocional de lo vivido.
No se trata solamente de tristeza.
Puede existir una mezcla de dolor, shock, miedo, incredulidad, enojo, culpa y desesperación.
Además, el proceso posterior puede hacer que la persona sienta que no tuvo oportunidad de comenzar a despedirse emocionalmente de su hija porque inmediatamente tuvo que responder ante otras circunstancias.
El duelo necesita tiempo para procesar cada una de esas capas.
Primero puede aparecer la incredulidad.
Después pueden surgir preguntas.
Luego enojo.
Culpa.
Tristeza.
Nostalgia.
Y distintas emociones pueden aparecer una y otra vez.
No existe una secuencia obligatoria.
El duelo no tiene que reducirse a la forma en que murió una persona
Cuando alguien muere por suicidio, existe el riesgo de que la circunstancia de la muerte termine ocupando todos los recuerdos.
La familia puede recordar constantemente los últimos momentos.
Pero una persona era mucho más que la manera en que murió.
También fue hija.
Hermana.
Amiga.
Compañera.
Parte de una familia.
Tuvo gustos, sueños, conversaciones, momentos divertidos y experiencias que no tienen relación con su muerte.
Con el tiempo, puede ser importante recuperar también esas otras dimensiones de su historia.
Recordar su vida completa puede ayudar a que la muerte no sea el único recuerdo que permanezca.
Hablar de la pérdida sin juzgar
El duelo por suicidio puede estar acompañado de un silencio particular.
Algunas familias sienten miedo de hablar de lo ocurrido porque temen el juicio de otras personas.
Otras pueden sentirse avergonzadas.
También puede existir temor a que alguien pregunte:
“¿Por qué lo hizo?”
“¿Cómo no se dieron cuenta?”
“¿Qué hicieron como familia?”
Preguntas de este tipo pueden aumentar el sufrimiento cuando se formulan desde el juicio.
La persona en duelo necesita un espacio donde pueda hablar de lo ocurrido sin tener que defenderse constantemente.
Escuchar no significa tener todas las respuestas.
Significa permitir que la persona cuente su experiencia y pueda expresar aquello que todavía no consigue ordenar emocionalmente.
No hay que buscar culpables para poder comenzar a sanar
Después de una muerte traumática, es natural intentar encontrar explicaciones.
Pero convertir el duelo en una búsqueda permanente de culpables puede mantener a la persona atrapada en el pasado.
El proceso tanatológico puede ayudar a explorar preguntas más profundas:
¿Qué estoy sintiendo?
¿Qué me duele?
¿Qué necesito elaborar?
¿Qué recuerdos me están afectando?
¿Qué culpa estoy cargando?
¿Qué necesito perdonarme?
¿Qué significa ahora esta pérdida para mí?
Estas preguntas pueden abrir un camino diferente: uno centrado no únicamente en explicar la muerte, sino en acompañar a quien permanece.
¿Cómo acompañar a una familia que perdió a alguien por suicidio?
Lo primero es evitar los juicios.
No es recomendable preguntar de manera insistente por los detalles de la muerte ni buscar explicaciones simplistas.
En cambio, podemos ofrecer presencia.
“Estoy aquí.”
“No tienes que explicarme todo.”
“Si quieres hablar, te escucho.”
“Si hoy no quieres hablar, también puedo acompañarte.”
También es importante mantenerse cerca después de los primeros días. Cuando termina el funeral y las personas regresan a sus actividades, la familia continúa enfrentando la ausencia.
Una llamada, una visita o simplemente preguntar cómo se encuentra puede marcar una diferencia.
La importancia del acompañamiento profesional en un duelo traumático
Cuando una pérdida ocurre de manera repentina y traumática, puede ser necesario contar con un espacio especializado.
La tanatología puede acompañar el proceso de duelo y ayudar a poner palabras a experiencias que resultan difíciles de organizar.
En algunos casos también puede ser recomendable apoyo psicológico o psiquiátrico, especialmente cuando existen síntomas intensos de ansiedad, depresión, estrés postraumático o pensamientos relacionados con hacerse daño.
Buscar ayuda profesional no significa que la persona sea débil.
