“Hice todo lo que pude”: cómo afrontar la culpa después de perder a un hijo 31.8

Karen Bejar & Marlene Sánchez ·

Extracto de la entrevista de la Tanatóloga Karen Bejar a Marlene Sánchez

Después de la muerte de un hijo, una de las preguntas que puede aparecer con mayor fuerza es:

“¿Pude haber hecho algo más?”

La mente busca respuestas. Revisa conversaciones, decisiones, tratamientos, llamadas, momentos de crisis y todo aquello que ocurrió antes de la pérdida.

Para una madre o un padre que acompañó durante años a un hijo con una adicción o un problema de salud mental, esta revisión puede ser todavía más intensa. Después de haber dedicado tiempo, recursos, esfuerzo y energía emocional, puede surgir la sensación de que quizá algo faltó.

Pero existe una diferencia fundamental entre reconocer lo que se pudo hacer y asumir una responsabilidad absoluta sobre aquello que estaba fuera de nuestro control.

El testimonio de Marlene Esther Sanchez Gutierrez habla precisamente de esa búsqueda. Ella recuerda los tratamientos, los profesionales, los grupos de apoyo y las conversaciones con su hija, y llega a una conclusión personal:

“Hice lo que pude con lo que tenía en ese momento.”

¿Por qué los padres sienten culpa después de la muerte de un hijo?

La culpa puede aparecer como un intento de encontrar una explicación a algo que resulta emocionalmente insoportable.

Cuando muere un hijo, especialmente después de un proceso largo y complicado, pueden surgir preguntas como:

“¿Por qué no hice más?”

“¿Por qué no busqué otro especialista?”

“¿Por qué no me di cuenta?”

“¿Debí haber estado ahí?”

“¿Qué habría pasado si hubiera tomado otra decisión?”

Estas preguntas pueden repetirse una y otra vez.

Sin embargo, mirar hacia atrás con toda la información que hoy tenemos no es lo mismo que tomar decisiones en el momento en que ocurrieron las cosas.

En aquel momento existían determinadas circunstancias, conocimientos, recursos, posibilidades y límites.

Por eso, trabajar la culpa también implica aprender a mirar a la persona que fuimos en el pasado con mayor compasión.

Transcripción

No sé si fui la mejor mamá… pero hice todo lo que estaba en mis manos

“Pues yo siento que hice todo lo que tenía en ese momento, hice todo lo que pude. La llevé a una de las mejores clínicas de la Ciudad de México, me apoyaron personas increíbles. Terminaba yo en los tratamientos, yo sí terminaba los tratamientos como codependiente, en grupos de Al-Anon, grupos de ayuda, hablando mucho con mi hija. Y pues no sé cómo calificarme como mamá, pero pues yo siento que hice lo que pude con lo que tenía en ese momento y lo volvería a hacer.”

Tanatóloga: Karen Bejar
Invitada: Marlene Sánchez

“Hice lo que pude con lo que tenía”

Esta frase puede ser especialmente importante para una persona que vive un duelo acompañado de culpa.

No dice:

“Todo salió bien”.

Tampoco dice:

“Todo estuvo bajo mi control”.

Dice algo diferente:

“Hice lo que pude con lo que tenía en ese momento.”

Esto reconoce dos realidades al mismo tiempo.

La primera: hubo una intención de ayudar y acciones concretas para hacerlo.

La segunda: existían límites.

Una madre puede buscar tratamiento, acompañar a su hija, hablar con ella, acudir a grupos de apoyo y pedir orientación profesional.

Pero ninguna de esas acciones garantiza que el resultado será el que la familia desea.

Acompañar no significa controlar.

Buscar tratamiento también fue una forma de amor

Marlene relata que llevó a su hija a una clínica y que recibió apoyo de diferentes personas.

Detrás de esas decisiones había una búsqueda: encontrar una alternativa que pudiera ayudarla.

Cuando una familia enfrenta una adicción, es frecuente que pruebe diferentes caminos.

Puede buscar especialistas, tratamientos, grupos de apoyo o instituciones.

Cada intento puede estar acompañado de esperanza.

Y cuando los resultados no son los esperados, la frustración puede ser enorme.

Sin embargo, el resultado de un tratamiento no determina automáticamente cuánto se esforzó una madre o cuánto quiso a su hija.

El amor también puede expresarse en la búsqueda constante de ayuda.

