Extracto de la entrevista de la Tanatóloga Karen Bejar a Marlene Sánchez
Durante años, una madre puede acostumbrarse a proteger a sus hijos.
Cuando ocurre un problema, busca una solución. Cuando existe un peligro, intenta intervenir. Cuando su hija necesita ayuda, su primera reacción puede ser acercarse y tratar de salvarla.
Ese instinto no desaparece cuando la situación es extrema.
En ocasiones, incluso frente a una tragedia que parece imposible de comprender, la primera reacción de una madre puede ser la misma de siempre:
“Tengo que rescatarla.”
Pero cuando llega el momento en que los profesionales confirman que ya no es posible hacer nada, esa sensación de control puede romperse de manera devastadora.
El dolor no solamente surge por la pérdida. También puede aparecer la impotencia de descubrir que, por primera vez, no fue posible salvar a la persona que durante años se intentó proteger.
El instinto de proteger a un hijo
Para muchas madres y padres, proteger a sus hijos se convierte en una parte fundamental de su identidad.
Durante años pueden intervenir ante accidentes, problemas, enfermedades o situaciones de peligro.
Cada vez que consiguen ayudar, se refuerza la sensación de:
“Puedo hacer algo.”
“Puedo protegerla.”
“Puedo sacarla adelante.”
Cuando esa dinámica se repite durante mucho tiempo, el cuerpo puede reaccionar automáticamente ante una nueva emergencia.
No hay tiempo para analizar todo.
Primero aparece la acción.
Después llegan las emociones.
Y solamente más tarde puede comenzar a comprenderse lo que realmente ocurrió.
Transcripción
Intenté salvar a mi hija una vez más… pero no respondió
“No, no, no, fue un instinto. Como ya tenía yo 10 años rescatándola de situaciones así, evitando que llegara el torito, problemas en la calle, accidentes… siempre la rescataba. Pues se siente uno súper Batichica, ¿no? Entonces, ante esa situación, dije: ‘Pues nuevamente la voy a rescatar, ¿por qué no? La voy a bajar y le voy a dar los primeros auxilios’. Pero ya no me respondió. Entonces ya fue cuando se me ocurrió llamar a vecinos, a mi hermano que vive al lado, familiares que me ayudaran, ¿no? Llamar al servicio médico, que a lo mejor sí podía andar, pues como se ve en las películas, ¿no? Les ponen una inyección en el corazón y reviven, ¿no? Pero ya cuando los médicos, paramédicos, me dijeron: ‘Pues ya tiene el cuello roto’, o sea, no hay signos, no se puede hacer nada. Pues me caí, me caí devastada, mucho dolor y yo pedía que la revivieran.”
Tanatóloga: Karen Bejar
Invitada: Marlene Sánchez
“La voy a rescatar”: cuando el cuerpo reacciona antes que la mente
La palabra “instinto” es fundamental en este testimonio.
Durante años, esta madre había construido una respuesta ante las situaciones de riesgo de su hija: intervenir.
Por eso, ante una nueva emergencia, su reacción no fue detenerse a pensar en la posibilidad de una pérdida definitiva.
Fue intentar ayudar.
Esto puede suceder porque, ante situaciones extremas, las personas pueden responder de manera automática y centrarse primero en hacer algo para proteger a quien está en peligro.
En ese momento no necesariamente existe una comprensión completa de lo que está ocurriendo.
Existe una necesidad inmediata:
“Haz algo.”
Cuando años de rescatar ya no son suficientes
Hay un momento particularmente doloroso en el testimonio: durante años, la madre había logrado ayudar a su hija en diferentes situaciones.
Había sido quien intervenía.
Quien buscaba soluciones.
Quien acudía cuando algo ocurría.
Quien intentaba protegerla.
Y de pronto se encuentra frente a una situación en la que sus esfuerzos ya no pueden cambiar el desenlace.
Ese momento puede generar una sensación de impotencia enorme.
Porque la persona está haciendo lo que ha hecho durante años, pero esta vez el resultado es diferente.
Y aceptar esa diferencia puede ser una de las partes más difíciles del duelo.
La esperanza de que todavía sea posible salvarla
Cuando alguien enfrenta una situación de emergencia, puede aferrarse a cualquier posibilidad.
La mente busca una salida.
“Quizá todavía se pueda hacer algo.”
“Quizá los médicos puedan ayudar.”
“Quizá vuelva.”
“Quizá todavía no es definitivo.”
Esa esperanza puede aparecer incluso cuando la situación es extremadamente grave.