Significa reconocer que hay experiencias que no tenemos por qué atravesar completamente solos.
Si alguien que está viviendo este tipo de duelo presenta pensamientos de suicidio o siente que podría hacerse daño, es importante buscar ayuda inmediata de servicios de emergencia o una línea de crisis de su localidad y procurar que permanezca acompañado.
Recomendaciones para afrontar un duelo por suicidio
Después de una pérdida de este tipo, puede ser útil avanzar sin exigirse respuestas inmediatas.
Permítete sentir diferentes emociones, incluso cuando parezcan contradictorias.
Habla con personas de confianza.
Busca acompañamiento profesional si lo necesitas.
Evita aislarte completamente.
No te obligues a encontrar una explicación para todo lo ocurrido.
Y, sobre todo, intenta recordar que la historia de tu ser querido fue mucho más amplia que las circunstancias de su muerte.
Habrá momentos en los que el recuerdo de lo ocurrido sea muy intenso y otros en los que puedas recuperar recuerdos diferentes.
El proceso puede ser doloroso, pero no tienes que atravesarlo en silencio.
Preguntas frecuentes sobre el duelo por suicidio
¿Por qué el duelo por suicidio puede sentirse tan diferente?
Porque además de la pérdida pueden aparecer preguntas, culpa, enojo, confusión y recuerdos relacionados con las circunstancias de la muerte. Cada duelo es individual y no existe una única manera de vivirlo.
¿Es normal sentir culpa después del suicidio de un familiar?
La culpa puede aparecer con frecuencia, especialmente cuando la persona piensa que pudo haber hecho algo diferente. Sin embargo, sentir culpa no significa necesariamente que la persona sea responsable de lo ocurrido. Trabajar estos sentimientos con un profesional puede ser importante.
¿Cómo puedo dejar de pensar en lo ocurrido?
No siempre es posible dejar de pensar en ello de inmediato. Cuando una experiencia fue traumática, los recuerdos pueden aparecer de manera insistente. El acompañamiento psicológico puede ayudar a procesar esos recuerdos y disminuir su impacto.
¿Cómo puedo recordar a mi ser querido sin pensar únicamente en su muerte?
Puede ayudar recuperar fotografías, historias, conversaciones y momentos que representen su vida completa. Recordar quién era la persona más allá de las circunstancias de su muerte puede formar parte de la elaboración del duelo.
¿Cuándo debería buscar ayuda profesional?
Si el dolor resulta insoportable, si los recuerdos interfieren significativamente con la vida cotidiana, si existe aislamiento intenso, desesperanza persistente o aparecen pensamientos de hacerse daño, es importante buscar apoyo profesional. Ante un riesgo inmediato, se debe recurrir a los servicios de emergencia.
Nuestros servicios
En Columbario Ciprés comprendemos que cada familia vive la pérdida de una manera diferente. Una despedida puede estar acompañada de dolor, recuerdos, preguntas y la necesidad de encontrar un espacio digno para conservar las cenizas de una persona querida.
Nuestros servicios incluyen:
Contamos con opciones de nichos para cenizas, diseñados para brindar un lugar permanente donde las familias puedan visitar y honrar a sus seres queridos.
También ponemos a disposición criptas para cenizas, así como nichos para urnas para quienes buscan un espacio de resguardo digno y seguro.
Si necesitas orientación sobre alternativas funerarias y el resguardo de las cenizas, también puedes conocer nuestros servicios como funeraria en Cuernavaca.
Una pérdida por suicidio puede dejar heridas profundas y muchas preguntas sin respuesta. No existe una frase capaz de solucionar ese dolor.
Pero sí existe algo que puede acompañar el proceso: escuchar, comprender, respetar y permitir que el duelo tenga un espacio donde pueda ser expresado sin juicios.
La persona que murió no puede reducirse a la forma en que murió.
Y quien permanece tampoco debería quedar reducido a la tragedia que vivió.
El duelo consiste, poco a poco, en encontrar una manera de integrar esa experiencia a la propia historia y aprender a vivir con una ausencia que nunca será indiferente.
Accede al episodio completo.