La importancia de que el cuidador también busque ayuda

Hay otro aspecto muy significativo en el testimonio:

“Yo sí terminaba los tratamientos como codependiente.”

Esto muestra que Marlene no solamente buscó ayuda para su hija.

También buscó herramientas para ella.

Cuando una familia vive durante años alrededor de una adicción, puede desarrollar dinámicas difíciles de comprender desde fuera.

El cuidador puede intentar controlar, rescatar, solucionar o evitar las consecuencias de determinadas conductas.

Por eso, el acompañamiento familiar también puede ser necesario.

Buscar ayuda para uno mismo no significa abandonar al ser querido.

Significa reconocer que la situación también está teniendo un impacto en nuestra propia vida.

Los grupos de apoyo pueden convertirse en un espacio de comprensión

Marlene menciona su participación en grupos de Al-Anon y otros grupos de ayuda.

Los grupos de apoyo pueden proporcionar un espacio donde las personas encuentran a otras que han vivido experiencias relacionadas y pueden compartir emociones, dificultades y estrategias.

Sin embargo, cada grupo tiene objetivos y características diferentes, por lo que es importante encontrar un espacio adecuado a las necesidades de cada persona.

También conviene recordar que los grupos de apoyo no sustituyen necesariamente la atención profesional cuando existe una necesidad clínica de psicología, psiquiatría o tratamiento especializado.

Pueden formar parte de una red de apoyo más amplia.

Hablar con un hijo no significa poder resolver su vida

Marlene también habla de “hablar mucho con mi hija”.

La comunicación puede ser una herramienta importante dentro de una relación familiar.

Hablar permite expresar preocupación, cariño, límites y disponibilidad para ayudar.

Pero existe una diferencia entre acompañar una conversación y controlar las decisiones de otra persona.

Un padre puede decir:

“Quiero ayudarte.”

“Estoy aquí.”

“Podemos buscar ayuda.”

“Me preocupa lo que estás viviendo.”

Pero no puede controlar completamente lo que otra persona piensa, siente o decide.

Aceptar este límite puede ser muy doloroso, especialmente para una madre que durante años hizo todo lo que estaba a su alcance para proteger a su hija.

¿Cómo saber si hice lo suficiente?

Esta es una de las preguntas más difíciles después de una pérdida.

No existe una lista universal que permita determinar cuándo un padre “hizo suficiente”.

Cada familia enfrenta circunstancias diferentes.

Cada enfermedad, adicción o problema de salud mental tiene características particulares.

Y cada persona cuenta con recursos diferentes.

Por eso, en lugar de preguntarse únicamente:

“¿Hice suficiente?”

puede ser útil explorar:

“¿Qué hice con los recursos, conocimientos y posibilidades que tenía en ese momento?”

Esta segunda pregunta permite mirar la historia con mayor contexto.

Quizá hubo cosas que hoy haríamos de otra manera.

Eso no significa necesariamente que en aquel momento no hubiéramos hecho nuestro mejor esfuerzo.

El resultado no define el esfuerzo de una madre

Una de las trampas más dolorosas de la culpa es pensar:

“Si hubiera hecho suficiente, el resultado habría sido diferente.”

Pero no siempre existe esa relación.

Una familia puede hacer esfuerzos enormes y aun así enfrentarse a una pérdida.

Esto es particularmente difícil de aceptar cuando se trata de un hijo.

El amor genera una expectativa natural de protección.

Queremos pensar que, si hacemos todo correctamente, podremos mantener a salvo a quienes amamos.

La realidad es que existen situaciones que están fuera del control de cualquier padre o madre.

Reconocer ese límite no significa dejar de amar.

“No sé cómo calificarme como mamá”

Esta frase revela otra dimensión del duelo: la necesidad de evaluarse.

Después de una pérdida, una madre puede comenzar a juzgar su propia historia.

¿Fui buena madre?

¿Estuve suficiente tiempo?

¿Debí hacer más?

¿Debí poner otros límites?

¿Debí insistir más?

Estas preguntas pueden convertirse en una especie de examen interminable.

Pero una relación entre madre e hija no puede resumirse en una calificación.

La maternidad está formada por miles de momentos, decisiones, errores, aprendizajes, conversaciones, cuidados y experiencias compartidas.

No existe una calificación capaz de representar toda esa historia.

“Y lo volvería a hacer”: el amor detrás de la decisión

La última frase del testimonio es especialmente significativa:

“Lo volvería a hacer.”