No necesariamente es una negación consciente de la realidad. Puede ser la manera en que una persona intenta procesar algo que resulta demasiado doloroso para comprender de inmediato.
Cuando los profesionales finalmente confirman que la persona ha muerto, la realidad puede sentirse como un golpe emocional.
El momento en que llega la confirmación de la muerte
Escuchar que ya no hay nada que hacer puede producir una ruptura emocional.
Hasta ese instante todavía existía una tarea:
salvar.
Después de la confirmación, esa tarea desaparece.
Y queda la pérdida.
La madre del testimonio describe ese momento como devastador y expresa que pedía que su hija fuera revivida.
Detrás de esa petición hay algo profundamente humano: no querer aceptar que la persona que amamos ya no puede regresar.
La mente puede tardar en integrar una realidad que emocionalmente parece imposible.
Cuando aparece la impotencia durante el duelo
La impotencia puede ser una emoción especialmente dolorosa después de una muerte.
Podemos preguntarnos:
“¿Por qué no pude hacer más?”
“¿Por qué esta vez no funcionó?”
“¿Qué habría pasado si hubiera hecho otra cosa?”
“¿Podría haberla salvado?”
Estas preguntas pueden aparecer una y otra vez.
Pero es importante distinguir entre haber intentado ayudar y tener la capacidad de controlar el resultado.
Que una persona haya querido salvar a su ser querido no significa que tuviera el poder para hacerlo.
El amor no siempre puede evitar la muerte.
Y aceptar esa realidad puede resultar extremadamente doloroso.
El duelo también implica aceptar los límites
Una de las experiencias más difíciles para quienes han cuidado o protegido durante años a un ser querido es descubrir que existen situaciones que no pueden controlar.
Podemos acompañar.
Podemos cuidar.
Podemos pedir ayuda.
Podemos estar presentes.
Podemos hacer todo lo que sabemos hacer.
Pero existen circunstancias que escapan completamente de nuestras manos.
Esto no disminuye el amor que sentimos.
Tampoco convierte nuestros esfuerzos anteriores en inútiles.
Significa reconocer una condición profundamente humana: no podemos controlar todos los acontecimientos de la vida de las personas que amamos.
¿Por qué pueden aparecer pensamientos de “si hubiera hecho algo diferente”?
Después de una pérdida traumática, es común que la mente reconstruya los acontecimientos.
Puede regresar al momento de la emergencia y preguntarse qué habría ocurrido con otra decisión.
“Si hubiera llamado antes.”
“Si hubiera hecho otra cosa.”
“Si hubiera estado en otro lugar.”
“Si hubiera reaccionado diferente.”
Este tipo de pensamientos pueden generar mucha culpa.
Sin embargo, mirar el pasado con toda la información que tenemos después de la tragedia no es lo mismo que vivir ese momento con la información disponible en ese instante.
En una emergencia, una persona actúa con lo que sabe, con lo que puede y con lo que considera que ayudará.
La diferencia entre salvar y acompañar
Durante años, esta madre pudo sentir que su papel era rescatar.
Pero después de una pérdida, el papel cambia completamente.
Ya no se trata de salvar.
Se trata de acompañar el propio dolor.
Acompañar los recuerdos.
Acompañar la ausencia.
Acompañar a otros familiares.
Y aprender, poco a poco, a vivir con una realidad que nunca se habría querido enfrentar.
Este cambio puede ser muy difícil porque implica reconstruir la identidad después de una experiencia que transformó la vida.
Recordar que la relación fue mucho más que el momento de la muerte
Cuando una muerte ocurre de forma traumática, los últimos momentos pueden ocupar demasiado espacio en la memoria.
La familia puede recordar constantemente la emergencia.
Las llamadas.
La llegada de los servicios médicos.
La confirmación de la muerte.
Pero la vida de una persona no se reduce a sus últimos momentos.
Una hija también fue parte de una familia, tuvo una historia, compartió conversaciones, momentos cotidianos, alegrías, dificultades y vínculos.
Con el tiempo, puede ser importante recuperar esos recuerdos.
No para borrar lo ocurrido.
Sino para permitir que la memoria de la persona sea mucho más amplia que la forma en que murió.
El dolor de una madre no tiene que justificarse
Ante una pérdida tan profunda, no es necesario pedirle a una madre que “sea fuerte”.
Tampoco decirle que debe aceptar rápidamente lo ocurrido.
El dolor necesita espacio.
Puede haber llanto.
Enojo.
Confusión.