Después de todo el desgaste, los tratamientos, los grupos de apoyo y los años difíciles, Marlene expresa que volvería a acompañar a su hija.

Esta frase muestra que el esfuerzo no solamente puede medirse por el resultado.

También puede comprenderse desde el vínculo.

Hacer todo lo posible por alguien que amamos puede seguir teniendo significado aunque no podamos cambiar el desenlace.

Y después de la muerte, ese significado puede formar parte del proceso de duelo.

Trabajar la culpa no significa olvidar lo que ocurrió

Superar la culpa no significa negar errores.

Si existen decisiones que una persona lamenta, puede ser saludable revisarlas.

Pero revisar no es lo mismo que castigarse.

El objetivo puede ser comprender:

Qué ocurrió.

Qué estaba bajo mi control.

Qué no estaba bajo mi control.

Qué aprendí.

Qué necesito perdonarme.

Qué puedo hacer diferente en el presente.

El duelo puede convertirse también en un espacio de autoconocimiento.

Recomendaciones para afrontar la culpa después de una pérdida

Evita juzgarte únicamente con la información que tienes hoy. Recuerda las circunstancias y recursos que existían cuando tomaste cada decisión.

Reconoce las acciones que sí realizaste. Buscar ayuda, acompañar tratamientos, conversar y pedir apoyo también son formas de cuidado.

Distingue culpa de responsabilidad. Sentirse responsable no demuestra automáticamente que se haya tenido control sobre el resultado.

Habla con un profesional. Psicología y tanatología pueden ayudar a trabajar pensamientos repetitivos, culpa y emociones relacionadas con la pérdida.

Permite que existan recuerdos positivos. La historia de tu hijo no está formada únicamente por los momentos difíciles.

No conviertas el duelo en un juicio contra ti mismo. El objetivo no es determinar si fuiste un padre perfecto, sino comprender tu historia y aprender a vivir con la ausencia.

Preguntas frecuentes sobre culpa y duelo después de perder a un hijo

¿Es normal pensar que pude haber hecho más después de la muerte de un hijo?

Sí. Las preguntas retrospectivas son frecuentes durante el duelo. La mente intenta encontrar explicaciones y posibilidades alternativas. Sin embargo, imaginar otro resultado no demuestra que hubiera una acción capaz de cambiarlo.

¿Cómo puedo dejar de sentirme culpable por la muerte de mi hijo?

La culpa no desaparece necesariamente de inmediato. Puede ser necesario trabajarla con acompañamiento profesional, revisando qué estaba realmente bajo tu control y qué no. También puede ayudar reconocer las acciones de cuidado que sí realizaste.

¿Buscar ayuda para mí significa que abandoné a mi hijo?

No. Cuando existe una situación familiar compleja, cuidar el propio bienestar puede ser necesario para poder acompañar de una manera más saludable. Los grupos de apoyo y la atención profesional pueden formar parte de ese proceso.

¿Puedo recordar los momentos buenos sin sentir que estoy ignorando el dolor?

Sí. Recordar momentos felices no elimina la pérdida. Una persona puede llorar, extrañar y al mismo tiempo conservar recuerdos que le generan ternura o alegría.

¿La tanatología puede ayudar con la culpa después de una pérdida?

Puede ayudar a explorar las emociones asociadas al duelo, incluida la culpa, el arrepentimiento, la impotencia y los pensamientos de “qué hubiera pasado si...”. El acompañamiento se adapta a la historia particular de cada persona.

Nuestros servicios

En Columbario Ciprés comprendemos que detrás de cada despedida existe una historia familiar. Algunas pérdidas llegan después de años de cuidado, búsqueda de tratamientos, acompañamiento y esfuerzos que quizá no siempre fueron visibles para los demás.

Contamos con opciones de nichos para cenizas, diseñados para brindar un lugar permanente donde las familias puedan visitar y honrar a sus seres queridos.

También ponemos a disposición criptas para cenizas, así como nichos para urnas para quienes buscan un espacio de resguardo digno y seguro.

Si necesitas orientación sobre alternativas funerarias y el resguardo de las cenizas, también puedes conocer nuestros servicios como funeraria en Cuernavaca.

Porque después de una pérdida también puede ser necesario reconciliarse con la propia historia, reconocer lo que hicimos por quienes amamos y aprender, poco a poco, a vivir con lo que ya no podemos cambiar.

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