Culpa.
Silencio.
Nostalgia.
Incluso momentos en los que la persona no sepa exactamente qué está sintiendo.
No existe una respuesta emocional perfecta ante una pérdida.
El duelo necesita tiempo para que todas esas emociones puedan encontrar un lugar.
Acompañar a una persona que vivió una muerte traumática
Cuando alguien ha presenciado o vivido de cerca una muerte traumática, acompañarlo requiere especial sensibilidad.
No es necesario pedir detalles constantemente.
Tampoco intentar encontrar rápidamente una explicación.
Es preferible ofrecer presencia y seguridad:
“Estoy aquí.”
“No tienes que contarme todo si no quieres.”
“Puedes hablar cuando estés preparada.”
“Lo que estás sintiendo importa.”
Y si los recuerdos, imágenes, miedo o angustia continúan afectando de manera importante la vida cotidiana, puede ser recomendable buscar apoyo psicológico especializado en trauma y duelo.
Recomendaciones para afrontar la impotencia después de una pérdida
Si has perdido a un ser querido en circunstancias traumáticas, intenta no exigirte comprenderlo todo inmediatamente.
Permítete reconocer que hiciste lo que considerabas necesario en aquel momento.
Habla de lo ocurrido cuando te sientas preparado.
Busca personas con las que puedas sentirte seguro.
Evita aislarte completamente.
No conviertas cada recuerdo en una investigación sobre aquello que pudiste haber hecho diferente.
Y si la culpa o los recuerdos traumáticos se vuelven difíciles de manejar, busca acompañamiento profesional.
No tienes que resolver solo una experiencia que cambió profundamente tu vida.
Preguntas frecuentes sobre el instinto de rescate y el duelo traumático
¿Por qué reaccioné intentando salvar a mi ser querido?
Ante una emergencia, muchas personas reaccionan de manera automática buscando proteger o ayudar. Cuando se trata de un hijo o de alguien a quien hemos cuidado durante años, ese impulso puede ser todavía más fuerte.
¿Es normal sentir que pude haber hecho algo más?
Puede ocurrir. Después de una muerte traumática, es frecuente revisar mentalmente lo sucedido y pensar en alternativas. Sin embargo, ese pensamiento no demuestra que realmente hubiera una acción capaz de cambiar el desenlace.
¿Por qué me cuesta aceptar que ya no podía hacer nada?
Porque aceptar la muerte de alguien amado puede ser emocionalmente abrumador. Cuando durante años hemos tenido el papel de protegerlo, reconocer nuestros propios límites puede ser especialmente doloroso.
¿Qué puedo hacer si sigo reviviendo el momento de la muerte?
Si los recuerdos aparecen de manera intensa, generan angustia o interfieren con el sueño y la vida cotidiana, es recomendable buscar apoyo profesional. Un especialista puede ayudar a trabajar tanto el duelo como el impacto traumático de la experiencia.
¿Cómo puedo volver a recordar a mi ser querido sin pensar solamente en su muerte?
Puede ayudar recuperar fotografías, historias, conversaciones y momentos cotidianos que formen parte de su vida. Con el tiempo, esos recuerdos pueden ayudar a ampliar la imagen de la persona más allá de sus últimos momentos.
Nuestros servicios
En Columbario Ciprés sabemos que cada familia enfrenta la pérdida de una manera diferente. Después de una muerte, encontrar un espacio digno para conservar las cenizas puede formar parte del proceso de despedida y de la manera en que una familia mantiene presente la memoria de su ser querido.
Conoce nuestros servicios:
Contamos con opciones de nichos para cenizas, diseñados para brindar un lugar permanente donde las familias puedan visitar y honrar a sus seres queridos.
También ponemos a disposición criptas para cenizas, así como nichos para urnas para quienes buscan un espacio de resguardo digno y seguro.
Si necesitas orientación sobre alternativas funerarias y el resguardo de las cenizas, también puedes conocer nuestros servicios como funeraria en Cuernavaca.
Hay pérdidas que no solamente dejan tristeza. También dejan preguntas, imágenes, recuerdos y la sensación de que habríamos querido hacer algo más.
Pero detrás de ese impulso de rescatar existe también una historia de amor: una madre que durante años quiso proteger a su hija y que, ante una emergencia, volvió a hacer lo único que sabía hacer: intentar ayudarla.
El duelo puede comenzar, poco a poco, cuando también podemos reconocer nuestros límites y comprender que haber amado profundamente a alguien no significa haber tenido el poder de evitar su muerte.
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